Discapacidad: un cambio de mirada
Es imposible negar el estigma que históricamente ha tenido la población en situación de discapacidad. Pero una toma de conciencia global ha hecho variar esa percepción.Para profundizar ese cambio de mirada se celebra hoy, 3 de diciembre, el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Una fecha que nos recuerda que ninguna deficiencia individual puede menoscabar el goce pleno de derechos humanos básicos.El modo de concebir y representar socialmente la discapacidad mutó sustancialmente. Antes se hablaba defectuosamente de "discapacitados", como si los individuos lo fuesen constitutivamente.Decir que alguien era discapacitado implicaba, a nivel del discurso, sustantivar un adjetivo, es decir convertir una característica o rasgo en algo esencial de una persona y su identidad.De esta manera la forma de enfrentarse al tema de la discapacidad fue durante mucho tiempo esencialista. No es lo mismo decir que alguien es "ciego" a hablar de una "persona con ceguera".La operación semántica que convierte un adjetivo (ceguera) en un sustantivo (ciego), olvida que detrás de ese déficit orgánico hay una persona, y por tanto un ser humano con derechos.Como se ve, el lenguaje sobre la discapacidad encubría una toma de posición ideológica sobre lo que era ese concepto. Frases como "readaptación del débil mental", por caso, eran expresiones lingüísticas que lindaban el estigma.Denunciaban una concepción de la discapacidad como una enfermedad incurable, o como un desvío fatal o una alteración que hacía del individuo en cuestión alguien condenado a una situación fija de minusvalía.Las palabras, se sabe, no son inocentes sino que configuran realidades y situaciones. Decir que alguien es discapacitado -expresión que subsume la persona con alguno déficit de estructura o función corporal-, no es más que una representación social del "otro", una manera de posicionarse frente a él.En ese discurso subyace una mirada ideológica gravosa sobre los destinos de las personas con alguna deficiencia física, mental, intelectual o sensorial, al fijarles de antemano un techo a sus posibilidades, al rotularlas para siempre en sentido negativo.Una consecuencia de esta mirada de la discapacidad como un hecho biológico inmodificable, al punto de ontologizar las deficiencias físicas o mentales, fue condenar a un vasto grupo social a la exclusión, a no disfrutar de igual forma que otros (los "normales") del acceso a la educación, al empleo y la vida política y social.La representación de la discapacidad tuvo un giro en los años '50 y '60 en todo el mundo. Ahora ya no es considerada como un déficit sino como una posibilidad. Hoy se habla de "personas con discapacidad".De esta manera, se reconoce a la persona, sujeto de derecho, por sobre otra consideración. Se ha producido, así, un cambio de percepción del otro, al que se le reconocen potencialidades de desarrollo.En esta conceptualización, se habla de personas con capacidades diferentes y aquí las diferencias son valoradas desde un nuevo sentido de la diversidad, que revela que lo humano nunca es homogéneo.En el cambio de enfoque sobre esta problemática, en suma, el énfasis deja de estar puesto en la persona, como proponía la expresión "discapacitados", para visualizar la situación de discapacidad como resultado de la interacción entre las personas y las barreras que se les presentan, dificultando su integración plena y efectiva en la vida social.
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