MATERIAS A DICIEMBRE
Advierten que cada vez más estudiantes se llevan materias para rendir en diciembre
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Autoridades educativas de Gualeguaychú señalaron que creció la cantidad de estudiantes que deben rendir materias en diciembre. Coincidieron que los factores que influye son la falta de hábitos de estudio, la desmotivación y la organización escolar, y explicaron por qué esta instancia sigue siendo clave para cerrar el ciclo lectivo.
Con el fin de las clases, diciembre vuelve a instalarse como una instancia fundamental para cientos de estudiantes de secundaria que deben rendir materias pendientes. Aunque se trata de un recurso histórico dentro del sistema educativo, docentes y autoridades coincidieron en que en los últimos años creció la cantidad de alumnos que llegan a estas mesas, y que las causas son múltiples: desde dificultades de aprendizaje y falta de hábitos de estudio hasta problemas de continuidad escolar y fallas en la organización institucional.
En diálogo con Ahora ElDía, la directora Departamental de Escuelas de Gualeguaychú, Natalia Báez, y los docentes David Hernández, Milagros Casanova, Jesica Hebat, Noelia Echeverría y Julieta Guido ofrecieron una perspectiva desde adentro de las escuelas: quiénes son los estudiantes que más se llevan materias, qué pasa con las “intensificaciones de saberes”, cómo viven la presión del examen y qué desafíos enfrenta el sistema.
A pesar de que todavía no se cuenta con estadísticas (ya que no han cerrado todas las notas del último trimestre), Báez resaltó que históricamente matemática, lengua, geografía, historia y físico-química son las materias que más deben recuperar los estudiantes.
La directora Departamental manifestó que la expresión “mandar los chicos a diciembre” es errónea, ya que si los estudiantes llegan a esa instancia es porque no aprendieron lo que debían.
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“Nuestro sistema se cierra con estas últimas semanas del año en donde uno se dedica a revisar e intensificar saberes que quizás, a entender de cada docente, no quedaron del todo aprendidos o afianzados”, aclaró Báez, y añadió: “Nosotros tenemos un sistema que nos propone la calificación del estudiante. Por un lado, está la evaluación del proceso de aprendizaje del alumno y, por otra, la instancia sumativa que es la que nos permite calificar a ese chico. Para esto último, es que sirve esta etapa de diciembre”.
Hablando con los profesores, la tendencia no es alentadora: cada vez más alumnos ‘van a diciembre’. “La verdad es que, lamentablemente, es común que un estudiante se lleve materias, mucho más de lo que las personas que trabajamos en el sistema educativo desearíamos”, contó Julieta Guido que, además de trabajar en un colegio secundario, es profesora en apoyo escolar en un consultorio de abordaje interdisciplinario.
“Considero que los números sí son altos y que se han ido incrementando con el paso del tiempo”, agregó.
En la misma línea, David Hernández, profesor de matemáticas, comentó: “Hoy en día es común llevarse materias a diciembre. En mi experiencia, creo que en su gran mayoría los alumnos del Ciclo Básico son los que más se llevan materias, lo que puede deberse a la diferencia que hay entre el pasaje de primaria a la secundaria. Esos años hasta que se acostumbran a la cantidad de docentes que tienen, la modalidad de evaluar, la exigencia que lleva el nivel secundario, les repercute”.
Jesica Hebat, docente de matemáticas y profesora particular, destacó que ha visto una actitud común en estas situaciones: “Hoy, es bastante común que un estudiante llegue a diciembre con alguna materia pendiente. La idea de ‘total después la saco’ está bastante instalada desde hace años, pero en mi experiencia se ha naturalizado aún más. Muchos chicos sienten que pueden ‘recuperar después’ y, en algunos casos, incluso priorizan no trabajar en el aula porque confían poder resolverlo con clases particulares”.
“Teniendo en cuenta que el establecimiento en el que me desempeño, las aulas están habitadas por cerca de 30, y sólo 4 o 6 llegan a esta instancia. Lo que se traducen en el 10 o 20% del alumnado”, compartió Noelia Echeverría, profesora de Ciencias Sociales, y aclaró que, en su experiencia, el número ha disminuido.
La profesional manifestó que los docentes no desean que el estudiante “sea sintetizado a una instancia evaluativa, donde su proceso es mucho más largo, y realmente aprender cómo dominar la especificidad de las asignaturas no es palpable ni visible en una instancia examinadora de diciembre. Uno desea el aprendizaje progresivo, paulatino, y donde haya realmente una aplicación del saber que denote el dominio del mismo”.
