El ajuste entre la oferta educativa y la laboral
Algunos indicadores insinúan la aparición de un nuevo tipo de estudiante, que no quiere destinarle tantos años de su vida a un título, y aspira a una salida laboral rápida y efectiva.A este perfil se ajusta el crecimiento de la oferta de carreras cortas. Si bien las tradicionales, como abogacía o medicina, siguen figurando arriba en la demanda, esas opciones se amplían cada vez más."Cambió el imaginario de los alumnos con respecto a 'ser profesional'. Para ellos aprobar 36 materias, la cantidad promedio de una cerrara, es mucho", explicó Roberto González, docente de las universidades de Lomas de Zamora y de Flores."Eso, sumado a que convertirse en abogado, por ejemplo, ya no tiene el mismo valor familiar, hace que los chicos se sientan menos presionados a la hora de elegir una carrera. Creo que las universidades han tomado nota de esto y que el mercado laboral también se flexibilizó", afirmó.El dato es que el interés por carreras como psicología, derecho o ciencias económicas se mantiene, pero aparecieron otras nuevas, como curtido y terminación en cuero, u otra relacionada con la producción y diseño de espectáculos.En la Universidad de Lanús, por ejemplo, existen carreras de perfil impensado en otra época: Licenciatura en Nutrición (5 años), con título intermedio de Técnico en Nutrición Comunitaria (3 años); Licenciatura en Tecnologías Ferroviarias, con orientación en Electromecánica Ferroviaria o en Infraestructura Ferroviaria (4 años), con título intermedio de Técnico de Tecnologías Ferroviarias (3 años)Además figura una Licenciatura en Museología Histórica y Patrimonial (2 años). Se trata, en este caso, de un ciclo que completa estudios terciarios en el tema.¿Cómo se decide crear estas nuevas carreras? "Nosotros realizamos estudios de campo para determinar cuáles son las necesidades que existen. En este momento, por ejemplo, vemos que hay un resurgimiento de todo lo que tiene que ver con los trenes y ahí han una demanda", explicó un vocero de la Universidad de Lanús.Aparentemente las universidades no tendrían complejos en abandonar el halo de instituciones dedicadas sólo a saberes con prestigio académico -asociado a carreras tradicionales- para otorgar status de reconocimiento a otros saberes artesanales.Ahora bien, más cantidad de carreras significaría, en principio, que hay más personas interesadas en seguir sus estudios. Pero al respecto, desde las universidades se quejan de que los estudiantes secundarios no llegan con la preparación debida.Una de las claves es revertir la alta deserción que se registra en el primer cuatrimestre del primer año de todas las carreras. "Entre un 30 y 40% abandona antes del primer parcial, cuando recién arrancan", apuntó González.De un tiempo a esta parte se viene escuchando con insistencia que la educación en general no está suministrando el recurso humano que la economía necesita en realidad.Se le pide al sistema educativo que sea capaz de detectar las aptitudes requeridas por el mercado de trabajo, para acomodar su propio currículo. El problema es que nunca es fácil predecir los giros de la demanda del mercado.Las predicciones científicas de las tendencias sociales están sujetas, además, al error. Ocurre, por lo demás, que la economía y los mercados suelen ser volátiles y caóticos.Por eso hay quienes piensan que, dado que la demanda laboral muta todo el tiempo, tiene que haber programas de educación permanentes, en un contexto en que los conocimientos técnicos, y las profesiones asociadas, envejecen más rápidamente.
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