Dos países diferentes
En un mismo día, el viernes último, con escasa diferencia de un par de horas, los argentinos escuchamos dos discursos de gran difusión por la jerarquía de los oradores, pero diferentes, hasta opuestos. El motivo era el mismo: la celebración del 194° aniversario de la declaración de la independencia.Por Mario Alarcón Muñiz Especial para El Día
El lugar también: San Miguel de Tucumán, aunque en sitios distintos. Los conceptos se referían a dos países sin ninguna vinculación entre sí.La nueva independenciaLa presidenta Kirchner convocó a "una nueva independencia económica y cultural", instando a enfrentar "los métodos de dominación mediante la economía y la cultura". ¿Quién puede disentir con esa idea? Desde ya la exhortación supone un reconocimiento de nuestra dependencia y esto es un buen signo. Claro que esa situación pudo ser quebrada en estos 26 años y medio de democracia, de los cuales el partido de la Presidenta ha ejercido el poder durante 17 años y medio, de los cuales Cristina ha sido protagonista en mayor o menor medida, en cargos legislativos y ejecutivos. Pero nunca es tarde cuando las propuestas son fuertes y alentadoras.El pueblo querrá saber, desde luego, cuáles serán las acciones tendientes a alcanzar el anhelado objetivo que todos compartimos. Probablemente no pasarán por cancelar los contratos de la minera multinacional Barrick Gold, establecida en nuestro país como para siempre, beneficiaria de ventajas impositivas y del veto presidencial a la preservación de los glaciares para explotarlos a gusto.. Me asalta el recuerdo de la británica Forestal que en la primera mitad del siglo XX, protegida por los gobiernos, arrasó los quebrachales santiagueños y santafesinos en procura del tanino. Cuando se terminó el quebracho se marchó, dejándonos el desierto y la miseria.No es el de la Barrick el único caso. Una paulatina pero persistente ocupación de tierras avanza en nuestro país. No hay soberanía, no hay independencia, en ningún lugar del mundo, mientras la tierra sea extranjera. A esto apunta desde hace varios años la situación de la Argentina, sin que nadie le ponga límites, pese a presentarse comprometido el futuro de la Nación.La independencia no se defiende poniéndole trabas a las aceitunas brasileñas, sino frenando la expansión monopólica en todos los órdenes. Sucede con el petróleo que ya en los '90 dejó de ser argentino; con la energía manejada y administrada por capitales extranjeros; con la recuperación de la poco menos que desaparecida producción de acero.¡Cómo no compartir la idea presidencial de la independencia económica y cultural! Pero no son suficientes los discursos. Programas y acciones se reclaman. Y no se ven. La estatización de las Afjp y la asignación universal por hijo, que la Presidenta subrayó como logros de su gestión, son sin duda importantes, atienden cuestiones tangibles, pero aparecen como medidas aisladas. Superarían la buena disposición que revelan si se las enmarcara en un programa integral y consensuado.El otro discursoEs precisamente el consenso lo que demanda el presente y no se observa orientación alguna del gobierno en ese sentido. Lo advirtió, en el otro discurso, el obispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba. "Debemos pasar de un modelo de conflicto a un modelo de convivencia armoniosa respetando las diferencias", dijo el prelado.Su interpretación de la realidad es muy distinta de la que expuso la Presidenta. Para Villalba nuestro país no podrá superar los problemas que le afectan "sin grandes sacrificios que implican un desafío gigantesco de honestidad, inteligencia, creatividad y eficacia". Reclamó "un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad que supere la omnipotencia del poder y no se conforme con la mera gestión de las urgencias".Es evidente que se habla de dos países diferentes. Uno el que percibe la Presidenta. Otro el que entiende el obispo Villalba. Lo grave es que nosotros, los ciudadanos, vivimos en los dos al mismo tiempo.
El lugar también: San Miguel de Tucumán, aunque en sitios distintos. Los conceptos se referían a dos países sin ninguna vinculación entre sí.La nueva independenciaLa presidenta Kirchner convocó a "una nueva independencia económica y cultural", instando a enfrentar "los métodos de dominación mediante la economía y la cultura". ¿Quién puede disentir con esa idea? Desde ya la exhortación supone un reconocimiento de nuestra dependencia y esto es un buen signo. Claro que esa situación pudo ser quebrada en estos 26 años y medio de democracia, de los cuales el partido de la Presidenta ha ejercido el poder durante 17 años y medio, de los cuales Cristina ha sido protagonista en mayor o menor medida, en cargos legislativos y ejecutivos. Pero nunca es tarde cuando las propuestas son fuertes y alentadoras.El pueblo querrá saber, desde luego, cuáles serán las acciones tendientes a alcanzar el anhelado objetivo que todos compartimos. Probablemente no pasarán por cancelar los contratos de la minera multinacional Barrick Gold, establecida en nuestro país como para siempre, beneficiaria de ventajas impositivas y del veto presidencial a la preservación de los glaciares para explotarlos a gusto.. Me asalta el recuerdo de la británica Forestal que en la primera mitad del siglo XX, protegida por los gobiernos, arrasó los quebrachales santiagueños y santafesinos en procura del tanino. Cuando se terminó el quebracho se marchó, dejándonos el desierto y la miseria.No es el de la Barrick el único caso. Una paulatina pero persistente ocupación de tierras avanza en nuestro país. No hay soberanía, no hay independencia, en ningún lugar del mundo, mientras la tierra sea extranjera. A esto apunta desde hace varios años la situación de la Argentina, sin que nadie le ponga límites, pese a presentarse comprometido el futuro de la Nación.La independencia no se defiende poniéndole trabas a las aceitunas brasileñas, sino frenando la expansión monopólica en todos los órdenes. Sucede con el petróleo que ya en los '90 dejó de ser argentino; con la energía manejada y administrada por capitales extranjeros; con la recuperación de la poco menos que desaparecida producción de acero.¡Cómo no compartir la idea presidencial de la independencia económica y cultural! Pero no son suficientes los discursos. Programas y acciones se reclaman. Y no se ven. La estatización de las Afjp y la asignación universal por hijo, que la Presidenta subrayó como logros de su gestión, son sin duda importantes, atienden cuestiones tangibles, pero aparecen como medidas aisladas. Superarían la buena disposición que revelan si se las enmarcara en un programa integral y consensuado.El otro discursoEs precisamente el consenso lo que demanda el presente y no se observa orientación alguna del gobierno en ese sentido. Lo advirtió, en el otro discurso, el obispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba. "Debemos pasar de un modelo de conflicto a un modelo de convivencia armoniosa respetando las diferencias", dijo el prelado.Su interpretación de la realidad es muy distinta de la que expuso la Presidenta. Para Villalba nuestro país no podrá superar los problemas que le afectan "sin grandes sacrificios que implican un desafío gigantesco de honestidad, inteligencia, creatividad y eficacia". Reclamó "un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad que supere la omnipotencia del poder y no se conforme con la mera gestión de las urgencias".Es evidente que se habla de dos países diferentes. Uno el que percibe la Presidenta. Otro el que entiende el obispo Villalba. Lo grave es que nosotros, los ciudadanos, vivimos en los dos al mismo tiempo.
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