Las causas detrás de las mesas de diciembre
Julieta Guido teorizó sobre los factores por los que los chicos terminan en las mesas de examen: “Cualquier lista de factores que pueda brindar es simplista, porque en realidad el porqué es multicausal. Desde las cuestiones contextuales de la familia, el acompañamiento, la motivación y la predisposición de los estudiantes, al acceso a material y a herramientas digitales”.
“También creo que la propuesta del sistema educativo a veces aporta a que los estudiantes no le encuentren mucho sentido a lo que ven en el colegio, y eso termina siendo motor de la desmotivación, continuó Guido y continuó: “Es real que muchos gurises hacen el esfuerzo de llevar sus materias al día, de llevar el material solicitado, de estudiar para los exámenes. Hay otra gran cantidad que está como alojada en decir ‘bueno, no hago nada durante todo el año, total, en diciembre la saco’. Hay muchos estudiantes que tienen ese pensamiento y, en la mayoría de casos, suele ser efectivo”.
Milagros Casanova, profesora de Lengua y Literatura, subrayó que nota un gran cambio en cuanto a la motivación en los últimos tres años: “Por lo que vengo experimentando, leyendo y estudiando (es un tema que me preocupa mucho), el acceso a las pantallas a temprana edad ha cambiado no solo costumbres o hábitos, sino la misma experiencia de aprendizaje. Los chicos en general están experimentando todo en el mundo virtual, que es rápido, fácil, con gratificaciones inmediatas y no requieren esfuerzo ni pensamiento”.
“Esto tiene un fuerte impacto a la hora de estar en el aula, donde todo es a la inversa, porque aun cuando el profesor prepare temas convocantes o clases motivadoras, la atención de los alumnos tiene poca duración y se distrae fácilmente con la sola presencia del celular. Al mismo tiempo, disminuye su capacidad de operatoria, de estudio, de lectura comprensiva, reflexión y todos los procesos que implican esfuerzo y dedicación. Lamentablemente, uno observa que mucha veces los alumnos antes de pensar qué tienen que hacer, preguntan y se frustran, se niegan de antemano a todo lo que requiera un mínimo esfuerzo aunque sea tomado como un buen desafío. Esta actitud es generalizada, frecuente y va en aumento”, se explayó la docente.
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Además, confesó que el rol de la familia también se ha modificado: “Veo que cada vez es más difícil sentir el acompañamiento real de los padres. Muchas veces lo que ellos consideran acompañar, es dejar hacer lo que quiera el estudiante o no decirle que no, es decir, correrse del lugar de adulto responsable y criterioso. Los padres a veces exigen al docente determinadas conductas o límites que ellos no pueden poner y no siempre acompañan las decisiones institucionales o del profesor en pos del crecimiento del estudiante”.
David Hernández sugirió que, para mejorar el sistema, sería fundamental que las aulas tengan una menor cantidad de alumnos, para mantener un acompañamiento más cercano. “Actualmente, a la hora de evaluar, la única forma que te queda al final del año es hacerlo con un examen escrito, porque hay mucha cantidad de alumnos. En cambio, en colegios donde hay menos cantidad de alumnos, el proceso de acompañamiento es mucho mejor y ellos, los chicos, se sienten justamente más apoyados en el proceso de aprendizaje”, sostuvo el profesor.
Por su parte, Guido compartió que lo que “mejor funciona es ver los casos particulares, conocer cuál es el perfil de aprendizaje de cada estudiante, cuáles son las técnicas de estudio que utilizan, o si no las utilizan poder elaborarlas. Adicionalmente, la organización y planificación son clave. Muchas veces los estudiantes cuentan con todo el material para estudiar, pero no saben cómo o por donde arrancar. Tantas cosas a veces los abruman, y brindar orden y calma les resulta favorable”.
“Muchos llegan a estas instancias intentando resolver en dos semanas lo que no pudieron sostener durante el año, y eso genera mucha tensión”, acentuó Jesica, y explicó: “Tiempos acotados, temas acumulados y la sensación de que ‘no se llega’ produce mucho estrés, frustración y baja autoestima. Ahí es cuando uno intenta acompañar el proceso y dialogar, recordándoles que es una instancia más de aprendizaje”.

