El avispero revuelto
Sucede en todos los procesos políticos: las confrontaciones se agudizan a medida que se acercan los momentos definitorios. Esto ocurre en la puja interna del justicialismo.Por Mario Alarcón Muñiz
En términos estrictos ya no es una interna, pues el gobernador Urribarri irá a las elecciones con la bandera del PJ, el ex gobernador Busti lo hará por afuera encabezando su Frente Entrerriano Federal y el ex senador Maya ha construido el denominado Peronismo Disidente. Como todos proceden del tronco peronista es común hablar de la interna, pero en realidad se trata de un enfrentamiento entre fuerzas distintas y antagónicas, cada una con su propia estructura.Los mismos protagonistas demarcan los límites. Urribarri insiste en hablar de "diferencias ideológicas" al punto de subrayar días pasados que no hay retorno ni posibilidad alguna de entenderse con su antecesor. Para él es asunto terminado por el que no vale la pena gastar más palabras. Busti toma la mayor distancia posible del gobierno y lo pone en evidencia a diario desde su presidencia de la Cámara de Diputados. Ambos operan de manera decidida y sin contemplaciones hacia el otro. La situación de Maya es distinta porque trabaja desde Gualeguaychú, lejos del hervidero político que envuelve a la capital provincial y no desempeña funciones públicas. DesgastesEn la Casa Gris casi todo gira en torno de esta confrontación. Cabe tener en cuenta que en ese gran edificio de fines del siglo XIX también tienen su asiento las cámaras legislativas. Es decir que allí se albergan dos de los tres poderes del Estado con sus conducciones enfrentadas. Si unos habitantes de la casa actúan en un sentido, otros lo hacen en el inverso. Fácil es deducir que se trata de una situación desgastante, no sólo por lo que exige de sus actores (los nombrados y sus respectivos seguidores), sino porque pone en riesgo los asuntos de real interés público que pueden resultar postergados. Se entiende que todo eso forma parte del proceso democrático y por ello es menester respetar la controversia. Sin embargo, ciertas cuestiones suelen plantearse en términos tan ríspidos que obligan a los sensatos (por fortuna hay sobrevivientes) a tirar encima de la riña un manto de reflexión y calma.ReeleccionesEn ese clima las reelecciones han comenzado a girar. Como dentro de cinco meses habrá elecciones internas abiertas y simultáneas para elegir los candidatos, se explica el avispero revuelto de estos días. Nadie que ejerza poder (asi sea un retacito) quiere perderlo. Es natural que así sea y ocurrió siempre. Pero hay límites. Los impone la Constitución.Juan Bautista Alberdi, el célebre autor de las Bases y orientador de la Constitución Nacional de 1853, no quería saber nada con las reelecciones, entendiendo que minaban el sistema democrático sustentado en la renovación, no en la repetición. Ya en vigencia nuestra primera carta magna, siendo Urquiza presidente y a instancias (¡cuándo no!) de su círculo íntimo, el general le consultó a Alberdi sobre la posibilidad de introducir una reforma que permitiera la reelección inmediata. La respuesta negativa de Alberdi fue contundente y sólidamente argumentada, entendiendo que la República y la democracia están por encima de las aspiraciones personales o sectoriales. Urquiza lo entendió.Se dirá con bastante razón que eran otros tiempos. Además estaba aún vigente en casi toda Europa y en buena parte del mundo el régimen monárquico, del que el nuevo sistema necesariamente tenía que diferenciarse. Una forma tajante de hacerlo era la renovación de sus dirigentes.MadurezPor separado de las cuestiones principistas, la sabiduría popular ha acuñado que "nunca segundas partes fueron buenas". Es cierto que tal afirmación es muy general y no sirve de argumento político válido, pero ronda en la cabeza de la gente. No pocos retrucan que "no hay primera sin segunda", planteando que "no está mal repetir un mandato si se han hecho bien las cosas", siempre que realmente se hayan hecho bien.Dirimir esta cuestión no será sencillo. En definitiva lo hará el pueblo. El debate está abierto y probablemente sea motivo de venideras notas en esta columna. Mientras tanto, no viene mal apelar a la madurez de los dirigentes para encontrar soluciones políticas a los problemas políticos. Al final de cuentas, de eso se trata.
