El caos en las rutas
En tiempos en que se acercan estas fechas y las familias se trasladan para compartir la última cena del año con familiares y amigos, las rutas se cargan de vehículos que circulan apretados por rutas y autopistas.Pero aunque la situación parezca momentánea por la fecha, lo cierto es que el peligro se ha vuelto generalizado. Antes podíamos puntualizar la ruta 2 a Mar del Plata, particularmente en tiempos que no era una autopista, como un escenario permanente de tragedia y muerte.Cuando se hablaba de accidentes de tránsito, las referencias estadísticas prácticamente tenían como eje referente exclusivo, esa vía de comunicación bonaerense.En estos tiempos, con la evolución y multiplicación geométrica del parque automotor, no queda ruta nacional, provincial o camino zonal alguno, que no esté teñido con un doloroso recuerdo sangriento.A la causa ya apuntada del incremento de la cantidad de vehículos en circulación, se pueden agregar otras varias. La falta total y casi absoluta de educación vial, la falta también generalizada de respeto a las más elementales normas de tránsito, así como también la precariedad en el estado de miles y miles de vehículos que transitan por esas rutas, sin frenos, sin luces, en una temeraria conducta irresponsable de muchos que viajan en ellos, siendo también un riesgo inaceptable para quien también se traslada pero bajo condiciones de seguridad aceptables.Todo conforma una especie de cóctel siniestro, dotado de una gran dosis de falta de solidaridad, y un total desapego por lo que indican elementales normas de conducta social.El estar posicionados en la cabeza de un ranking mundial que debiera avergonzarnos, pero sobre todo hacernos reaccionar, transforma en urgente revertir un proceso desquiciante que debe acabarse.Efectivamente, cuando se estudia y analiza cada uno de los episodios que conforman la más alta tasa de siniestros producidos anualmente, termina por concluirse que el mayor grado de responsabilidad, el motor de lo que no tiene que ser y lo que no se debe hacer, está originado en el hombre que maneja un vehículo.En el vehículo que sea. Los choferes de los ómnibus que atraviesan las rutas del país, lo mismo que quienes conducen camiones, autos y hasta quienes van en moto o bicicleta.De la mayoría de ellos podemos afirmar con toda seguridad, que están dotados de una incultura manifiesta, y que también hacen gala de una irresponsabilidad destructora de vidas, en primer lugar, y que también se convierten en precursores de daños multimillonarios que podrían ser evitados.Es lógico que para que se puedan evitar, es urgente una transformación mental, que se produzca con la adopción de convicciones férreas que permitan convencernos de que la transformación es posible.Arrancar desde la escuela los primeros pasos. Comenzar con los más pequeños en Jardín de Infantes, pero proyectar durante todos los ciclos una semilla constante y sostenible sobre las normas y las maneras de hacer bien las cosas.Es la única manera de acabar con este caos diario que vivimos y nos acosa a cada instante. Es la única manera también para que empecemos a parecer, y ser en materia de comportamiento, un país serio, solidario y muy responsable.Estos tiempos de viajes nos dan la oportunidad de comenzar a demostrarlo, con responsabilidad, respetando las normas y, en definitiva, respetando la vida de los nuestros y los semejantes que quieren brindar con nosotros en este fin de año.El comienzo de esta nueva década es una buena excusa para poner en práctica aquello que hace años venimos bregando.
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