El clarinete judicial sigue tocando una música que no le gusta nada al gobierno
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Los problemas no se terminaron con los resultados del 11 de agosto. En rigor no se terminarán nunca pero parece intencional su acumulación en tan pocos días. Las elecciones no son lo único, la gestión es la que llama y es la misma que salvará o hundirá las posibilidades del oficialismo el 27 de octubre. La Presidenta lo sabe. Jorge Barroetaveña De golpe la campaña y el análisis de los resultados del 11 de agosto pasaron a segundo plano. Es que la dinámica de la gestión tiene tal velocidad, que los problemas no esperan y si no se resuelven se multiplican. No han sido días de buenas noticias para el gobierno. A la catarata de medidas judiciales en temas espinosos, ninguna favorable a las posturas oficiales, le siguieron los fallos externos adversos y la sensación, cada vez más patente, que la suerte electoral estará atada a los actos de Daniel Scioli. Nadie le podrá reprochar al bonaerense no haberse puesto la campaña al hombro y jugar por salvarle las papas al proyecto. Pero nadie tampoco podrá pedirle de ahora en más que no abra la boca para recordar que no renunció a ninguna de sus intenciones para el 2015. "Este gobierno tiene que terminar lo mejor posible", dijo el jueves, en una definición muy jugada, ante el Concejo de las Américas en Buenos Aires. Claro, los 'ladradores' históricos de Scioli como Kunkel, Conti o Mariotto tuvieron que tragarse la lengua ante semejantes palabras.Lo que no entienden, aquellos que ahora le reprochan al gobernador de Buenos Aires, su defensa del kirchnerismo, es que está luchando por la supervivencia de su propio proyecto. Scioli ya no pelea por Cristina ni por La Cámpora. Menos por algunas batallas a las que el gobierno suele ser afecto cuando habla de las corporaciones. Está tratando de salvar su ambición de ser presidente dentro de dos años, ante los embates de un tal Sergio que se atrincheró en Tigre y desde ahí acumula fuerzas para ir por todo.Tanta preocupación causa en el sciolismo la aventura massista que ya piden una interna y advierten que todo debería dirimirse 'dentro del PJ' en una interna entre ambos. El que gana va por el premio mayor y el que pierde se queda con la Provincia de Buenos Aires. El temor al 'salto con garrocha', una práctica habitual en todos los partidos políticos cuando se ve venir la debacle o, simplemente, un cambio en los liderazgos, se agiganta en medio de un escenario electoral adverso en el Conurbano, históricamente volátil. Son los mismos personajes que, en más o en menos, ya se lo hicieron a Menem, a Duhalde, a Kirchner y ahora bien podría ser el turno de Cristina y hasta del propio Scioli.Massa se pavonea con dirigentes que modifican su fidelidad y se saca fotos con todos ellos. Su objetivo es perforar el techo del 40% y sacarle 10 puntos de ventaja a Insaurralde. Sería el mejor escenario para sus aspiraciones. Suena raro pero el tigrense es un retoño del kirchnerismo. No sólo porque él mismo fue funcionario de Néstor y Cristina sino también porque se ha rodeado de innumerables 'ex'. Lavagna, Redrado, Peirano y cada uno de los intendentes del Gran Buenos Aires que lo respaldan fueron kirchneristas de tiempo y hora. Desde lo discursivo encima recupera los aires de la Cristina del 2007 que hablaba de mejorar la calidad institucional y sintonía fina para el modelo. No hay peor cuña que la del mismo palo.Pero Massa ha salido, por estas horas, del centro de la mira oficial. Otros problemas, más urgentes dejaron a la Presidenta en Olivos junto a buena parte del equipo económico. Al intento de diálogo en Río Gallegos hay que ponerle los números. La administración sureña quiere hacer un anuncio importante sobre el impuesto a las ganancias, pero la cuestión es quién se hace cargo de los costos. Son 15.000 millones de pesos que dejarán de entrar a las arcas del estado y la plata, de algún lado tiene que salir. Si no la ponen las empresas, habrá que ajustar el torniquete de algún impuesto o crear uno nuevo. Las alternativas no son muchas y eso es lo que desvela a la Presidenta.El clarinete judicial tampoco trajo buenas noticias. Amparos terminaron protegiendo el desalojo de LAN Chile del Aeroparque, el predio de Palermo en manos de la Sociedad Rural y le han puesto un cepo, al menos por un tiempo, a la intención oficial de avanzar para intervenir el Grupo Clarín. Por si fuera poco un fallo de la Cámara de Apelaciones de New York le dio la razón a los fondos buitres que reclaman el pago de 1.300 millones de dólares. La resolución, esperable, igual implicó un golpe duro para el equipo económico, que demasiados problemas tiene en el frente interno para sumar más en el externo. El viernes arreciaron los rumores sobre la renuncia de Guillermo Moreno, aunque cuanto más se habla, menos probable es que suceda. En los códigos del kirchnerismo y de cualquier gobierno, sería un signo de debilidad cortar cabezas en estas circunstancias. Aunque también es cierto que los tiempos se agotan y la Presidenta está obligada a emitir señales. La fecha de vencimiento es el 27 de octubre y en ese lapso deberían registrarse los cambios o, al menos, la sensación que algo está cambiando.El desafío que enfrenta el gobierno es grande, en medio de un escenario adverso. Los problemas de la economía llegaron hasta las urnas, pero la política, con su pelea por la sucesión, es un examen que la realidad empezó a tomarle a los actores de relevancia. El poder, como el agua que busca la pendiente, está tomando nuevos rumbos. La cuestión será que la pendiente no haga trastabillar a nadie y la transición sea lo más pacífica y tranquila posible. Claro, en el medio estás las demandas que no esperan, pero esas son las reglas de la política. Y si no muchachos, se hubieran dedicado a otra cosa.
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