El astro rey y nuestros errores
Muchas veces decimos que el Sol es malo, que lástima, como si fuese el malo de la película, sin embargo lo que estamos haciendo es endosarle la culpa de nuestros equivocados comportamientos. Por Abel Lemiña El Sol, esa bola de fuego, alrededor del que giramos los planetas del sistema al que pertenecemos, distante de la Tierra unos 150 millones de kilómetros, es fuente de vida, sin su calor todo sería un gélido final, sin sus rayos no habría día, luz, color, ni fotosíntesis vegetal, sin él no hay posibilidades de vida.Si no recibiésemos sus rayos ultravioletas no se activaría la pro-vitamina D de nuestra piel para transformarla en vitamina y permitir la mayor absorción de calcio para bien de nuestros huesos.Sin embargo, así como es fuente de vida, bondadoso e imprescindible, también puede transformarse en enemigo nuestro, alterando nuestra piel, llegando a castigar las células, o sea que de generadora de vida, puede ser de sufrimiento, de enfermedad y de muerte.El beneficio o el perjuicio no está en el comportamiento solar, sino que depende de las conductas humanas con relación a él, primero y fundamental porque fuimos los perforadores de la capa de ozono, ese filtro que la naturaleza interpuso entre el Sol y la Tierra para que sus rayos lleguen moderados. Emisión de gases, bombas atómicas, aerosoles, todo se sumó para agujerear la capa y lo seguimos haciendo.Intereses económicos, ausencia de conciencia planetaria, desinterés por las futuras generaciones, todo sirvió para darle al Sol su arista nociva. En otra clara demostración de cómo erramos los humanos, basta observar la otra conducta, a esta altura de las circunstancias inentendibles, la de exponerse al sol en forma inadecuada, en tiempo y horario.Así es, contando con la información que hoy en día nadie puede ignorar, miles de personas se exponen como lagartos a los rayos solares en momentos en que la radiación ultravioleta daña. Teniendo como objetivo la estética del bronceado se deja de lado el criterio de la salud.Vale recordar que la piel se dice que tiene memoria, en referencia a la acumulación de la radiación recibida en el transcurso de la vida, ya que no la puede eliminar, en un “suma y sigue” que sólo cada uno tiene la capacidad de frenar o moderar.Esa radiación que puede producir cambios celulares, gestando lesiones de piel, desde manchas hasta el mismísimo cáncer. Bronceado o riesgo cancerígeno, estética momentánea o salud.Cada vez que paso por una playa al mediodía y veo cientos de personas tomando sol me pregunto cómo puede ser que eso ocurra, pero la pregunta no me la tendría que hacer yo, ni encontrar la respuesta en mi pensamiento, sino lo ideal es que cada uno se lo plantee, desde la conciencia individual, que al final de cuentas es la única valedera a la hora de los cambios, lo mío son sólo palabras con buenas intenciones.El Sol no es malo, sucede que lo que está mal es como actuamos ante él, y en repaso de lo planteado hoy en este espacio, me doy cuenta que primero rompimos el filtro natural y luego nos exponemos a los rayos, lo que demuestra que tenemos todos, como especie, un alto grado de inconciencia colectiva que tiene ya características de pandemia y eso también es preocupante.
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