El almanaque: el único adversario al que el kirchnerismo no podrá vencer
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La pirotecnia verbal que envolvió a la campaña kirchnerista de la última semana tiene un solo objetivo: instalar la competencia entre ambos candidatos como forma de impulsarlos hacia arriba en las encuestas. Massa le tira los platos por la cabeza a Macri y este ya resolvió que no hay acuerdo posible en el arco opositor. ¿Pagará el costo?Jorge BarroetaveñaEvaluar si Macri pagará el costo de negarse a una gran interna opositora es difícil saberlo, aunque hay algo cierto: el massismo se esmerará en dejarlo mal parado y acusarlo de posibilitar un nuevo triunfo del kirchnerismo en primera vuelta. El fin de semana pasado PRO le cerró definitivamente la puerta a un acuerdo con el Frente Renovador en un distrito clave como es la provincia de Buenos Aires. Con la noticia puesta, una catarata de críticas le llovió al Jefe de Gobierno porteño. Desde el propio Massa, De Narváez y hasta la propia Malena Galmarini le dieron duro y parejo, metiendo el dedo en la llaga de un nuevo triunfo oficialista, posibilitado justamente por la postura macrista de negarse a un acuerdo. Así como Macri lo tiene a Durán Barba, los asesores externos de Massa le advirtieron que, su caída en las encuestas, tiene que ver con votos críticos del proceso que fueron a parar a Macri. Es sencillo, lo que antes veían en él, ahora lo ven en Macri, en cuanto a la chance clara de derrotar al kirchnerismo.La reacción pública del massismo de pedir el acuerdo, no sólo rebela esta estrategia de hacerle pagar el costo político a su adversario, sino también confirma su caída en las encuestas y el intento por recuperar terreno.En PRO el debate sobre qué hacer en Provincia dejó heridos. Al final de todo el precandidato presidencial volvió a escuchar al ecuatoriano Durán Barba y apartó a Emilio Monzó, un operador trascendente en la mayoría de los acuerdos que se celebraron en todo el país, sobre todo con la UCR. Monzó era un férreo defensor de la PASO conjunta en Buenos Aires y quien mantenía las tibias negociaciones con los referentes massistas. Pero perdió la pulseada interna, con los duros que proponen dejar lejos a todo lo que huela a peronismo, para no 'desperfilar' la campaña. ¿Qué significa? Profundizar el perfil 'amarillo' y llevar un PRO puro como candidato a vice. Es una decisión arriesgada porque en muchos distritos del país, el PRO confluye con el Frente Renovador apoyando a un mismo candidato, por eso no tiene mucha lógica hacer lo contrario en Buenos Aires. Aunque en estas lides las cuestiones personales influyen y la relación de Macri con Massa y De Narváez hace mucho que entró en un camino de no retorno. Estamos cada vez más cerca de saber quién tenía razón con esta estrategia, pero el que podría quedar más expuesto es el porteño, sin dudas.Para la Presidenta la idea es hacer unas PASO bien competitivas. Con la comprobación empírica que muchos candidatos no 'garpan', como sucedió en la Ciudad de Buenos Aires, se dedicó a meter mano y presionar para borrar del mapa toda la hojarasca que había entre Scioli y Randazzo. Con su pedido de humildad, Urribarri, Taiana y Rossi dieron un paso al costado, igual que varios precandidatos en territorio bonaerense. Así quedaron para la final, de lo que importa, sólo Scioli y Randazzo. Está claro que la superpoblación de candidatos favorecía a Scioli. Sin otra alternativa a la vista, muchos de los grupos que dividían sus apoyos, es probable que terminen en los brazos de Randazzo, el único verdadero garante del modelo kirchnerista.Reiterar que la Presidenta nunca lo quiso, ni lo quiere ni lo querrá al ex motonauta no es ninguna novedad. Pero está obligada a convivir con él. Se trata pues, sino de frenar lo irreversible, condicionarlo hasta donde se pueda.Zanini en persona viene llamando desde hace días a los gobernadores. Pide apoyos para Randazzo aunque con la mayoría parece haber rebotado. Lo mismo con los caciques del Conurbano. Ninguno quiere perder claro, ni inmolarse por un candidato que los deje sin nada. Y no hay encuesta que diga que Scioli es menos que Randazzo en el universo kirchnerista y todos los saben. Las lágrimas de Karina Rabollini en el programa de Alejandro Fantino fueron el límite para Randazzo que juega con la diferenciación. Tampoco le queda más remedio. Siempre, es ley en una campaña, el que va abajo le tiene que pegar al primero, para situarse imaginariamente en el mismo nivel. Pero corre el riesgo de derrapar y quedar excesivamente agresivo. Es lo que le pasó después que dijo lo que dijo ante los 'intelectuales' de Carta Abierta. La burla a Scioli y los aplausos que siguieron lo dejaron en un lugar incómodo. Su pedido de disculpas fue a medias (otra derrapada) y las lágrimas de Rabollini en lo de Fantino el tiro de gracia. Una mujer llorando porque un competidor se burla de la discapacidad de su marido, es oro en polvo. Reforzó así el papel vital que la primera dama bonaerense tendrá en el tramo final de la campaña, más que cualquier otro colaborador. La ex modelo es un escudo protector para Scioli y atacarla a ella es un riesgo que nadie querrá volver a tomar.La intención de esmerilar a Scioli, echándole leña a la campaña, puede tener otro efecto derivado: impulsar hacia arriba a los dos candidatos e instalar como competitiva la interna del Frente para la Victoria. Ahí se filtra el machaqueo de Massa sobre Macri. A menos de un mes del cierre de las listas los rumores sobre la candidatura de Cristina y Máximo siguen viento en popa. Dependiendo del día y lo que dice el pronóstico meteorológico, la Presidenta es candidata al Parlasur y a las pocas horas a diputada por la Provincia de Buenos Aires. Máximo a la mañana está en Santa Cruz y a la tarde será candidato en Buenos Aires. Nadie sabe a ciencia cierta qué resolverá el círculo íntimo presidencial y cuándo lo comunicará. Eso también desorienta a la oposición.Lo cierto es que, contra muchos pronósticos, Cristina sigue digitando la campaña y manejando con sus hilos, las expectativas. Poco le importa hacer mil cadenas nacionales, como espetó Aníbal Fernández. El kirchnerismo usa todos los recursos que el estado le pone a su alcance y no tiene escrúpulos para hacerlo. Es una lucha contra el almanaque y lo que establece la constitución. Al cabo, es la única pelea que no podrá ganar porque el 10 de diciembre un hombre estará sentado en su sillón. Y ahí empezará otra historia.
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