El alcoholismo y su dimensión inquietante
El alcohol figura como la adicción dominante en Argentina, impactando con fuerza en todas las clases sociales. Se calcula que hay más de un millón de alcohólicos en el país.Más allá de los llamados "consumidores sociales" (los que toman alcohol ocasionalmente), existe un importante núcleo de bebedores compulsivos, según el último informe del Observatorio Argentino de Drogas de la Sedronar.Más de un millón de personas de entre 16 y 65 años pueden ser calificadas directamente de alcohólicas, con síntomas de necesidad de ser tratadas por esa adicción.Eso revela la encuesta nacional de consumo de sustancias psicoactivas, efectuada entre noviembre y diciembre de 2010. El estudio detectó que un 13% de la población tiene serios problemas de adicción a la bebida.Cualquier estudio estadístico muestra al alcohol, muy lejos, a la cabeza del ranking de sustancias adictivas. Sin embargo, sobre él se habla mediáticamente menos.Una de las interpretaciones que cabría hacer es que la industria de las bebidas alcohólicas tiene un gran poder de lobby, y de hecho es uno de los grandes auspiciantes de los medios de comunicación y de los eventos de diversión en el país.Por otro lado, no resultaría políticamente correcto insistir contra el alcohol, dado que esta sustancia tiene anclaje social en los sectores medios y altos de la sociedad.Más allá de esta lectura sociológica, lo concreto es que el alcohol aparece como la sustancia de adicción dominante en la sociedad argentina. Y para los especialistas es la "puerta de entrada" a las otras drogas.La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la droga como una "sustancia que, introducida en un organismo vivo, modifica una o varias de sus funciones".Esta definición puede ser aplicada tanto al alcohol y al tabaco, como a las llamadas "drogas duras", que son las que crean dependencia física con mayor rapidez, y que presentan mayor toxicidad.El consumo excesivo de alcohol es uno de los problemas de salud de los adolescentes y jóvenes argentinos. Este consumo ha aumentado en cantidad y frecuencia, mientras que la edad en la que se comienza a beber ha descendido.No sólo eso. Si antes los hombres consumían alcohol en forma privilegiada, ahora las mujeres no se quedan atrás. Estas últimas beben a la par de los varones, generando un cambio de hábito notable el último tiempo.Los menores y jóvenes constituyen el grupo social más vulnerable a adquirir el hábito del "uso y abuso" de alcohol. En el marco de una sociedad que es tolerante con esta sustancia psicoactiva.Esto ocurre pese a que la ciencia alerta sobre los efectos psicológicos y cognitivos producidos por el consumo desmedido de alcohol. Se sabe, por ejemplo, que está asociado con el ausentismo escolar y laboral.También tiene incidencia en los trastornos mentales y en el funcionamiento normal de las facultades cognitivas, como la memoria, las habilidades video-espaciales o velocidades psicomotoras.A ello se suma una mayor predisposición al consumo de drogas peligrosas y a tener comportamientos agresivos. Según la encuesta de Sedronar, la droga ilícita de mayor consumo en el país es la marihuana, en tanto que una de cada cuatro personas es tentada cada año por su círculo de relaciones personales a consumirla.Detrás de las adicciones a la droga y al alcohol intervienen problemáticas familiares, sociales y de personalidad. Aquí la familia tiene un rol preponderante que cumplir frente a este flagelo. El resto de las instituciones (la escuela, el Estado y los medios de comunicación) debe ser solidario en el esfuerzo tendiente a prevenir y combatir las adicciones.
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