Educación: entre discursos y realidades
Durante los tres primeros días de la semana deliberó en Paraná el Congreso Nacional de Educación. Participaron el ministro nacional del área, Alberto Sileoni; ministros o secretarios de todas las provincias, funcionarios, pedagogos y 1.200 delegados. Nadie sabe muy bien cómo y con qué criterios eligió cada estado provincial a estos delegados, pero estaban. Y algo habrán aportado o aprendido.Mario Alarcón Muñiz Especial para elDía Lo importante es que se analizaron variados temas de la realidad educativa de nuestro país con el propósito de orientar una política de mayor eficiencia en este aspecto tan delicado y trascendente. Los países que desatienden la educación o la postergan, están renunciando a su futuro. Esto es bien sabido.Sin embargo, también sabemos por experiencia que en las últimas décadas, después de cada congreso educativo o pedagógico, la calidad de la enseñanza ha descendido. Dicho de manera complaciente, no se han verificado en la práctica las conclusiones de estas asambleas. El retroceso de nuestra educación salta a la vista. Para recuperar los niveles de antaño no han alcanzado congresos, análisis y debates, necesarios y probablemente muy ilustrativos, pero insuficientes al momento de adecuar los métodos a la realidad. Ideas interesantesEn esta oportunidad se expresaron conceptos dignos de ser tenidos en cuenta. Durante uno de los debates más interesantes, referido a la relación entre educación y trabajo, un economista de la Cepal sostuvo que "es difícil encontrar países que hayan crecido sin apostar a la educación". Una socióloga abogó por una educación "que prepare para el mundo laboral", manifestando su preferencia por "la formación de sujetos competentes, por encima de los que acumulan posgrados poco significativos". (Lo dice Martín Fierro: "es mejor que aprender mucho / el aprender cosas buenas"). La misma congresista diseñó su propuesta de una escuela "que desarrolle en los estudiantes la capacidad de integrar conocimientos para solucionar problemas concretos, tomar decisiones y hacerse cargo de ellas".Está claro que los elevados índices de deserción y repitencia registrados en los últimos años comprometen en gran medida cualquier plan que pueda elaborarse en el sentido expresado, como quedó en evidencia en otro de los debates. El desafío consiste en asegurar la asistencia de los chicos y su permanencia en la escuela mediante programas que despierten el interés y la participación del alumno. Sin espacioEl presente año lectivo ha registrado un crecimiento de la matrícula secundaria (en Entre Ríos el 30 por ciento, según datos oficiales) que es menester destacar como uno de los datos educativos más auspiciosos de los últimos años. No es casual que así sea. El otorgamiento de la asignación universal por hijo que el gobierno nacional creó en noviembre último, exige cursar estudios secundarios como requisito de pago. En buena hora.Claro que al menos en nuestra provincia tal disposición ha desnudado graves falencias de infraestructura. No son nuevas. La mayoría data de varios años y es consecuencia de una prolongada indiferencia oficial por estos asuntos. En varios establecimientos no hay espacio para albergar a los nuevos estudiantes. Muchas escuelas carecen de aulas suficientes, se llueven, son inseguras, la electricidad se corta con frecuencia, los sanitarios están deteriorados; en fin, la ruina. O algo parecido. Algunos cursos funcionan en el patio (cuando hay buen tiempo) o en un galpón de la vecindad. Esta semana se denunció que más de 1.400 estudiantes, sólo del departamento Concordia, no han dado clases por insuficiencias de infraestructura.Es lógico suponer que estos inconvenientes no tienen solución inmediata. Pero hay que trabajar desde ahora con ánimo y decisión. De lo contrario de poco o nada servirán mil congresos educativos y diez mil discursos.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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