El cambio histórico y las revoluciones
Nuestra época es hija de la aceleración histórica. Las transformaciones se suceden casi vertiginosamente a nuestro alrededor y domina la ideología de que todo cambio siempre es mejor.Nuestro conocimiento de las cosas y nuestro poder sobre ellas no dejan de dilatarse por efecto de los adelantos científico-técnicos. Los descubrimientos en el campo de la genética, por caso, están planteando nuevos interrogantes antropológicos.Quienes adhieren a la aspiración de que la ciencia logre manipular la vida creen que pronto será posible modelar al hombre del futuro, cambiándolo de raíz.La imagen que ofrecen hoy las ciencias biológicas sugiere que no hay nada fijo ni permanente. Y que las pruebas de la maleabilidad -la clonación y la hibridación- anticipan una intervención radical del hombre.¿Es posible la invención humana sobre un nuevo molde biológico? Una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos, ¿podría dar como resultado a seres posthumanos?¿Es una utopía pensar que algún día la ingeniería genética, tras descifrar los misterios del genoma humano, podrá producir una suerte de superhombre, que ha sido el sueño de las ideologías del cambio?Alterar la base genética de la especie: eso sí sería una verdadero cambio antropológico. Ahora bien, mientras muchos biólogos coinciden en que clonar humanos es una cuestión de tiempo, otros analistas cifran todas sus fichas en los cambios socio-económicos que ya están operando las nuevas tecnologías digitales."Internet, la revolución que Marx no imaginó". Así tituló un reciente artículo el analista en temas internacionales Jorge Castro, para quien la hiperconectividad, mediada digitalmente, representa un nuevo escalón histórico.La tecnología de la información, sostiene, está en la base de la aceleración histórica actual. Es la causa eficiente, en el plano económico y social, de un nuevo orden postcapitalista que, según Castro, está emergiendo imparable.La palabra "revolución" condensa la concepción según la cual todo cambio es bueno, que ha sido la ideología dominante al menos en los dos últimos siglos. La modernidad, por ejemplo, es producto de dos grandes revoluciones, la francesa en el plano político, y la industrial en el económico.Revolución proviene de la palabra latina 'revolutum', que se puede traducir como "dar vueltas". Por tanto denota un cambio o transformación radical respecto al pasado, y se puede producir en distintos órdenes (científico, político, social, cultural, religioso, etc.).En el mundo sociológico se suele contraponer al término "evolución". En realidad ambos términos se refieren a fenómenos similares: el cambio social de tipo progresivo, aunque las características de esos procesos son diferentes en uno y otro cambio.Evolución se aplica a los cambios graduales, prolongados a lo largo de un lapso considerable; revolución, en cambio, designa a los cambios drásticos, concentrados en un breve lapso, algunas de las cuales son violentas.Los incondicionales del cambio dan por descontado que siempre es para mejor, que todo dominio del hombre sobre su entorno y sobre él mismo, implica un avance positivo. Las innovaciones sociales, los saltos tecnológicos, serían siempre por tanto bienvenidos.¿Es tan así? ¿Toda mutación y ruptura del orden existente, todo progreso material y tecnológico, es algo bueno en sí mismo, lleva implícito su propia justificación? Además, los progresos materiales, ¿equivalen a progresos éticos?
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