Educación: los alumnos cada vez saben menos
Frente al decaimiento educativo, el bajo nivel en los estudios, los actores involucrados en el sistema se pasan facturas entre ellos, echando mano a medias verdades.Sabemos del conflicto que envuelve al Estado como patrón y al gremio docente como empleado. Como en el medio está omnipresente el reclamo salarial, la cuestión tiene un carácter claramente laboral.No obstante lo cual, uno y otro en la disputa suelen justificar su accionar con razonamientos en favor de la educación. Cada quien, en una dialéctica archigastada, acusa al otro se perseguir un fin rastrero, mientras se coloca en el lado de los ideales de la escuela."A este gobierno no le interesa la educación", suelen descerrajar los maestros en huelga que se quejan de los bajos sueldos. Frente a lo cual los gobiernos se atajan insinuando que aquellos no quieren trabajar o están excesivamente politizados.Algunos padres hacen suya esta tesis cada vez que no pueden enviar a sus hijos al colegio porque hay maestros que hacen paro. "Yo cobra igual o peor que el docente, pero trabajo igual; porque de lo contrario me echan", es una queja muy escuchada entre ellos.Mientras estos cruces se suceden -y se repiten como un karma oriental- los alumnos cada vez saben menos. Los adolescentes acusan ignorancia en matemática y lengua, sobre todo.Muchos de ellos tienen graves problemas en lectoescritura. No pueden formar una oración con sentido, ni pueden entender lo que leen. No sólo eso: hay síntomas de desinterés intelectual de nuestros jóvenes.Eso indica, por ejemplo, un estudio que se presentó en el Encuentro de Profesionales del Libro Infantil y Juvenil, donde se comparó la dedicación escolar entre 1.203 chicos argentinos de sectores económicos medios y altos con un número similar de brasileños, mexicanos, colombianos, venezolanos y chilenos.El trabajo revela que los chicos argentinos son los que menos tiempo están en la escuela y los que menos estudian fuera de ella. También, los que menos disfrutan de ir al colegio y los que menos expectativas tienen respecto de las posibilidades que les pueden dar los estudios universitarios."Los chicos de la Argentina se diferencian de los otros porque no están tan involucrados en la cultura del esfuerzo", reza el estudio.Ahora nos enteramos de boca de la directora de Educación Secundaria de Entre Ríos, Liliana Dasso, que "los chicos no estudian". Eso dijo al ser consultada sobre los altos índices de repitencia.En declaraciones a El Once TV, sostuvo que al alumno le costó históricamente matemática, física, química o lengua, pero aclaró que ahora "hay fracasos en historia o geografía".¿El motivo? "Los chicos no estudian. Les cuesta mucho y no hay acompañamiento en la familia", diagnosticó Dasso.Este argumento suscriben también los docentes: hacen referencia a la necesidad de que los padres sigan de cerca el desempeño de sus hijos, controlando que realicen sus tareas y vigilando que no pasen todos las horas del día frente al televisor y con los videojuegos.Se diría que esto es verdad, pero una verdad a medias. Porque también cabría preguntarse sobre la responsabilidad que tienen los maestros en inspirar a sus estudiantes a aprender. ¿Están nuestros maestros, desde el punto de vista intelectual y actitudinal, a la altura de los desafíos pedagógicos que plantea el presente?Acaso lo más dramático del decaimiento educativo -expresión de lo cual es la baja competencia cognoscitiva de los alumnos-, es la indiferencia, la apatía y el desinterés por el conocimiento que reina en los jóvenes.¿Será que los adultos hemos terminado contagiándolos con el clima antiilustrado que caracteriza a nuestra época?
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