El agua, elemento vital
El verano y el calor pueden llevar a la deshidratación. Éste estado altera enormemente la función cerebral y la memoria. Colaboración con el Suplemento SaludDr. Julio César Zarra (*) El agua es un elemento fundamental para mantener el equilibrio del medio interno en nuestro cuerpo (equilibrio y proporciones entre electrolitos, como Sodio, Potasio, Magnesio, Cloro, etc.) y perder éste equilibrio afecta enormemente a la función cerebral. Tanto las funciones intelectuales superiores (por ejemplo: juicio, raciocinio, asociación de ideas, etc.) como las básicas (atención, percepción y memoria). La deshidratación puede afectar nuestra memoria a corto plazo y en situaciones de esfuerzo mental intenso la capacidad de concentración disminuye si no estamos lo suficientemente hidratados, pero no sólo eso, ingestas deficitarias de líquido pueden producirnos un mayor riesgo de caídas, infecciones en el tracto urinario, enfermedad dental, trastornos pulmonares, formación de cálculos en el riñón, constipación y dolores de cabeza y migrañas.Generalmente, cuando hablamos de nutrición y de dieta saludable, pensamos en frutas y verduras, proteínas, aceite de oliva, pescado, dieta mediterránea, lácteos, pero solemos olvidarnos del agua, un elemento indispensable para la vida. Pese a lo simple de su composición, el agua desarrolla funciones vitales como por ejemplo; el mantenimiento de la temperatura corporal, el transporte de nutrientes a las células y la eliminación de sustancias tóxicas y de desecho a través de la orina y también una buena función cerebral. El equilibrio en la ingestaCuando nacemos, las dos terceras partes de nuestro cuerpo, son agua, pero esa proporción disminuye hasta el 60-70 % en los adultos y bastante más, disminuye en los ancianos.Las recomendaciones de los expertos sobre mantener una buena ingesta de líquido son claras y de sobra conocidas, aunque no siempre sigamos el consejo: en situación normal debemos beber de 2 a 3 litros diarios de agua (o líquidos como jugos, refrescos o lácteos). Y en verano, con las temperaturas elevadas, o con un ejercicio físico intenso, implica una mayor ingesta de líquidos. Aunque debe beberse en su medida, porque si nos excedemos, por la falsa creencia de que beber en exceso nos va a ayudar a perder peso, por ejemplo, podemos llegar a sufrir un trastorno de la alimentación conocido como potomanía donde se bebe de forma compulsiva hasta siete o más litros de agua por día y esto alterará, como es lógico, el funcionamiento de los riñones además de poner en riesgo la vida por la descompensación de electrolitos dentro del organismo. Los calambres, el cansancio y otros signos como la pérdida de agilidad mental son algunos síntomas que podemos tener ante un exceso de líquidos en el organismo.Según un estudio hecho en España por el Observatorio de Hidratación y Salud, aunque el 87% de las personas reconoce la importancia de estar hidratado, sólo la mitad ingiere la cantidad de líquido necesaria. Cuidado con la sedLa sensación de sed es un indicador fundamental de la deshidratación, pero no es el único y no siempre está presente. Podemos estar deshidratados y no sentir sed, de ahí la importancia de mantener la ingesta de líquido como un hábito con independencia o no de “las ganas de beber”. Hay que beber entre comidas, de manera continua a lo largo del día y en pequeñas cantidades. Es una buena práctica comenzar la jornada con un vaso de agua en ayunas para ayudar al cuerpo a eliminar desechos. Inaugurar el tubo digestivo con agua cada día. También, sobre todo en el caluroso verano, no debemos abusar del alcohol, porque uno de sus efectos es precisamente la deshidratación, así que ya ven, no todos los líquidos ayudan a hidratar el cuerpo. Necesidad mínimaEl organismo tiene unos controles internos que sirven para regular la cantidad de agua. Lo hace intentando no perder más agua de la que se ingiere. Cuando por algún motivo se ingiere menos o se pierde más, estos sistemas se ponen en marcha y producen la sensación de sed, además de hacer que el riñón deje escapar menos agua. De esta forma se evita el déficit. Aunque en determinadas circunstancias, como en la ancianidad o en presencia de enfermedades orgánicas cerebrales, la sensación de sed, como dijimos, puede no estar.Las necesidades de agua diarias, mínimamente, son aproximadamente de 2 litros o más. El aporte tiene que reponer lo que perdemos normalmente con la orina, que suele ser 1,5 litros, y lo que se pierde con el sudor, la evaporación por la piel, la respiración y la materia fecal (llamadas pérdidas insensibles, porque no resultan fáciles de medir). ¿Por qué se produce la deshidratación?La deshidratación se produce cuando se pierde una cantidad significativa de líquido extracelular. Normalmente se pierde sólo agua, pero a veces también se pierden sodio, potasio u otros electrolitos que van disueltos en este líquido. Los motivos para que aparezca la deshidratación pueden ser de dos grandes tipos. En primer lugar, porque se pierda una cantidad excesiva de líquido. En segundo, porque no se ingiera el líquido suficiente.La pérdida excesiva de líquido puede deberse a múltiples razones: la sudoración excesiva por el gran calor o por ejercicio físico, una enfermedad febril, los vómitos, la diarrea, las hemorragias, las quemaduras (al destruirse la piel se evapora una gran cantidad de agua), el mal uso del tratamiento con diuréticos, y muchas otras.La falta de aporte de líquido puede ser porque no se sienta la necesidad de beber: ausencia de sed (como sucede en enfermedad de Alzheimer u otras enfermedades cerebrales y demencias) o porque alguna enfermedad impida beber (como una enfermedad digestiva o el estar inconsciente).Las enfermedades que causan deshidratación son más peligrosas en los niños y los mayores. Estos tienen más vulnerables los mecanismos renales, endócrinos y neurológicos que regulan la cantidad de agua, y tienen menos reserva de agua (menor porcentaje), por lo que ante cualquier enfermedad son más susceptibles a deshidratarse. La mejor prevención
