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Doello Jurado, entre los grandes naturalistas del país

El 4 de julio de 1888 nació en Gualeguaychú Martín Doello Jurado, alguien que se convertiría en un naturalista completo, propulsor de la hidrobiología o sea de la biología relativa al medio acuático, ligándose así al mar epicontinental.

Hijo de Gervasio Doello y Modesta Jurado Villanueva, Martín cursó sus estudios primarios en Gualeguaychú y los secundarios en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay.

Se trasladó luego a Buenos Aires para matricularse en la Facultad de Derecho, pero en la capital argentina terminó abrazando la carrera naturalista.

Junto con los hermanos Florentino y Carlos Ameghino, Eduardo L. Holmberg y Ángel Gallardo, Martín Doello Jurado integró la última generación de naturalistas que caracterizó a las ciencias naturales argentinas, principalmente a fines del siglo XIX.

Su saber era muy amplio y versaba sobre distintos tópicos relativos a las ciencias naturales. Además fue un gran defensor del patrimonio cultural argentino. Sostenía que “quien no conozca el suelo de su país, no se puede considerar dueño del mismo”. Se señala, además, que por su gestión el ceibo fue declarado flor nacional en 1942.

Doello Jurado fue director del Museo de Ciencias Naturales (1923 a 1946), profesor universitario en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, uno de los fundadores de la Asociación Argentina de Ciencias Naturales y de la Sociedad Ornitológica del Plata.

Su primer trabajo científico versó sobre la división biológica de los vertebrados, y luego se orientó a la malacología (investigación de la fauna marina). Realizó campañas hidrobiológicas y paleontológicas por la Patagonia, incursiones que le valieron el calificativo de “naturalista viajero”.

Doello Jurado inició los muestreos sistemáticos en el mar epicontinental en los cruceros de 1914 y 1915 del ARA Patria, convirtiéndose en el primer oceanógrafo argentino, y echó las bases del conocimiento científico de nuestra plataforma continental.

En octubre de 1938, planteó “Los Problemas biológicos del Mar Argentino”, en una conferencia que dictó en Buenos Aires, donde expuso su concepto de conocimiento-posesión.

“Cuando la Argentina sea lo que lógicamente debe ser, por el imperativo ineludible de su configuración geográfica… cuando se hayan coordinado para este mismo fin las observaciones y experiencias propias y extrañas, referentes a la naturaleza de los fondos, corrientes marinas, etc.; cuando por la difusión de estas nociones entre nuestro pueblo, mediante la acción de la escuela, se haya encarnado en él la convicción de que una gran parte del futuro de la Nación está en ese mar, entonces habremos hecho el acto de toma de posesión efectiva de lo que por ahora podemos considerar teórica pero fundadamente, propiedad de nuestro país: el Mar Argentino”, expresó.

En 1939, el gualeguaychuense gestó el plan para el estudio del mar Argentino del Instituto Oceanográfico Argentino, que comprendía hasta la tectónica y estratigrafía con vistas a las posibilidades petroleras.

El primer día de ese año expresó su ideario en un artículo del diario La Nación titulado “Pretérito y destino de nuestras ciencias naturales”. Allí escribió: “El conocimiento científico del suelo en que se ha nacido es uno de los tesoros de la civilización de un pueblo y forma, en cierto modo, el substrato físico de la nacionalidad. Un pueblo que vive en un territorio cuya constitución física ignora o conoce solo superficialmente, es un inquilino y no un propietario de su suelo”.

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