El aburrimiento como problema
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Nunca tantas personas han podido disponer en tanta medida de sí mismas. El "ocio" aparece como una conquista civilizatoria. Pero algo amenaza, insidioso, el privilegio de no hacer nada: el tedio.Nunca ha existido, para tanta gente, un espacio real tan amplio para el ejercicio de su libertad. La multiplicación del tiempo libre es uno de los cambios culturales más importantes de la civilización.Se cree que jamás han estado las sociedades occidentales tan liberadas de los agobios de la necesidad. En épocas pretéritas, en efecto, satisfacer las necesidades básicas (alimentación, cobijo y demás) ocupaba todo el tiempo.Ése no es el caso para millones de personas en la actualidad, que disfrutan de la plusvalía del ocio, tras las jornadas laborales. Pero este excedente de tiempo libre ha devenido un problema existencial.Eso reconoce, por ejemplo, el psicólogo español Rafael Santandreu, para quien "en nuestras sociedades hay fobia al aburrimiento", consecuencia de que el hombre contemporáneo no sabe qué hacer con el ocio."Matar el tiempo" ha pasado a ser la obsesión de una época, a la cual le aterra la perspectiva de estar sin hacer nada. De hecho, se ha instalado la "neurosis del fin de semana".Mucha gente cae en depresión al experimentar una sensación de vacío por no tener nada que hacer, por ejemplo el domingo, después de una ajetreada semana de trabajo.Para Santandreu, sin embargo, "es muy importante recuperar el gozo de no hacer nada", sugiriendo que existiría un tedio bueno, que enriquece la vida, y un tedio malo, que la destruye.El tiempo vacío asusta al hombre desde siempre. El filósofo Blas Pascal, en el siglo XVII escribió esta impactante frase: "Todos los males de los hombres vienen de una sola cosa: de no saber quedarse tranquilos en una habitación".Para el psiquiatra vienés Viktor Frankl el hastío, síntoma del vacío existencial, se ha convertido en la enfermedad colectiva de la cultura occidental.Esta cultura que ha sido capaz de superar los graves límites de la necesidad, tropieza con la amenaza del tedio crónico, porque no tiene respuestas sobre el sentido de la libertad, analiza.El sistema industrial, consciente de que el hombre contemporáneo ha desarrollado pánico al aburrimiento, ha reaccionado proponiendo nuevas ofertas (turismo, juegos, deportes, espectáculos).A eso hay que añadirle las posibilidades inmensas que han abierto Internet y la tecnología de la información para generar entretenimiento y evasión. ¿No es acaso la red global el invento más sofisticado, y efectivo a la vez, para sacar a la gente del aburrimiento?Un experto en comunicación y cultura, Neil Postman, publicó en 2001 un libro con un sugerente título: "Divertirse hasta morir. El discurso público en la era del 'show business'".Allí Postman arremetió contra la banalización de la cultura, devenida en puro espectáculo, en Estados Unidos. "Somos un pueblo al borde de divertirnos hasta la muerte", sostuvo.¿Pero no es la diversión la contracara el aburrimiento? ¿Buscar frenéticamente los medios para divertirse no es la respuesta que ha encontrado la actual civilización para aplazar el pánico que produce el aburrimiento?Saber gestionar el tedio es una cuestión que hace a la paz mundial, si es cierta la tesis del filósofo español Fernando Savater, para quien habría que buscar en el aburrimiento la explicación de por qué la historia está llena de atrocidades y barbarie.Cuando los humanos se aburren, al parecer, inventan causas grandilocuentes para pelearse entre ellos.
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