De forma paulatina y a veces, peligrosamente, muy rápida, la deshidratación afecta a la mayor parte del organismo. La persona deshidratada, según el grado en el que se encuentre, tiene sequedad de la piel y las mucosas (de la boca, nariz, conjuntivas oculares, etc.), mayor número de latidos del corazón (taquicardia), descenso de la tensión arterial y produce una menor cantidad de orina. Cuando se agrava se puede alterar la función mental, con somnolencia, mareos, confusión, desorientación e incluso síncopes (desmayos repentinos). Además, al perderse agua en el cuerpo aumenta la concentración de algunas sustancias en la sangre y esto puede ser peligroso. El tratamiento más importante es prevenirla y el primer paso de la prevención es la información. Así que no olvidemos nunca la importancia del aporte de agua al organismo. Para ello, siga las normas del sentido común. Si hace demasiado ejercicio o es un día muy caluroso y transpira mucho, aumente la ingesta de líquidos. Haga lo mismo cuando tenga fiebre, diarrea o vómitos. No cometa el error de pensar que beber menos evita los vómitos o la diarrea: si lo hace, estará llegando a una situación de extrema gravedad.Beba aunque no tenga sed. Acostúmbrese a beber unos dos litros de líquido al día. Y si tiene a su cargo a una persona que no puede o no recuerda beber, insístale y ayúdele a beber lo suficiente.Cuando uno sufre una deshidratación y puede beber (no tiene una enfermedad que se lo impida), se puede reponer el agua perdida, por vía oral. Cuando la pérdida es excesiva o la persona no puede beber, hay que aportarlo por vía intravenosa. Por eso se usan en muchas ocasiones los sueros en el hospital. Recuerde que si no se trata la deshidratación la persona puede morir. Y que con la sola ingesta del líquido suficiente, no sólo se evitan todos estos peligros, sino que se mantiene mejor una buena función cerebral.
(*) Dr. Julio César Zarra· Médico Especialista Jerarquizado en Psiquiatría y Psicología Médica.· Fundador y ex Presidente de la Asociación Argentina de Investigación en Neurociencia. · Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano de La Plata.· Investigador principal y co-investigador en estudios de Investigación Clínica en la especialidad (Enfermedad de Alzheimer y demencias)· Miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), de la Asociación Neuropsiquiátrica Argentina (ANA) y de la International Neuropsychiatric Association (INA).· International Member of the American Psychiatric Association (APA).· Docente de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata.
De forma paulatina y a veces, peligrosamente, muy rápida, la deshidratación afecta a la mayor parte del organismo. La persona deshidratada, según el grado en el que se encuentre, tiene sequedad de la piel y las mucosas (de la boca, nariz, conjuntivas oculares, etc.), mayor número de latidos del corazón (taquicardia), descenso de la tensión arterial y produce una menor cantidad de orina. Cuando se agrava se puede alterar la función mental, con somnolencia, mareos, confusión, desorientación e incluso síncopes (desmayos repentinos). Además, al perderse agua en el cuerpo aumenta la concentración de algunas sustancias en la sangre y esto puede ser peligroso. El tratamiento más importante es prevenirla y el primer paso de la prevención es la información. Así que no olvidemos nunca la importancia del aporte de agua al organismo. Para ello, siga las normas del sentido común. Si hace demasiado ejercicio o es un día muy caluroso y transpira mucho, aumente la ingesta de líquidos. Haga lo mismo cuando tenga fiebre, diarrea o vómitos. No cometa el error de pensar que beber menos evita los vómitos o la diarrea: si lo hace, estará llegando a una situación de extrema gravedad.Beba aunque no tenga sed. Acostúmbrese a beber unos dos litros de líquido al día. Y si tiene a su cargo a una persona que no puede o no recuerda beber, insístale y ayúdele a beber lo suficiente.Cuando uno sufre una deshidratación y puede beber (no tiene una enfermedad que se lo impida), se puede reponer el agua perdida, por vía oral. Cuando la pérdida es excesiva o la persona no puede beber, hay que aportarlo por vía intravenosa. Por eso se usan en muchas ocasiones los sueros en el hospital. Recuerde que si no se trata la deshidratación la persona puede morir. Y que con la sola ingesta del líquido suficiente, no sólo se evitan todos estos peligros, sino que se mantiene mejor una buena función cerebral.
(*) Dr. Julio César Zarra· Médico Especialista Jerarquizado en Psiquiatría y Psicología Médica.· Fundador y ex Presidente de la Asociación Argentina de Investigación en Neurociencia. · Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano de La Plata.· Investigador principal y co-investigador en estudios de Investigación Clínica en la especialidad (Enfermedad de Alzheimer y demencias)· Miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), de la Asociación Neuropsiquiátrica Argentina (ANA) y de la International Neuropsychiatric Association (INA).· International Member of the American Psychiatric Association (APA).· Docente de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata.
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