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El catastrófico impacto ambiental que tienen las quemas en las islas del río Paraná

Los incendios afectan a los animales y a la vegetación y degradan la calidad del suelo, el agua y el aire. Allí viven 50 especies de mamíferos, 260 de aves, cerca de 300 de peces, 27 de anfibios y más de 30 de reptiles.

Por Amilcar Nani

Las quemas de pastizales en las islas del Delta del Paraná son el mayor problema ambiental de la región en un año marcado además por una bajante extraordinaria del río. Con más de 4.200 focos detectados entre enero y junio, el fuego deja marcas profundas en el territorio del humedal: algunas son visibles de manera inmediata, mientras que otras recién se verán en el mediano y largo plazo. Todas son graves y modifican el equilibrio de un sistema frágil que depende del equilibrio de todas sus piezas para funcionar bien.

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Las quemas generan impactos inmediatos y otros que recién se perciben a mediano o incluso a largo plazo: mortandad de animales, pérdida de hábitat natural para muchas especies, empobrecimiento de los suelos, contaminación del agua y del aire e incidencia en las emisiones que generan el cambio climático son algunos de esos impactos que alteran el equilibrio vital de las más de 700 especies de plantas y animales (50 especies de mamíferos, 260 de aves, cerca de 300 de peces, 27 de anfibios y más de 30 de reptiles) que usan estos ambientes como hábitat.

2020 está caracterizado por una extrema sequía en el Delta, producto de una bajante histórica del río Paraná. Los suelos secos de zonas antes anegadas, con mucha materia orgánica, así como la vegetación seca en pie, resultan en material combustible y dificultan el control de los incendios, señala el documento “El Delta en llamas” realizado por Patricia Kandus, Natalia Morandeira y Priscilla Minotti de la Universidad de San Martín.

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Las especialistas destacaron que en las islas más del 80% de la vegetación es herbácea y sumamente diversa, mientras que apenas el 4% está ocupado por bosques nativos. “Lo que se suele quemar son los humedales herbáceos y con ello se afecta también su enorme biodiversidad”, advierte el documento.

Pero además de afectar a la biodiversidad, las quemas también atentan contra los usos y modos de vida isleños. “Las quemas impactan directamente sobre la pesca y la apicultura al destruir hábitat de peces y la flora apícola. Las actividades turísticas y deportivas también son perjudicadas, al degradar la calidad del aire y de los paisajes isleños”, informaron las tres científicas.

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Graciela Klekailo, que es especialista en ecología vegetal y docente en la UNR, explicó que existen diferencias en la forma en la cual las quemas afectan a la flora y fauna. En relación a los animales, hay grupos menos afectados en primera instancia que son aquellos con capacidad para moverse rápido, como las aves. “Durante los incendios las aves estarán en general menos afectadas que los anfibios y los reptiles, que se mueven menos rápidamente o no logran escapar. Eso dentro de lo que llamamos efectos directos e inmediatos del fuego”, dijo la docente, que agregó que incluso aquellos que logran irse padecen a futuro las consecuencias de las quemas.

“Los grupos que podrían escapar, como las aves, igual sufren impactos porque se destruyen los lugares donde anidan o tienen sus perchas en los pastizales altos o juncales. Cuando ese ambiente pierde superficie, se ven afectados a la larga también, por lo que todas las especies se ven afectadas a corto, mediano o largo plazo”, señaló.

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Klekailo apuntó a las causas que generan el fuego, con la “limpieza” del terreno para ganadería como razón principal. “Puede haber casos originados por pescadores o cazadores furtivos, pero las grandes superficies son tierras para ganadería”, una práctica que en su visión debería limitarse al mínimo o no hacerse ya que trae otros problemas además de las quemas.

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