En términos estrictos ya no es una interna, pues el gobernador Urribarri irá a las elecciones con la bandera del PJ, el ex gobernador Busti lo hará por afuera encabezando su Frente Entrerriano Federal y el ex senador Maya ha construido el denominado Peronismo Disidente. Como todos proceden del tronco peronista es común hablar de la interna, pero en realidad se trata de un enfrentamiento entre fuerzas distintas y antagónicas, cada una con su propia estructura.Los mismos protagonistas demarcan los límites. Urribarri insiste en hablar de "diferencias ideológicas" al punto de subrayar días pasados que no hay retorno ni posibilidad alguna de entenderse con su antecesor. Para él es asunto terminado por el que no vale la pena gastar más palabras. Busti toma la mayor distancia posible del gobierno y lo pone en evidencia a diario desde su presidencia de la Cámara de Diputados. Ambos operan de manera decidida y sin contemplaciones hacia el otro. La situación de Maya es distinta porque trabaja desde Gualeguaychú, lejos del hervidero político que envuelve a la capital provincial y no desempeña funciones públicas. DesgastesEn la Casa Gris casi todo gira en torno de esta confrontación. Cabe tener en cuenta que en ese gran edificio de fines del siglo XIX también tienen su asiento las cámaras legislativas. Es decir que allí se albergan dos de los tres poderes del Estado con sus conducciones enfrentadas. Si unos habitantes de la casa actúan en un sentido, otros lo hacen en el inverso. Fácil es deducir que se trata de una situación desgastante, no sólo por lo que exige de sus actores (los nombrados y sus respectivos seguidores), sino porque pone en riesgo los asuntos de real interés público que pueden resultar postergados. Se entiende que todo eso forma parte del proceso democrático y por ello es menester respetar la controversia. Sin embargo, ciertas cuestiones suelen plantearse en términos tan ríspidos que obligan a los sensatos (por fortuna hay sobrevivientes) a tirar encima de la riña un manto de reflexión y calma.ReeleccionesEn ese clima las reelecciones han comenzado a girar. Como dentro de cinco meses habrá elecciones internas abiertas y simultáneas para elegir los candidatos, se explica el avispero revuelto de estos días. Nadie que ejerza poder (asi sea un retacito) quiere perderlo. Es natural que así sea y ocurrió siempre. Pero hay límites. Los impone la Constitución.Juan Bautista Alberdi, el célebre autor de las Bases y orientador de la Constitución Nacional de 1853, no quería saber nada con las reelecciones, entendiendo que minaban el sistema democrático sustentado en la renovación, no en la repetición. Ya en vigencia nuestra primera carta magna, siendo Urquiza presidente y a instancias (¡cuándo no!) de su círculo íntimo, el general le consultó a Alberdi sobre la posibilidad de introducir una reforma que permitiera la reelección inmediata. La respuesta negativa de Alberdi fue contundente y sólidamente argumentada, entendiendo que la República y la democracia están por encima de las aspiraciones personales o sectoriales. Urquiza lo entendió.Se dirá con bastante razón que eran otros tiempos. Además estaba aún vigente en casi toda Europa y en buena parte del mundo el régimen monárquico, del que el nuevo sistema necesariamente tenía que diferenciarse. Una forma tajante de hacerlo era la renovación de sus dirigentes.MadurezPor separado de las cuestiones principistas, la sabiduría popular ha acuñado que "nunca segundas partes fueron buenas". Es cierto que tal afirmación es muy general y no sirve de argumento político válido, pero ronda en la cabeza de la gente. No pocos retrucan que "no hay primera sin segunda", planteando que "no está mal repetir un mandato si se han hecho bien las cosas", siempre que realmente se hayan hecho bien.Dirimir esta cuestión no será sencillo. En definitiva lo hará el pueblo. El debate está abierto y probablemente sea motivo de venideras notas en esta columna. Mientras tanto, no viene mal apelar a la madurez de los dirigentes para encontrar soluciones políticas a los problemas políticos. Al final de cuentas, de eso se trata.
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