Diez años de trajines argentinos
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Década ganada o década perdida, según sea el cristal. Década vivida, de todos modos. Y esto es lo que vale: haberla vivido. ¿Cómo seguirá la historia?.Mario Alarcón MuñizPara unos, diez años no alcanzan y demandan un nuevo período igual. Para otros, diez años es demasiado tiempo. Lo decíamos la semana pasada: una década, aciertos, errores, algunas certezas, muchas dudas.A Perón le sobró una década para cambiar la vida nacional. Gobernó nueve años. Se podrá aprobar o no la gestión, pero a su término el país no era el mismo. A Menem le alcanzó bien una década para dejar a la Argentina desnuda y a la intemperie. Y la década que estamos cerrando también nos impone su signo, distinto del que marcaron los anteriores gobiernos del nuevo período democrático.Treinta años cumplirá esta democracia en diciembre. Veinte de ellos le han correspondido al peronismo: Menem y Kirchner, mitad y mitad. La Presidenta considera -lo dijo en el discurso del pasado 25- que su modelo merece otra década. En principio es demasiado tiempo. El sustento de la democracia, su vitalidad, se nutre de la renovación. Las experiencias universales son muy claras en este sentido. Los mandatos reiterados y prolongados en exceso concluyen fagocitándose a sus protagonistas."Transformar el país"Cabe suponer que la Presidenta estima necesarios diez años más porque el tiempo transcurrido no ha sido suficiente para "transformar el país", objetivo que se menciona con frecuencia. Le asiste razón a la Presidenta cuando solicita un plazo mayor, porque en estos diez años no se advierten transformaciones de fondo.La política sigue siendo la misma, inclusive con vicios más acentuados (clientelismo, nepotismo, feudalismo; dueños de bancas, intendencias o gobernaciones; reelecciones o saltos de cargo en cargo y aprietes). Reemplazar la boleta sábana, imposible. De boleta única, ni hablar. El voto electrónico es una fantasía. La ley Sáenz Peña tiene un siglo.La economía tampoco ha cambiado. Seguimos dependiendo del campo, igual que hace 150 años. No es malo, pero está lejos de representar una transformación. Si las cosechas fracasan nos enterramos.El régimen fiscal es el mismo que impusieron Martínez de Hoz y la dictadura en 1976. A nadie se le ha ocurrido modificarlo, salvo en detalles que no han revertido su tendencia regresiva. Cada tanto se manifiesta la intención de reformarlo para que "paguen más quienes tienen más", pero ahí se estanca el asunto.En la década se observa -principalmente en los últimos tres años- un torniquete impositivo, siempre sobre los mismos objetos imponibles. Si a lo que ya conocemos se le añade el tributo sobre los salarios, queda sellado el carácter retrógrado de una política fiscal que de este modo no puede ser jamás una herramienta de redistribución de la riqueza y crecimiento.Discursos aparteCierto es que se han registrado algunos cambios (recuperación del sistema jubilatorio, quizá el principal) o avances sociales (Asignación Universal por Hijo, entre otros), evaluados como importantes actos de gobierno. Pero las estructuras no se han modificado. Los cambios, cuando no apuntan al fondo de los problemas, logran un efecto circunstancial. Tarde o temprano reaparecen las complicaciones.Mientras tanto, aunque los discursos digan otra cosa, se consolida el modelo neoliberal. Los grupos financieros, eje del mismo, actúan con igual o mayor comodidad que en tiempos de Menem y es muy probable que también los favorezca el blanqueo de reciente aprobación.La minería tiene dueños extranjeros. La multinacional Barrick Gold es poco menos que propietaria de la política minera. Destruye periglaciares en San Juan, La Rioja y Catamarca, contamina, atropella y encima usa a nuestras fuerzas de seguridad para reprimir protestas populares. Exporta oro y otros metales sin pagar retenciones.Monsanto, Cargill, Singenta y otras grandes corporaciones que avanzan hacia el dominio del mercado mundial de alimentos, han sido favorecidas en reiteradas oportunidades. No ha pasado un año desde que la Presidenta anunció un acuerdo con Monsanto para producir semillas transgénicas en Córdoba.YPF fue recuperada (parcialmente, el 51%), pero la energía sigue siendo uno de los más graves problemas argentinos. Se asegura en círculos autorizados que este año nuestro país importará hidrocarburos por no menos de 15.000 millones de dólares.El gobierno cree que la solución consistirá en acordar con la multinacional Chevron (derivación moderna de Standard Oil y Rockefeller) para explotar yacimientos mediante el peligroso método del "fracking". Se dice que faltan sólo detalles para que Chevrón venga, nos salve la plata y nos quite la vida. La solución no es muy nacional y popular que se diga.Campo arrasadoLa ley de protección y recuperación del bosque nativo fue sancionada a fines de 2007. La Presidenta demoró 14 meses para reglamentarla. Al final está en vigencia. No obstante, en los cinco años de la ley se ha talado más de un millón de hectáreas. Entre 2003 y 2012 la tala sumó dos millones y medio de hectáreas en el país.Las grandes corporaciones agropecuarias también han avanzado. Dábamos cifras en esta columna el 5 de mayo pasado. Como consecuencia del desplazamiento del pequeño productor por el más poderoso, en estos diez años 200.000 familias han sido expulsadas o se han ido del campo. El dato fue proporcionado por el Movimiento Campesino Indígena y abarca no sólo a los aborígenes sino a todos los agricultores.El panorama invita a reflexionar. Han pasado diez años y están pidiendo otros diez.
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