El alcohol, en todas partes y a toda hora
El empleo de bebidas alcohólicas es antiquísimo y aparece difundido entre todos los pueblos de la tierra. Pero el abuso de la bebida en la sociedad contemporánea adquiere dimensiones inéditas. Dicen los etnólogos que no existe ninguna sociedad que no haya logrado producir bebidas fermentadas conteniendo alcohol. Este proceso es probablemente una de las primeras reacciones químicas que el hombre supo realizar.En este sentido, las bebidas alcohólicas han desempeñado un importante papel en la cultura humana. Desde la antigüedad, su uso se ha debido fundamentalmente a sus efectos tónicos y euforizantes, pues produce sensaciones de bienestar y alegría.El consumo de alcohol, incluso, ha sido reconocido como factor de integración social y favorecedor de la convivencia. Aunque en la actualidad es una de las drogas que por su fácil acceso y poderosa publicidad comercial se ha convertido en un verdadero problema social.En una sociedad tan distante de Occidente como la japonesa hay un vínculo tradicional con el alcohol. Casi no hay restricciones y puede beberse mucho, en todas partes y a toda hora, según cuenta Hinde Pomeraniec en el diario 'La Nación'.Japón es el país más tolerante del mundo en esta materia: hay una masiva aprobación ética al consumo. Y de hecho no beber es considerado un signo de debilidad y poca socialización. Rechazar una invitación a un trago puede ser tomado como un insulto.¿Y esto por qué? Pues porque el alcohol pone a prueba uno de los mayores valores de la cultura japonesa: el autocontrol. En el país que sigue siendo la tercera economía mundial, y donde la gente trabaja más de doce horas por día, fluye como una herramienta de liberación.Es decir, beber alcohol en Japón sirve para liberarse del estrés y de la autoexigencia, relaja los controles de una sociedad que acostumbra a excluir al fracasado, y que incluso hace que los japoneses se comuniquen más ente ellos (se dicen cosas que habitualmente no se dirían gracias la bebida).Sin embargo esta indulgencia cultural y moral hacia la bebida, está teniendo un alto costo en materia de adicciones. Recién el año pasado la Legislatura aprobó una ley que reconoce los efectos nocivos del alcohol y su incidencia en tragedias como accidentes de autos, violencia doméstica y suicidios.Políticos de relieve son víctimas de los abusos con la bebida. El ex ministro de Finanzas Shoichi Nakagawa, que en 2009 debió renunciar al cargo porque apareció borracho durante un encuentro del G-7 en Roma, apareció muerto meses después en su cama, luego de un coctel de alcohol y ansiolíticos.Recientemente Yutuka Fukuma, diputado del Partido Demócrata, hizo catarsis en un acto político al reconocer su grave adicción al alcohol. Contó que su padre llegó a poner en sus manos una soga para que se ahorcara, en tanto que su esposa abortó su segundo embarazo para no traer al mundo un niño con un padre alcohólico.En Occidente, en tanto, el alcohol es sinónimo de diversión juvenil. En Barcelona, por ejemplo, los vecinos protestan contra el conocido "turismo de borrachera", asociado a jóvenes visitantes que viajan a la ciudad en busca de fiesta, sol y desenfreno, según consigna BBC Mundo.Los habitantes de Barcelona están acostumbrados a los turistas. Pero últimamente vienen reaccionando con indignación contra un turismo juvenil alcoholizado que, según ellos, no respeta las reglas mínimas de convivencia.Otro signo de que el alcohol es un elemento omnipresente en la sociedad contemporánea.
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