Economía que funciona con elevados subsidios
Se calcula que para este año el gobierno nacional destinará 100 mil millones de pesos en subsidios estatales, algo así como el 5% del PBI. Algunos se preguntan qué sería del país si este esquema se desmantelara."La encrucijada de los subsidios". Así titula su último artículo Daniel Muchnik, en el cual este periodista económico se plantea cómo imaginar la economía argentina sin subsidios.La cuestión es pertinente a la luz de los dineros en juego. En 2010, los subsidios llegaron a 66 mil millones de pesos. En este año electoral, se irán a 100 mil millones, un 40% más.La estrategia de mantener precios artificialmente controlados, sobre todo en las empresas de servicios (transporte y energía), la mayoría de ellos en manos de operadores privados, a través de dineros públicos, es un rasgo del "modelo".En este caso el Estado pretende, en teoría, evitar que posibles aumentos de tarifas lleguen a los consumidores. De suerte que la "diferencia" entre el precio de un bien o servicio y el precio real que debería cobrarse al consumidor, es aportado por el fisco bajo forma de "subsidio".Frente a lo cual Muchnik se pregunta qué ocurriría si por equis razón hubiese que transparentar los precios de estos sectores de la economía, haciendo que se rijan por la lógica del mercado."¿Veríamos de pronto la realidad asomar con fiereza, multiplicando por dos o por tres el actual nivel inflacionario que bordea el 30% anual?", se interroga.Se trata de un planteo inquietante. En efecto, si las tarifas de los servicios públicos (electricidad, gas, colectivos, ferrocarriles, Aerolíneas Argentinas, etc.) se "descongelaran", ¿acaso no se produciría un shock sorprendente y gigantesco en el país?Si ahora la economía argentina padece de la enfermedad inflacionaria, sobrevuela la pregunta de hasta dónde llegaría la escalada de los precios (¿hiperinflación, acaso?), si el Estado dejara de subsidiar tarifas clave.La generalización de subsidios, su magnitud y extensión, generan controversia. Mientras el oficialismo entiende que esto es "distribuir riqueza", sus críticos alegan que se está frente a una distorsión económica y social fenomenal, que será difícil de desmontar.Además está la discusión institucional relativa a la transparencia de las acciones del Estado, ya que existe la sospecha de que hay fondos que se entregan sin que se conozcan sus destinos.Por lo pronto, hay que decir que los millonarios subsidios existen porque se pueden financiar. Y los dineros salen de los impuestos que cobra el Estado. Y a los impuestos alguien los paga.Después está el debate macroeconómico, asociado a los subsidios. Es interesante, al respecto, la opinión de los extranjeros sobre el modelo argentino en curso.Alain Touraine, director de Estudios de la mítica Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (París), usina del pensamiento de la izquierda europea, es un crítico del esquema criollo."En la Argentina -sostuvo en una reciente entrevista de la revista Noticias- hubo una prosperidad artificial" estos años. El pecado fue haber retomado "la tradición peronista de supeditar la economía a los réditos de las exportaciones para redistribuirlos a los consumidores urbanos".Más allá de esta discusión, parece bastante claro que existe una íntima conexión entre los recursos fiscales que aporta la soja -el principal artículo que vende el país- y los subsidios a la economía.¿Y si el precio del poroto se desplomara algún día, por caída de la demanda externa, y el fisco se quedara así sin excedentes fiscales para sostener los subsidios?
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