El clima desquiciado no da tregua en verano
Los vientos arrolladores, que dejan devastación a su paso, y un efecto de desmoralización en la población, son la nota distintiva hasta acá del verano, en Entre Ríos y el país.Gualeguaychú conoció la semana pasada el impacto de una tormenta borrascosa. Desde entonces, un lógico temor cunde entre los vecinos ante la aparición de nubes de tormenta.Un sentimiento de inquietud por lo que pueda pasar emerge cada vez que el cielo se oscurece. Lo que antes podía ser visto incluso como benéfico -una lluvia reparadora tras las altas temperaturas- hoy genera pánico.La postal de destrucción de la ciudad de Gualeguay, donde vientos de hasta 100 km/h volaron los techos de 300 casas y dejaron sin servicios básicos a la población, atestigua la violencia con que se está manifestando la naturaleza.¿Por qué los vientos están soplando más fuerte que de costumbre? ¿Por qué las tormentas son tan severas? ¿A qué atribuir estos berrinches climáticos, que tienen a todo el mundo con el Jesús en la boca?Los expertos hablan de que es a causa de la consolidación del fenómeno de El Niño. Y vaticinan que este tipo de tormentas fuertes serán habituales en la época estival.El jefe de meteorología del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), Carlos Benítez, indicó que tormentas de estas características habrá hasta mayo. Es decir, se prevén temporales devastadores para los próximos meses.Como se ve, un pronóstico nada halagüeño que plantea no sólo la necesidad de prepararse psicológicamente ante los avatares del clima, sino también de tomar recaudos desde el punto de vista comunitario.Al parecer las fuertes precipitaciones se repetirán a lo largo del verano, y esto a diferencia del año pasado, que estuvo marcado por la sequía. Todo se debe a la presencia de El Niño, un síndrome climático, erráticamente cíclico, que consiste en un cambio en los patrones de movimientos de las masas de aire.Este episodio, que se inicia en el océano Pacífico tropical, cerca de Australia e Indonesia, provoca estragos a escala mundial, desencadenando mayores precipitaciones en esta parte del mundo.Por otra parte, la "repetición de fenómenos meteorológicos severos se puede explicar a partir del calentamiento global y progresivo de la atmósfera, que genera mayor disponibilidad de energía calórica", sostiene Eduardo Piacentini, director del Departamento de Vigilancia de la Atmósfera y Cambio Global del SMN."Esta energía -continuó- se transforma en movimiento, lo que da origen, entre otros fenómenos, a vientos de mayor intensidad en regiones localizadas, aunque no lleguen necesariamente a la intensidad de tornado".Osvaldo Manzini, especialista en cambio climático, coincidió: "Cada vez habrá vientos más intensos y más frecuentes con tormentas más violentas".Por su parte, Héctor Ciappesoni, director del SMN, explicó que la tormenta de antes de ayer, que impactó en varias zonas del país, y produjo severos daños en Gualeguay, no fue propiamente un tornado.Fue en realidad una "tormenta con cierto grado de severidad, con vientos de máxima de 100 km/h. A pesar de la magnitud, no podemos decir que se trate de un tornado. Si no hay rotación (de vientos), no hay tornado, y eso no pasó".Según dijo, "las ráfagas de un temporal empujan, derriban, mientas que las de un tornado absorben con fuerza centrífuga".Por lo visto, al decir de los expertos, estas precipitaciones fuertes, acompañadas de recios vientos, se irán repitiendo y durarán hasta el comienzo del próximo otoño.El ritmo de vida individual, y el de cada localidad, estarán signados este verano por un clima errático y hostil.
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