Educación y promesa de un empleo decente
Hubo un tiempo donde buena parte de los puestos de trabajo disponibles no exigían saber leer y escribir. Hoy, en cambio, no se puede aspirar a la formalidad laboral, aunque el salario sea bajo, sin estudio alguno.Es la marca característica de la evolución del mercado de trabajo: para entrar en él se necesita cada vez menos resistencia física, o alguna destreza motriz, y más capacitación intelectual.El cambio operado en la "fuerza de trabajo" ha sido notable. Para ganarse la vida a principios del siglo XX no era necesario escolarizarse. Las tareas agrícolas, de construcción, de carga o descarga de barcos y de mercaderías, exigían fuerza y resistencia.Muchos de nuestros abuelos gringos, que huían del hambre y la guerra en Europa, eran semianalfabetos. Sólo trajeron sus brazos para labrar la tierra y realizar tareas rudas en la ciudad. Ése era todo su capital.De hecho en la Argentina de 1920 más de la mitad de los puestos de trabajo disponibles no exigían saber leer y escribir. El dato lo aporta Julián de Diego, director del Posgrado en Conducción de Recursos Humanos de la UCA.Según el especialista, recién hacia 1960 creció en el país la conciencia social sobre la educación profesional y especializada como una llave para mejorar la posición social y económica."En los '70 resultaba compatible con la consolidada clase media que los hijos debían terminar sus estudios hasta logar un título de los que se denominaban completos", reveló en un artículo aparecido en el Cronista Comercial.Las cosas han cambiado tanto que aún el empleo más modesto de la economía, dentro de la formalidad, requiere hoy de una escolarización importante. Así, para acceder a un puesto de repositor, con un salario mensual de bolsillo de $3.500, se necesita estudios secundarios completos.Sin embargo, en Argentina sólo el 43% de los alumnos que comienza con la educación secundaria la termina, de acuerdo a un informe publicado por el Instituto Di Tella.Es decir, menos de la mitad de los inscriptos llega a completar los doce años que conforman los ciclos primario y secundario. Esto posiciona al país en uno de los puestos más bajos en América Latina, por debajo de Bolivia, Paraguay y Ecuador.Para alcanzar un empleo decente, aunque el salario sea bajo, la educación es clave. Por ejemplo, se pide ser bilingüe para aspirar a un puesto de telefonista de $4.000 de sueldo.Según De Diego, en los estudios u organizaciones profesionales (de ingenieros, contadores, bioquímicos, y otros) a quienes realizan pasantías les pagan entre $1.500 y $2.500 por la primera experiencia laboral. Si logran recibirse pueden ser contratados y en ese caso pasan a cobrar $4.000 mensuales.Conclusión: el mercado demanda profesionales, pero no les retribuye ni compensa en forma equitativa. Hay otro problema: el país produce más abogados y médicos que profesionales técnicos (ingenieros orientados a las nuevas tecnologías), pese a que la economía demanda a estos últimos.Es sintomático, al respecto, que de los 60.000 abogados matriculados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sólo el 20% ejerce la profesión.Ahora bien, si el mercado de trabajo no absorbe mano de obra sin educación, y aún así a los que incorpora no les paga lo suficiente, ¿qué decir de los grupos excluidos del mercado, carentes de capacitación?Según De Diego, existen en la Argentina alrededor de 5.000.000 personas en esa condición, de los cuales casi el 100% no terminó la escuela primaria.
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