El aire, bien vital que compartimos
Hoy, tercer jueves de noviembre, se conmemora el Día Internacional del Aire Puro. Una fecha que nos recuerda que de alguna manera somos lo que respiramos y que el aire es un bien común. Respirar es sinónimo de vivir. Podemos estar sin beber o comer por algunos días, pero no más de unos minutos sin respirar. Nuestra vida es una serie ininterrumpida de inspiraciones y exhalaciones.En realidad la respiración sustenta todas las funciones vitales y es un elemento clave para la buena salud física. En sentido inverso, dejar de respirar equivale a dejar de existir.Cuando alguien muere decimos que "expiró", es decir que dejó de respirar, fue su último aliento. Pocas veces nos percatamos, por tanto, de que sin aire no hay vida.Pero no cualquier aire garantiza la existencia, sino sólo aquel que es puro y de calidad, que tiene la capacidad de oxigenar el cuerpo humano. Un aire viciado o contaminado, en cambio, enferma.Pero desde que las ciudades comenzaron a crecer, el hombre avanza sobre la naturaleza y el medio ambiente se deteriora. El efecto negativo es que el aire que respiramos es menos puro por esta causa.La actividad humana introduce en el aire sustancias extrañas o aumenta a niveles peligrosos otras preexistentes, lo que provoca alteraciones en la atmósfera, haciéndola más "irrespirable".La polución del aire está estrechamente ligada al enorme desarrollo industrial y tecnológico producido desde mediados del siglo XIX. Es uno de los rostros de la actual e inédita "crisis ecológica" que enfrenta la humanidad.La contaminación atmosférica es la contracara del sistema de bienestar inventado por el hombre. Así los vehículos, cuyo número se eleva cada año, emiten monóxido de carbono en cantidades altamente tóxicas.Las refinerías de petróleo, las industrias químicas, los establecimientos ganaderos, las centrales térmicas, las incineradoras de residuos, contribuyen a envenenar el aire.En realidad lo hacen todas las industrias que despiden gases tóxicos: dióxido de carbono, monóxido de carbono, metano, hidrocarburos, amoníaco, dióxido de nitrógeno y plomo, entre otras sustancias que respiramos cotidianamente.Diversas son las patologías que estos elementos producen: afecciones cardiovasculares y respiratorias, irritación ocular, cáncer, mutaciones genéticas y malformaciones genéticas, enfermedades del sistema nervioso central, alteraciones del transporte de oxígeno para la sangre y disfunción renal son algunas de ellas.Otro ejemplo paradigmático de envenenamiento del aire, a nivel individual, es el tabaquismo. Cada vez que una persona fuma un cigarrillo no sólo está arruinando su salud, sino también la del prójimo porque contamina el aire que respiramos todos a su alrededor.Es importante recalcar que el aire es un bien común, lo cual implica que su cuidado concierne tanto a los ciudadanos individualmente considerados, como a los actores sociales, empresas y gobiernos.El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de la humanidad y responsabilidad de todas las personas. El aire entra dentro del concepto del "destino común de los bienes", como ha recalcado el Papa Francisco en su encíclica a favor de la ecología "Laudato si".Eso significa que el aire puro es una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos, y no a unos pocos. Una política que tienda al interés general, debe incorpora en su agenda la necesidad de preservar el aire que respiramos.
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