Difícil imaginarse la geopolítica del siglo
En la historia humana, en lo tocante a la organización política, nada está dicho definitivamente. De hecho hoy no hay una configuración permanente sino más bien un proceso de tránsito hacia algo que todavía no se consolida.Acaso el pensamiento del comunista italiano Antonio Gramsci, formulado al principio del siglo XX, ofrezca alguna pista para entender el panorama contradictorio y ambiguo que ofrece el momento presente"Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer", escribió el italiano.Más allá del sentido que Gramsci le dio a esta frase (creyó que el agónico capitalismo daría paso a la sociedad comunista) tiene no obstante la virtud de describir elocuentemente esos momentos en los que todo asemeja a un parto histórico.Un momento en el cual ninguna forma se impone con rotundidad, donde algo está dejando de ser para que otra cosa ocupe su lugar, aunque nadie sepa a ciencia cierta qué sea esa cosa por ahora no nata.Ocurre que el mapa de las potencias está en revisión. El centro de gravedad del poder mundial se está desplazando. Por lo pronto, el mentado "nuevo orden mundial" ha sido de breve duración.Incubado en los años noventa del pasado siglo, ese esquema venía a dar "gobernanza" al proceso histórico mundial surgido de la caída del muro de Berlín, el hundimiento del imperio soviético y el fin de la Guerra Fría.Se creyó que el siglo XXI sería entonces indiscutiblemente americano, con Estados Unidos como única potencia de un mundo unipolar. Pero la profecía no se cumplió: en apenas una docena de años el mundo se hizo multipolar.La globalización (la interdependencia de los países y las culturas) se quedó sin gendarme y más bien parece dominado por la entropía, un concepto de la termodinámica que ha pasado a ser sinónimo de caos y desorden."Estados Unidos", dice el historiador Paul Kennedy, "no es un coloso impotente, lo que ocurre es que las cosas están volviendo a la normalidad, está pasando de ser un imperio universal a un gran país, y eso es bueno"Pero no sólo Norteamérica empieza a aceptar sus límites. Europa parece estar retrocediendo varios escalones. Golpeada económicamente, su envidiado estado de bienestar se halla herido de muerte.Hay quienes piensan, directamente, que el Occidente capitalista, democrático y atlántico, heredero del hombre blanco europeo, va perdiendo influencia, mientras el centro de gravedad planetaria se desplaza a Asia, surgen sorpresas en América Latina, y hasta África.Siempre se especuló cómo sería el mundo el día que la raza amarilla despertara de su milenario letargo. Pues bien, hay quienes dicen que ese día ya llegó. ¿Qué significa, en este sentido, el ascenso rutilante de China, como gran factoría capitalista?Otros, en tanto, creen que el siglo XXI será testigo del declive del Estado-nación y del renacimiento de la Ciudad-estado. La ciudad, la organización más longeva de la historia, y en la que por primera vez vive media población mundial, recuperará su antiguo hegemonía.Esa es la tesis de Michele Acuto y Parag Khanna, dos académicos de la Universidad de Oxford y de la New American Foundation, para quienes la diplomacia, la economía y hasta los vínculos culturales tendrán como principales actores a la ciudades y no a los países.¿Cuál será, en suma, el mapamundi económico y geopolítico en las próximas décadas?
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