El 8N y el 7D, los límites para un país que no se termina en esas fechas
El jueves arrancará formalmente el mes que, para el gobierno, podría marcar un antes y un después en su derrotero. Así se esmeraron en colocarlo, ladrillo por ladrillo. Primero será el cacerolazo del 8N y luego el famoso 7D, el día del Grupo Clarín.Jorge Barroetaveña¿Sirve decir que ninguna fecha cambiará nada demasiado? Ambas han quedado rehenes de la épica guerrera que siempre ha envuelto al kirchnerismo. Es la historia del todo o nada, de la derrota más cruel o la gloria más infinita. Lo que suceda el jueves, dependiendo de su magnitud, provocará un impacto mayor o menor. Hará reflexionar o pasará desapercibido. Pero, ¿alguien piensa realmente que la Presidenta modificará su forma de pensar por más masiva que sea la manifestación?En eso, los libros le dan la razón a la mandataria: el año pasado los argentinos fueron a las urnas y el 54% de ellos la eligieron. Fue una victoria aplastante que redujo a la mínima expresión las voces opositoras. Bajo ese paraguas, nada debería cambiar mucho, al menos hasta que la gente pueda volver a expresarse el año que viene, en elecciones libres.En último caso, lo que suceda el jueves en las calles, también será un mensaje para los líderes opositores que aún se muestran incapaces de poder canalizar semejante malestar.Pobre ha sido en este sentido la contribución de Hermes Binner. El escándalo sobre narcotráfico que envuelve a la policía santafesina ha sido un golpe duro para el socialismo. Desde su nacimiento, el partido de Alfredo Palacios, hizo un culto de su imagen de honestidad y transparencia.Para ser justos, ni Binner ni Bonfatti hasta ahora habían tenido que enfrentar sospechas graves sobre la transparencia de sus gestiones. Por eso, la investigación abierta y la detención del máximo responsable de la policía santafesina, es un velo descorrido, sobre un escenario que el socialismo nunca ha frecuentado. Y desconoce obviamente aunque no alcanza para eludir ni disminuir su responsabilidad.En estos años, ese sector de la izquierda ha sido funcional al kirchnerismo. Más allá de los cuestionamientos a su metodología, cada ley importante que fue al Parlamento contó con el respaldo socialista. Pecaron de ingenuos y es lo último que, ante el kirchnerismo, se puede ser. Tampoco alcanza argüir una campaña para perjudicar al actual gobernador Bonfatti.Al cabo, a Tognoli lo designó el socialismo en la policía santafesina, igual que consintieron que le sacaran hasta el último gendarme para llevarlo a Buenos Aires. El socialismo ha sido tibio en estos años en su relación con el gobierno nacional y hoy está pagando las consecuencias.Pero si Binner no ha estado a la altura de las circunstancias, al resto de la oposición todavía lo comprenden las generales de la ley. Es lo único que todavía impide que esa masa crítica que se alejó del apoyo a las políticas oficiales, encuentre cómo ser canalizada. Lo del jueves será seguramente una expresión de descontento por temas tan diversos como la inseguridad como la inflación, que tienen un punto en común: son problemas sistemáticas negados por el kirchnerismo que, con su actitud, no hace más que exacerbar los ánimos.¿De qué sirvió la acusación del diputado Larroque contra el socialismo en la sesión que se aprobó el voto juvenil? Lo que debió ser una victoria política del kirchnerismo terminó enredada en los dichos del legislador líder de La Cámpora, a quién varios de sus pares querían comerse crudo esa noche. En lugar de disfrutar el logro de ampliar un derecho para los jóvenes, la polémica se llevó puesto el logro, inútilmente mezclado en la épica del todo o nada, del o estás conmigo o sos mi enemigo.El 7D tiene otro significado para la Casa Rosada, aunque por estas horas crece cada vez más la sensación que ese día podría no pasar nada. El gobierno tiene dos caminos claros: impedir que salga una nueva cautelar a favor del Grupo Clarín (el pedido ya se hizo y debe resolver la Cámara) o fogonear hasta la asfixia a la Corte Suprema para que se expida antes sobre el fondo constitucional de los dos famosos artículos de desinversión. Para lo primero se armó un festival de recusaciones y renuncias, para lo segundo, sacaron del ropero una vieja iniciativa menemista, la del Per Saltum que sirvió en los '90 para convalidar la privatización de Aerolíneas Argentinas, en tiempos de Corte menemista. Extraña paradoja la del gobierno que repudia y condena la nefasta década menemista, pero no duda en apelar a su misma metodología. Comparaciones abstenerse por supuesto.Una vez que el Per Saltum sea ley, y está a punto de serlo, y se configure el caso de 'gravedad institucional' en el caso de la Ley de Medios, serán los altos magistrados los que tendrán la pelota. Eso sí, deberían resolver antes del 7D por lo que la tarea de Zaffaroni para convencer a sus pares estará más cerca de un encantador de serpientes que de un jurista.En este callejón con pocas salidas (por no decir ninguna) se ha puesto el propio kirchnerismo. ¿Cambiará algo en la Argentina después del 7D? Si el AFSCA ese día, o el primero hábil que le siga, saca a concursos las licencias, ¿desaparecerán los problemas de inflación, inseguridad o los intentos de instalar la re-re? Suena ingenuo pensar en eso y es extraño que un grupo político que se creó desde la nada, que se inventó a sí mismo, lo pueda creer.Lo mejor sería bajar los decibeles y desensillar hasta que aclare, como decía el General (¿será Perón?). El 8N y el 7D serán dos fechas más del almanaque dentro de unos años, aunque para la épica de los tiempos que corren, marquen una línea divisoria. En democracia, y más allá de las manifestaciones y los actos de gobierno, los únicos días que cuentan realmente, son los que se vota. Deberían entenderlo todos.
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