Dios está en todas partes pero atiende en Capital de 8 a 12
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Y el gobierno va. Mientras el kirchnerismo duro gana la calla y le hace un favor, la Corte bocha el tarifazo del gas y lo obliga a convocar a audiencias públicas. El Presidente esquiva protestas que, denuncian, están armadas. Jorge Barroetaveña Ya nos asomamos a septiembre y la luz al fondo del túnel todavía parece tenue, demasiado tenue.Sigue siendo la economía la que le trae los mayores dolores de cabeza a Cambiemos. La política parece en estado de hibernación. El Congreso patalea de vez en cuando pero suele darle al gobierno lo que el gobierno quiere. "Esto es kirchnerismo con buenos modales", definió hace un par de semanas un viejo peronista, para graficar la relación de la Nación con los gobernadores y con la mayoría de los legisladores que, a su vez, responden a sus provincias. Es Rogelio Frigerio el máximo armador, el que distribuye la pelota como si fuera un cinco y recibe todos los días, a decenas de mandatarios provinciales y municipales. Con su manejo, tan mal no le ha ido a un gobierno que tiene una minoría suave en diputados y profunda en el Senado. Juega claro, con la feroz interna peronista que hoy, a un año de las legislativas del 2017, sigue en ebullición, lejos de definirse.Esta semana Juan Manuel Urtubey dio señales de vida y bajó hasta Paraná, para hablar con Bordet sobre la reforma política, y mostrarse de acuerdo con el voto electrónico. Las internas no esperaron un minuto, porque apenas se alejó de suelo entrerriano el diputado Solanas avisó que no está de acuerdo con ese sistema porque "se presta al fraude". Bordet, haciendo equilibrio entre lo que necesita de afuera y la pesada herencia que no puede denunciar que le dejó Urribarri, va mostrando de a poco los dientes. Es la antigua historia de los gobernadores que necesitan del poder central, que manejan provincias jaqueadas económicamente y no pueden hacerse los 'cocoritos'. Su necesidad, genera debilidad y deja poca margen para la negociación. Otra paradoja de doce años kirchneristas: las provincias son aún más dependientes que antes del poder central. El federalismo sigue siendo una palabrita vacía de contenido que muchos de los que aún están ahora se encargaron de bastardear. Queda fantástico hablar de Urquiza o de Pancho Ramírez en los discursos, pero si esos patriotas hoy se levantaran de la tumba, se agarrarían la cabeza cuando vieran lo que hicieron con sus ideales federales.En este proceso político, la división peronista le viene como anillo al dedo al macrismo. Sergio Massa, el hombre que le puede complicar la vida el año que viene, transita todavía horas de definiciones. ¿Volverá al peronismo? ¿Se sumará a una gran interna con Urtubey, Bossio y otros referentes del PJ no kirchnerista para competir en las PASO? ¿O apostará todo a vaciar de votos peronistas al peronismo tradicional? Su dilema tiene un par de aristas cortantes. Cristina y Cambiemos. La omnipresencia de la ex presidenta, con su estilo de 'conducción', le raspa votos al peronismo, algo que puede ser mortal en la crucial Provincia de Buenos Aires. Nadie se atreve a aventurar dónde estará Cristina el año que viene, si más cerca de tribunales que de una tribuna, pero no se puede obviar su influencia. La carta brava para Massa sería jugar con Margarita Stolbizer, aunque eso podría cerrarle las puertas del peronismo tradicional. Sería sí, la mejor forma de enfrentar los restos de kirchnerismo, y el slogan del gobierno que seguramente preferirá hablar de corrupción.El resto, la aparición de personajes como D' Elía, Moreno o Esteche hace el trabajo por sí solo y le sirve a todos los que se oponen, sin siquiera abrir la boca claro.El fallo de la Corte, aunque un sopapo para el gobierno, lo volvió a la realidad. La pésima implementación de los tarifazos es un costo que todavía está lejos de ser evaluado y habrá que ver cómo se termina. Por lo pronto, aunque raro, el fallo de la Corte sirvió para ponerle paños fríos al tema y obligar a la convocatoria de audiencias públicas. Bajó el tema de la alta exposición pública en el que se encontraba, aunque dejó emerger los síntomas negativos que la economía sigue dando. Creció el desempleo y la actividad económica en general no da todavía señales de recuperación. Sólo los precios, empezaron a enfriarse, nadie sabe bien si por la recesión que golpea la demanda o por la política ortodoxa del Banco Central. O por las dos.Los productores del Alto Valle de Río Negro regalando sus peras y sus manzanas recordaron que la producción primaria sigue jaqueada. Que las medidas que se anunciaron podrán impactar en la macro, y especialmente en algunos sectores, pero hay muchas economías regionales que están fundidas. No por los nueve meses del actual gobierno, sino por un arrastre que lleva años, y sino pregúntenle a los tamberos. Suena raro pero algunos medios porteños parece que ahora descubrieron la crisis de las economías regionales. Es cierto, Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires y de 8 a 12 encima, horario bien de oficina.Los tribunales hacen lo suyo, con sus bemoles y sus demoras, porque si se robaron todo y dejaron todos los dedos marcados, no se entiende qué esperan para tomar medidas más drásticas. Claro, conviene recordar que son los mismos jueces federales que durante doce años se hicieron los sotas y miraron para otro lado. Pero esa es otra historia que, lentamente, va cediendo influencia. Gobernar desde la Casa Rosada un país como la Argentina es otra cosa. Macri está rindiendo el exámen y no sabe todas las bolillas. Habrá que ve si con lo que sabe le alcanza.
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