¿Dónde está el Poder?
En un país incurablemente presidencialista, el revés electoral que sufrió el kirchnerismo, que había puesto toda la carne en el asador, dejó la sensación de un vacío de poder.La reacción equívoca del gobierno desnudó la debilidad en que quedó: pasó de la arrogancia de negar la derrota y de decir que no pasó nada, a cambios en el gabinete y una convocatoria amplia al diálogo.La sensación de vacancia se comprende a la luz de la mudanza operada al interior del sistema político, por efecto del voto. El dato es que se ha diluido el poder hegemónico.Y esto en la Argentina, dominada por una cultura política caudillesca, equivale a instalar la imagen de un gobierno al que sólo le queda la formalidad del poder.Los dueños de la "gobernabilidad" del país se repliegan. Y entonces ahora todo el mundo se pregunta, ¿dónde está el poder?. Compréndase: sólo en Argentina perder el control del Congreso es un drama.En las naciones evolucionadas políticamente que el oficialismo pierda una elección de medio término es un episodio normal en la vida institucional. Porque en ellas la gobernabilidad descansa en la existencia de un sistema.Aquí no: nuestros gobernantes son patrones, concentran todo el poder disponible, haciendo ridículo nuestro régimen republicano de gobierno, devenido en caricatura.Pero esta usurpación tiene validación social. En términos generales, a los argentinos nos encantan los líderes, siempre andamos buscando al caudillo mesiánico, alguien que nos salve del infortunio.Revestimos, entonces, con la suma del poder público a ese elegido, el llamado hombre "fuerte", que se hace dueño así de la vida y el patrimonio de sus "súbditos".Puro pensamiento mágico, primitivismo político. El monopolio de la vida política entre nosotros supone, como se ve, la negación de la condición de ciudadano. Regla de oro: no hay República sin ciudadanos y viceversa.Hoy el análisis de nuestros politicólogos versa sobre la realpolitik, el oscuro trasfondo de la vida política vernácula. "Estamos en Argentina", dicen, al pronosticar un escenario tumultuoso.El matrimonio presidencial perdió el control del peronismo -entre nosotros el "partido del poder"- y el control del Congreso. Entonces, ¿dónde está el poder?, se preguntan.Queda en la oscuridad del análisis el hecho de que el voto de la gente no sólo desbancó la hegemonía K: tampoco entronizó otra nueva. A juzgar por el resultado electoral, no emerge ningún liderazgo de relevo.Más bien lo que se observa es una "distribución del poder". El dato tiene descolocado al sistema político. Por lo pronto, el nuevo escenario desafía los genes de los Kirchner, quienes deben gobernar en minoría un país plural.Nada más alejado de sus fantasías mesiánicas setentistas. Acostumbrados a una hegemonía de ribetes feudales, los K deberán adaptarse a una nueva situación que demanda negociación y diálogo en el ejercicio del gobierno.La oposición política, en tanto, debe superar su condición de anti-K y practicar el republicanismo que mentó en sus discursos. ¿Estará dispuesta a contribuir constructivamente con el Ejecutivo? ¿O trabajará para minar sus fuerzas?En suma, ¿estará la clase política a la altura del desafío planteado por el electorado? ¿Será capaz de construir gobernabilidad más allá de los egos y los intereses facciosos de grupo?¿Trabajará para dotar al país de una institucionalidad más robusta, un modelo político que descanse menos en la voluntad omnímoda de una persona o grupo?Argentina debe algún día reducir la brecha que separa el orden teórico previsto por la Constitución del que existe en la práctica.
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