EE.UU y Cuba, ante una nueva relación
Después de medio siglo de enemistad, Estados Unidos y Cuba reanudaron sus relaciones diplomáticas, un hecho que ha sido catalogado de "histórico" por la mayoría de los observadores. La lectura dominante sugiere que de este modo se apagó el último rescoldo de la Guerra Fría en América. Así se llamó al conflicto que se instaló en el mundo, a poco de finalizada la Segunda Guerra.Durante el mismo Estados Unidos compitió con la Unión Soviética por la preponderancia mundial. Era una puja entre dos sistemas económicos, uno capitalista y otro comunista.La Cuba de Fidel Castro fue enclave del poder comunista en el continente, desde donde se exportó la "revolución" al resto de los países de la región. De esta manera, se convirtió en antagonista de Estados Unidos.Washington impuso en 1960, como respuesta, un embargo económico total a la isla. Desde entonces las relaciones entre las partes estuvieron marcadas por enfrentamientos.Los más notables de los cuales fue la fallida invasión norteamericana de la Bahía de Cochinos, en 1961, y la crisis de los misiles rusos, un año más tarde.El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín, lo que determinó el derrumbe de la Unión Soviética, quedando Cuba como único exponente del comunismo.Veinticinco años después de este acontecimiento, algunos analistas se apresuran a afirmar que el Muro de Berlín terminó de caer en Cuba el 17 de diciembre pasado, con la reanudación diplomática entre Washington y La Habana."Estos 50 años demostraron que el aislamiento no funcionó. Es hora de un nuevo enfoque", dijo el presidente norteamericano Barack Obama, al dar la noticia.Por su lado el presidente de Cuba, Raúl Castro, habló de que "debemos aprender el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias".El Papa Francisco hizo gestiones personales que facilitaron ek acercamiento de las partes, algo que los mandatarios agradecieron públicamente. También el gobierno de Canadá participó en las negociaciones.Quienes miran el hecho desde la realpolitik, es decir desde la política basada sobre hechos prácticos, más que en la teoría o la ética, hacen foco en el pragmatismo de Castro y Obama.Se cree que la nueva política permitirá levantar el embargo que pesa sobre la isla. Esto traería alivio a la economía de Cuba, que en parte dependía de la alicaída Venezuela, aquejada hoy por una alta inflación y el desplome del petróleo.Castro, de hecho, advirtió en su discurso que el bloqueo comercial y financiero "debe cesar". Visto del lado norteamericana, se resalta el hecho de que Estados Unidos quiere recuperar la iniciativa en la región.Y esto en un momento en que otras potencias, como China, elevan el perfil en América Latina. "Hoy vamos a renovar nuestro liderazgo en el continente americano", dijo al respecto Obama.La normalización de las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington es un hecho auspicioso, toda vez que se orienta a poner fin a un largo antagonismo histórico, que acaso resulte hoy un anacronismo, a la luz de la globalización.Sin embargo, por ahora sólo se ha abierto una puerta. Está por verse aún si este entendimiento desencadenará, por ejemplo, cambios políticos transcendentales en Cuba, donde los disidentes al régimen castrista vienen pidiendo libertad de pensamiento.Una cosa parece ser cierta: los hechos de este tipo revelan que no hay tiempos definitivos, seguros, cristalizados para siempre. Como tampoco hay antagonismos históricos eternos e irreductibles.
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