Disonancia cognitiva o la vía del autoengaño
La razón, de la cual los humanos solemos estar orgullosos, siempre está presta a darnos argumentos que tranquilizan nuestra conciencia, aunque al precio de caer en el autoengaño.Somos sujetos que creemos tener razón en todo, de suerte que en cada opinión jugamos nuestra individualidad, no toleramos que la realidad nos desmienta, que las cosas no sean según nuestro particular deseo.Como esta discrepancia desafía nuestro yo -que queda virtualmente desestabilizado- preferimos una buena mentira tranquilizadora a aceptar la verdad de los hechos.Ya decía el filósofo francés Albert Camus que los humanos se pasan todo el tiempo intentando convencerse a sí mismos de que su vida no es absurda. Y uno de los artilugios para ello es encontrar excusas o justificaciones.Somos, en esencia, animales racionalizadores dispuestos todo el tiempo ha distorsionar o justificarlo todo, con el afán de proteger nuestro ego, de suerte que apelamos a la astucia de la razón para convencernos, y convencer a otros.La psicología ha descubierto que las personas no toleran la incoherencia, por ejemplo cuando se cree en algo pero se actúa contrariamente a esa creencia o los hechos la cuestionan.Surge entonces una "disonancia cognitiva", entre cogniciones (creencias, conocimientos u opinión) que son incongruentes. Entonces el individuo se halla motivado para salir de ese conflicto, pero en su afán de mantener la consistencia cognitiva pueda dar lugar a un comportamiento irracional o negador.En 1957, León Festinger -uno de los teóricos más importantes de la psicología social- propuso su teoría de la "disonancia cognitiva", que predice y describe cómo las personas racionalizan la conducta.Festinger afirmaba que ese estado es tan desagradable que los individuos se esfuerzan para reducir el conflicto de la manera más fácil posible. Es decir, cuando la autoestima de una persona peligra, ésta elabora una argumentación que procura que esas cogniciones encajen de algún modo.El problema es que la mayoría de las veces el sujeto llega a creer de manera fehaciente en estas ideas generadas cayendo en el autoengaño.Pensemos en aquel fumador que se enfrenta a la evidencia de que el tabaco produce cáncer. Tiene dos opciones: dejar de fumar o hacer una maniobra intelectual de distorsión.La segunda salida, que es una negación o auto-persuasión para justificar su conducta fumadora, suele prevalecer. Consiste en razonamientos tranquilizadores del tipo: "Si Pedro o Juan fuman, los cigarrillos no pueden ser tan peligrosos". O se dice a sí mismo: "bueno, de algo hay que morir".De esta manera, este fumador busca, desesperadamente, la manera de reducir el ruido o la "disonancia" que le provoca la evidencia de que el tabaco produce cáncer.Según los psicólogos, este es un mecanismo de distorsión de la realidad al que suele acudir el yo como autodefensa, para cuidar la auto-imagen positiva. A través de él queremos encontrar explicaciones lógicas a nuestros actos. Hasta el ladrón más desfachatado -siguiendo con los ejemplos- actúa como un "animal racionalizador". Su acción, según él, puede convertirse en un acto de justicia. Robar un banco o a personas de clase acomodada, puede justificarse bajo el argumento de que le saca a quienes le roban a la sociedad.También está el caso de aquel hombre que golpea a su pareja "argumentando" que ella necesita como compañero a un hombre fuerte y decidido o que "en casa alguien tiene que poner orden".
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