El achique de las escuelas rurales
Panozzo no fue más allá, es decir prefirió no avanzar sobre los motivos. No obstante, sus dichos procuran alertar sobre el hecho de que la crisis agrícola, potenciada por la sequía, agravará la falta de matrícula.
La pregunta es: ¿por qué hay éxodo rural en una provincia agropecuaria como la nuestra? Entre Ríos perdió en las últimas décadas una de sus mayores virtudes: una distribución pareja de población en el territorio.
Los poblados rurales configuraron antaño una trama social que le daba equilibrio a esta provincia. En este contexto, se justificaba la existencia de las escuelas en su interior.
Pero esta geografía política y social de Entre Ríos desapareció. Sin futuro, los hijos de los chacareros y productores de la tierra empezaron a emigrar a ciudades como Paraná, o ese gran imán que es Buenos Aires.
Llamada a ser la granja del país, a ser una potencia agroindustrial, con capacidad para elaborar los frutos de la tierra, y de esta manera contar con una base material para retener a sus pobladores del interior, la provincia retrocedió económica y demográficamente.
Hace tiempo Entre Ríos –junto con el resto de las provincias del país- está imposibilitada de tener un desarrollo endógeno, que incluya la matriz poblacional, porque ha perdido soberanía política y económica, dentro de un fuerte esquema centralista.
Las provincias argentinas –hay que decirlo una vez más- han sido las “variables de ajuste” de todas las políticas económicas dictadas por el poder central, en varias décadas.
¿Habrá que explicarle a Panozzo, entonces, los motivos de por qué cada año que pasa cae la matrícula escolar en las zonas rurales de la provincia? ¿Habrá tomado nota que el despoblamiento rural es apenas un síntoma de un problema mucho más grave?.
El éxodo rural se da en el marco de un absurdo nacional: el monstruoso desnivel poblacional de la Argentina. Un dato lo dice todo: la ciudad y la provincia de Buenos Aires concentran casi la mitad de la población argentina.
Es la geografía política unitaria de la que la clase dirigente argentina no habla ni quiere cambiar. No nos cansaremos de decirlo: en este diseño de país –que consagra la macrocefalia con eje en el puerto- están de acuerdo la derecha y la progresía nacional.
La población y su distribución en el territorio son capítulos clave de una gran política. Pero es un tema tabú en la Argentina, donde la única estrategia de nuestros políticos, desde tiempos inmemoriales, ha sido reunir en el conurbano bonaerense a los provincianos sin futuro.
Es que el Poder en estas pampas se asienta, precisamente, en el control de la “confederación de feudos” en que se han convertido las provincias, a las cuales se las priva deliberadamente de sus recursos, con su consiguiente despoblamiento.
Cuando Cristina Kirchner, cada vez que viaja al interior, habla poéticamente de la “Argentina profunda”, no hace sino reconocer el disloque poblacional, como si hubiese dos países.
Nada nuevo: como otros presidentes antes que ella, el federalismo así es una apelación romántica, casi folclórica, un giro discursivo que calza bien cuando se “está de visita” en el interior.
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