Editorial |

Distopía: una humanidad genéticamente modificada

El investigador chino He Jiankui afirmó el año pasado haber realizado la primera modificación genética de bebés humanos con la ayuda de una nueva y potente herramienta para introducir cambios en el ADN.   El científico asiático defendió que las gemelas editadas genéticamente, Lulu y Nana, “nacieron sanas y felices”, gracias a la fertilización in vitro con tecnología de modificación genética “que evitará que se infecten con el VIH”. Ese anuncio produjo un gran revuelo en la comunidad científica, donde se escucharon voces de alarma ante los experimentos llevados a cabo por Jiankui. “Va a ser imposible evitar la existencia de un mercado negro de edición genética. La gente querrá un niño perfecto y estará dispuesta a pagar mucho para tener uno. Podemos estar solo ante el comienzo de un mercado negro de la perfección”, alertó el filósofo Julian Savulescu, director del Centro Uehiro para la Ética Práctica de la Universidad de Oxford (Reino Unido). A partir de ahora, ya hay dos tipo de personas: las modificadas genéticamente y las naturales, refiere Lluís Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología de España y presidente fundador de la Sociedad Internacional para las Tecnologías Transgénicas “Se ha abierto una caja de Pandora. Es de una irresponsabilidad colosal. No es una edición para curar. Es una mejora genética. El paso siguiente es una eugenesia total. Le dirán a los padres: ‘¿Qué desea usted?’”, sostuvo en una entrevista concedida al diario El País (Madrid). “Se ha abierto la veda, que es lo que no queríamos que sucediera, pero que ha sucedido donde sabíamos que ocurriría: en China. Hay que decir claramente que este experimento es ilegal en nuestro país y además es ilegal en muchos otros países, incluyendo Estados Unidos y Reino Unido, donde sí es posible la edición genética de embriones en investigación, pero no su implantación (en una madre)”, refirió. Según Montoliu, los cambios introducidos en el ADN de las dos niñas chinas, a través de la técnica de edición genética CRISPR/Cas9, luego se transmitirán a sus hijas y eso implica que se ha “creado una estirpe nueva de humanos”. El impacto bioético, dice, trasciende a las niñas: “El mensaje que están enviando es terrible. Habrá más gente que quiera que les inactiven este gen a sus hijos. Los autores han cruzado dos líneas rojas: un embrión humano editado genéticamente ha sido implantado y gestado. Y, además, la aplicación es de mejora genética, no es terapéutica”. Este tipo de experimento recuerda  la inquietante prognosis que realizó a fines de los ‘90 el profesor de biología molecular, ecología y biología evolutiva de la Universidad de Princeton, Lee M. Silver, en su libro “Vuelta al Edén” (1998). Allí Silver formula una suerte de utopía al revés o distopía, al conjeturar que la sociedad del futuro no estará dividida entre ricos y pobres, sino entre genéticamente ricos (“genricos”) y genéticamente pobres. Así, quienes tengan acceso a las nuevas tecnologías podrán enriquecer su genoma, y no solo estar protegidos contra muchas enfermedades, sino tener cualidades intelectuales, artísticas, físicas y morales por encima de lo normal, mientras otros -pobres- serán como nosotros, los seres humanos “naturales”. La unión de las tecnologías actuales en biología reproductiva y genética podría conducir, en suma, hacia sociedades polarizadas por la calidad de los genes de las personas.

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