Distribucionismo no es lo mismo que ecosocialismo
Dentro del campo de la izquierda progresista están los que, sin salirse del capitalismo, proponen repartir la riqueza. Pero otros alientan una ruptura con el orden vigente desde una crítica ecológica.Después de la caída del Muro de Berlín (1989) -que implicó el desplome del comunismo del Este- ser anticapitalista resultó incómodo para aquellos que, desde el socialismo, vienen combatiendo el orden burgués.Se diría que el sector sufrió una escisión que, visto en perspectiva, polarizó la mirada de la realidad social, al punto que instaló dos visiones ideológicas antagónicas sobre el modelo ideal de sociedad.En efecto, mientras unos ponen el acento en la distribución de la renta, pero sin discutir la matriz industrial, otros adhieren al "ecosocialismo", una crítica radical a esa matriz productivista.La primera postura abreva en la tesis histórica de la socialdemocracia europea, que mientras sostiene al capitalismo como sistema económico, critica sin embargo su vertiente "neoliberal".Aquí ser progresista consiste en ser intervensionista estatal. Se propugna un capitalismo de Estado que al tiempo que exalta las bondades del modelo industrial, se inclina por acometer una distribución compulsiva de la riqueza.El ecosocialismo, en cambio, cree que ya no se puede seguir con la lógica del capitalismo. Y esta vez no tanto por las injusticias de reparto, sino por la inviabilidad ecológica del sistema en curso.Aquí prima el diagnóstico de que el planeta ya no soporta semejante sobreexplotación de los recursos naturales. La disyuntiva, por tanto, es otra: se trata de optar por una matriz productivista (que nos llevaría al colapso) o por una matriz sentada en otros patrones de vida y de consumo.En Argentina esta disímil mirada atraviesa la economía extractiva, como el caso de la minería o la agrícola. Los distribucionistas alegan que se trata de extraer la renta de estos sectores, para subsidiar el consumo interno, y así "reindustrializar" al país.Para el ecosocialismo es una fórmula "neocolonial", que en el caso del campo (sojadependencia) es otra vuelta de tuerca, dicen, de la lógica del capital en un sector clave cuya función social es proveer de alimentos.En la región, varios íconos de la izquierda continental suscriben el radicalismo ecológico. Uno de ellos es Leonardo Boff, teólogo fundador de la llamada Teología de la Liberación, corriente ideológica latinoamericana que hace una mixtura entre el marxismo y el cristianismo, y que hizo furor en la década del '70.Este ex fraile franciscano viene sosteniendo -en libros y artículos-que es necesario rechazar sin paliativos la lógica de maximización del beneficio del sistema capitalista y su orientación productivista que no tiene en cuenta los límites del planeta tierra.Boff es un ejemplo emblemático del giro que realizó una parte de la izquierda latinoamericana, que desde los postulados de un socialismo tradicional (interesado en el distribucionismo), pasó a renegar del desarrollo industrialista/capitalista/consumista.Su diagnóstico es que la humanidad se encuentra frente a una crisis ecológica global que forma parte intrínseca de la crisis sistémica del capitalismo. La vía para salir de este atolladero, sostiene, no es recrear en Latinoamérica el neo-desarrollismo industrial (que es un paradigma impuesto por el orden global capitalista) sino bregar por otro modelo de sociedad, que revincule al hombre con la naturaleza."El actual tipo de desarrollo se hace llevando a cabo una guerra imparable contra Gaia", escribió.
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