El atractivo de vivir en el Interior
Muchos ejecutivos, empresarios y profesionales, que no toleran el trajín de la metrópoli porteña, deciden instalarse en pueblos o urbes de menor tamaño, en busca de mejor calidad de vida para ellos y sus familias.Son muchas las historias de personas pertenecientes al segmento de clase media alta que, decepcionadas de los grandes centros urbanos, como la Capital (CABA), prefieren mudarse al interior del país.Esta decisión, que muchas veces implica resignar ingresos y visibilidad en el mapa corporativo o en el mundo de los negocios, no se vincula a motivos líricos sino que obedece a un análisis de costo/beneficio.En los casos donde se deja la metrópoli para radicarse en pequeñas ciudades de provincia se observa una constante: las personas involucradas privilegian la calidad de vida por sobre la cuestión fríamente monetaria.Se busca la tranquilidad que hoy está ausente en las grandes ciudades. Cortar la jornada laboral al mediodía, tener más tiempo para buscar a los chicos al colegio y evitar los grandes traslados, están entre las ventajas de las ciudades del interior.Además de la tranquilidad, vinculada estrechamente a la idiosincrasia del hombre del interior, cuyo ritmo de vida es bastante menos vertiginoso que en la gran urbe, la ciudad pequeña es más segura.En ella todavía los hijos van caminando al colegio, a casas de amigos o a practicar deportes, cosas que se han perdido en los grandes centros urbanos de Argentina (CABA, conurbano bonaerense y las capitales de provincia).Hay estudios sociológicos que refuerzan la imagen de un interior del país atractivo. En efecto, algunos señalan que los profesionales jóvenes privilegian hoy los lugares y empleos que les permiten vivir bien y conciliar mejor el trabajo con el tiempo dedicado a las cuestiones personales y familiares.En este grupo pesarían mucho las nuevas demandas y prioridades al interior de la familia, donde los roles de los actores han cambiado (aspiraciones profesionales de la mujer y más injerencia de los hijos, por ejemplo).A todo esto, un estudio llevado a cabo por científicos del Conicet, en 2010, demuestra que las ciudades intermedias, con escala humana (de 50.000 a 400.000 habitantes) ofrecen mejores condiciones de vida que las urbes más populosas."Calidad de vida en Argentina", así se llama el trabajo que analiza a 525 unidades territoriales del país, y cuya idea principal es que las ciudades intermedias son lo suficientemente grandes para contar con la mayoría de los servicios, pero no tanto para padecer las patologías de las grandes urbes, como la degradación ambiental y la inseguridad.Otros estudios sugieren que cuando a las economías regionales les va bien, cuando se abre el horizonte laboral en el interior, que coincide básicamente con un auge del campo, la agroindustria y el turismo, muchos jóvenes provincianos que estudian en Buenos Aires vuelven al pago.El regreso de estos jóvenes profesionales (agrónomos, ingenieros, veterinarios, arquitectos y demás) también tiene que ver con el bienestar asociado al lugar de origen: la vida, los afectos, las costumbres, la integración social, el sentido de pertenencia.Este dato daría fundamento a una política federal que buscase desactivar la megametrópoli argentina (CABA y conurbano bonaerense) a favor de una estrategia de repoblamiento del interior argentino, un espacio geográfico en gran parte vacío.
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