El árbol confundido
Nada desgasta más, ni limita tanto el crecimiento personal como el dejar de actuar según el modo de ser. Por Elsi Rodrí[email protected] Muchos pueden decir, opinar o criticar, quizás poniendo freno a un débil intento de querer ser uno mismo.Fortalecer el concepto de nuestro propio ser y poner todo el empeño para mejorar aquellas cosas que no nos gustan, favorecerá a una paz interior inigualable. Entonces, desde ese lugar estaremos seguros de cada paso, del destino por el que estamos luchando y nuestro lugar se afianzará en el pensamiento. Nada ni nadie puede detener el vertiginoso avance de quienes están convencidos de una lucha.¡Procura no olvidarlo! ----------------------------------------------- El árbol confundido Había una vez, en algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: ¡No sabía quién era!.Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: “Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosísimas manzanas, ¡ve que fácil es!”“No lo escuches”, exigía el rosal. “Es más sencillo tener rosas y ¡ve que bellas son!”Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: “No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la solución… No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tú mismo, conócete… y para lograrlo, escucha tu voz interior”. Y dicho esto, el búho desapareció.“¿Mi voz interior?… ¿Ser yo mismo?… ¿Conocerme?…” Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión: ¡Cúmplela!”Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
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