Dolencias olvidadas que retornan con la pobreza
Tuberculosis, dengue, Chagas, malaria o lepra son enfermedades que en el imaginario colectivo remiten a otra época. Lejos de desaparecer, sin embargo, hoy atacan con fuerza, sobre todo a las poblaciones más vulnerables.Constituyen el grupo de dolencias que son curables, no deberían existir, y de hecho se cree que son del pasado, porque ya la medicina y la higiene las derrotaron cuando se enfrentaron por primera vez con ellas.Sin embargo, hoy se las califica de "reemergentes" porque han retornado con cierta virulencia, al punto que en todo el mundo matan a 8.000 personas por día, según un informe de Médicos Sin Fronteras (MSF).Estas enfermedades infecciosas afectan a poblaciones más vulnerables económica, sanitaria y socialmente, en la Argentina y en el resto del mundo. La tuberculosis (TBC), por ejemplo, está pegando en el país."Durante el año existen 1.000 casos de tuberculosis", reconoció la doctora Zulma Ortiz, de Unicef, quien señaló que este mal podría evitarse en la primera infancia, pero la cobertura de la BCG -la vacuna que la previene y se da a los niños al nacer- es insuficiente."Dentro de estos casos, un 10% son de meningitis tuberculosa, una forma muy grave que se entiende como una falla en el sistema que hace que la detección y el tratamiento de la patología no sean efectivos", señaló al diario La Nación.La responsabilidad de prevenir esta enfermedad en la primera infancia está en manos de los mayores, que suelen ser los que tienen tuberculosis y viven en condiciones de hacinamiento con los menores."Hay 12.000 casos nuevos de tuberculosis todos los años y no logramos reducir la incidencia. A esto se le agrega que la enfermedad en niños es un problema invisibilizado porque su diagnóstico no es esperable y es muy bajo", explicó Ortiz.La pobreza es el telón de fondo del retorno de estas enfermedades infecciosas que hoy desafían al sistema público de salud. "Las personas que padecen Chagas, malaria o dengue no tienen capacidad de generar presión ni política ni económica, porque prácticamente no tienen recursos y están invisibilizados".Ese es el diagnóstico del doctor Jorge De All, de la ONG Cuerpo y Alma, que trabaja con poblaciones de riesgo del norte argentino."Partamos de la base de que en Argentina hay 8 millones de personas sin acceso al agua potable, lo que conlleva a numerosas enfermedades, porque además son reservorios de vectores", explicó.El Chagas está relacionado directamente con las condiciones de las viviendas. De lo que se trata, según los expertos, es de erradicar los ranchos de adobe y paja, ámbito óptimo de la vinchuca, vector de este mal.El dato es que el mal de Chagas es una enfermedad que está proliferando en la provincia y en la ciudad de Buenos Aires, adonde migran en forma constante los provincianos pobres, sin horizontes en su propia tierra."En tres escuelas de las afueras de La Plata encontramos 5 chicos positivos (niños menores de 13 años) y 25 madres enfermas de Chagas", cuentan desde la ONG Mundo Sano, quien hace campaña contra esta enfermedad en territorio bonaerense, que en los '90 había sido erradicada pero que ha retornado.La lepra, que para muchos es un mal del pasado, suma cada año entre 300 y 400 pacientes en el país; en 2 de las 12 provincias más afectadas tienen 1 caso por cada 10.000 habitantes.Por otra parte, las lombrices intestinales, una parasitosis muy asociada con la pobreza, que afecta la calidad de vida y el crecimiento de chicos en edad preescolar y escolar, hace estragos en las zonas húmedas y calurosas del país.
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