Ecológico sentir
La contaminación ambiental y el cambio climático son el resultado de lo que puede el hombre cuando se equivoca. Por Dr. Abel Lemiñ[email protected] La biología es respetuosa de sus ciclos, sólo los hombres somos capaces de desafiarla y creernos con el poder divino de modificarla, y vaya que lo hemos hecho, pero para mal. Acaso la locura ambiental y climática que vivimos no es el fruto de la inteligencia humana devenida en estupidez por no contemplar los nefastos resultados de sus actos.Desmontamos para generar riquezas momentáneas que luego serán pobrezas constantes, con sequías en donde había humedad e inundaciones donde nunca las hubo, y llenando de productos químicos la naturaleza para, como un bumerang se nos vuelva encima en forma de enfermedades.Contaminamos aguas, aire y suelo, desaparecemos especies animales o les modificamos el hábitat entonces huyen en busca de la supervivencia. Peces con plomo entre sus tejidos, ríos sin peces y ríos que ya no son ríos.Al grito de desarrollo sustentable las industrias siguen vomitando sus desechos para que todo muera, para que sobreviva el bolsillo de algunos, haciendo valer más el billete que el agua, la chequera más que el aire, un piso en un edificio céntrico más que un lago, una tarde de compras en un shopping más que una tarde pescando en un río transparente y dándole más valor a un viaje a Disneyworld que a un atardecer campestre.Dónde está la conciencia ecológica, acaso destinada a morir aplastada por la corrupción y por los intereses mezquinos de muchos de los poderosos, mientras día a día, ante la realidad contaminante no se escarmienta, no se reacciona.En todos los ámbitos seguimos contaminando, con las emisiones industriales, con nuestros autos, con una pila, con tantas bolsas de nylon, con latitas de bebidas, en menor o mayor grado todos somos responsables de la contaminación.No perdonamos árboles, pastos, tierra, ríos, lagos, ni mares, si hasta hemos agujereado el cielo perforando la capa de ozono, entonces hasta dónde llega el discurso, será que la razón se muere en lo cotidiano, en la permisividad de los gobiernos o en la hipocresía empresarial, o en nuestras débiles convicciones.Si no paramos de contaminar, dónde jugarán los niños en el futuro, dónde pastarán las vacas, en qué río podrán los peces vivir o podrán ser pescados para alimento humano, dónde habrá agua para beber, quien sobrevivirá al efecto cancerígeno de los productos químicos, qué piel saldrá indemne de la venganza del sol.Nos sorprende el cambio climático que ya es una realidad, nos asustamos del aumento de casos de alergias y cáncer, nos damos cuenta que los pájaros emigran lejos de lo agresivo, que algunas especies se están extinguiendo, sin embargo del dicho al hecho sigue habiendo un gran trecho, pero ese trecho no perdona, porque ese trecho es el tiempo que se perdió en tomar decisiones que eran tan urgentes como necesarias, o mejor dicho imprescindibles.Por eso, cada uno, en cada rincón del planeta, tiene la obligación de ser agente activo del cambio, porque si esperamos que los discursos del G8 sean los que hagan la revolución ecológica, pecaríamos de ingenuos, porque para eso, primero tendrían que renunciar a sus desmedidas ambiciones y a la soberbia que suele ser, lamentablemente, una enfermedad de los que ejercen el poder en el mundo.Cambiemos ya, mañana es tarde, ojalá ese cambio se transforme en acción en cada uno de nosotros, y en lo posible, que el Tribunal de La Haya sea un disparador mundial de ecológicas conciencias colectivas. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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