El clima le inyecta suspenso a la economía
La producción granaria, abecé de la economía argentina, necesita de aliado al clima. Por eso la falta de agua es una amenaza que se cierne sobre la Argentina.
Mientras muchos veranean y disfrutan, en las ciudades, de las vacaciones, la agricultura, que es clave para las economías de tantas provincias, y del país en general, pena por una sequía que ya está produciendo pérdidas.
Las más fértiles regiones agrícolas, la denominada zona núcleo y su periferia en las provincias de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, La Pampa y Entre Ríos, son las más comprometidas por la falta del insumo más importante: el agua de lluvia.
Después de varios días sin precipitaciones, se han venido registrando lluvias de variada intensidad en buena parte de esas zonas, aunque no cesa el pedido de los productores por ayuda, y aún es difícil saber cuál es el verdadero impacto del fenómeno climático sobre la producción, sobre todo del maíz y la soja.
Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se aclara que el efecto será menor a la emergencia hídrica de 2008, que asentó por entonces un duro golpe al campo.
Sin embargo, las primeras estimaciones marcan que hay más de 10 millones de toneladas perdidas de maíz y, en el caso de la soja, difícilmente se alcancen los 50 millones de toneladas previstos.
En la provincia el cuadro es complicado. Alfredo Bel, de Federación Agraria de Entre Ríos, aseguró que las zonas más afectadas por la sequía son "el departamento Gualeguaychú, Gualeguay, parte del departamento Uruguay, Tala, parte del departamento Nogoyá y parte del de Villaguay", según consigna la página elentreríos.com.
El dirigente reveló que será crucial lo que pase con las lluvias esta semana y la próxima, aunque aclaró que ya se han registrado pérdidas irreversibles en el caso del maíz.
A todo esto, el presidente de la Asociación de Citricultores del Rosario, Gustavo Cechetto, dijo que "de continuar el intenso calor, en aproximadamente 10 días comenzaremos a tener problemas".
Productores por un lado, y funcionarios por otro, miran el pronóstico, deseando que llueva en lo que resta del mes. En el primer grupo, la preocupación es lógica, toda vez que viven de lo que producen en el campo. En el segundo, el temor se mide por la pérdida de ingresos fiscales.
El principal temor es la soja, devenido en el commoditie estrella de la Argentina, y en la locomotora de la economía del interior del país. El año pasado, del total de las exportaciones del complejo agrario, estimadas en 31.000 millones de dólares, la soja aportó poco más de 20.000 millones.
De esa torta el fisco saca una suculenta tajada. Las retenciones a la soja es la que más dólares aporta del rubro exportación, con 7.300 millones de dólares en 2011.
Es lógico que todos miren al cielo. Las economías de la pampa húmeda, con la actividad conexa del comercio y la industria, giran alrededor de la producción granaria.
En tanto que el fisco y la macroeconomía del país descansan en la capacidad del sector que más divisas aporta. Más allá de cualquier consideración económica y política, el punto es que la Argentina se ha convertido en un país sojadependiente.
Así como Venezuela, por caso, depende de la renta del petróleo, Argentina y países de la región (como es el caso de Paraguay) están atadas a los réditos de un cultivo muy demandado por China y Asia.
El precio de este commoditie es por tanto de un alto valor estratégico para el país. Se trata de una variable muy sensible a la hora de considerar el futuro económico.
Está demás decir que hay otra variable no menos sensible: el clima.
Mientras muchos veranean y disfrutan, en las ciudades, de las vacaciones, la agricultura, que es clave para las economías de tantas provincias, y del país en general, pena por una sequía que ya está produciendo pérdidas.
Las más fértiles regiones agrícolas, la denominada zona núcleo y su periferia en las provincias de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, La Pampa y Entre Ríos, son las más comprometidas por la falta del insumo más importante: el agua de lluvia.
Después de varios días sin precipitaciones, se han venido registrando lluvias de variada intensidad en buena parte de esas zonas, aunque no cesa el pedido de los productores por ayuda, y aún es difícil saber cuál es el verdadero impacto del fenómeno climático sobre la producción, sobre todo del maíz y la soja.
Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se aclara que el efecto será menor a la emergencia hídrica de 2008, que asentó por entonces un duro golpe al campo.
Sin embargo, las primeras estimaciones marcan que hay más de 10 millones de toneladas perdidas de maíz y, en el caso de la soja, difícilmente se alcancen los 50 millones de toneladas previstos.
En la provincia el cuadro es complicado. Alfredo Bel, de Federación Agraria de Entre Ríos, aseguró que las zonas más afectadas por la sequía son "el departamento Gualeguaychú, Gualeguay, parte del departamento Uruguay, Tala, parte del departamento Nogoyá y parte del de Villaguay", según consigna la página elentreríos.com.
El dirigente reveló que será crucial lo que pase con las lluvias esta semana y la próxima, aunque aclaró que ya se han registrado pérdidas irreversibles en el caso del maíz.
A todo esto, el presidente de la Asociación de Citricultores del Rosario, Gustavo Cechetto, dijo que "de continuar el intenso calor, en aproximadamente 10 días comenzaremos a tener problemas".
Productores por un lado, y funcionarios por otro, miran el pronóstico, deseando que llueva en lo que resta del mes. En el primer grupo, la preocupación es lógica, toda vez que viven de lo que producen en el campo. En el segundo, el temor se mide por la pérdida de ingresos fiscales.
El principal temor es la soja, devenido en el commoditie estrella de la Argentina, y en la locomotora de la economía del interior del país. El año pasado, del total de las exportaciones del complejo agrario, estimadas en 31.000 millones de dólares, la soja aportó poco más de 20.000 millones.
De esa torta el fisco saca una suculenta tajada. Las retenciones a la soja es la que más dólares aporta del rubro exportación, con 7.300 millones de dólares en 2011.
Es lógico que todos miren al cielo. Las economías de la pampa húmeda, con la actividad conexa del comercio y la industria, giran alrededor de la producción granaria.
En tanto que el fisco y la macroeconomía del país descansan en la capacidad del sector que más divisas aporta. Más allá de cualquier consideración económica y política, el punto es que la Argentina se ha convertido en un país sojadependiente.
Así como Venezuela, por caso, depende de la renta del petróleo, Argentina y países de la región (como es el caso de Paraguay) están atadas a los réditos de un cultivo muy demandado por China y Asia.
El precio de este commoditie es por tanto de un alto valor estratégico para el país. Se trata de una variable muy sensible a la hora de considerar el futuro económico.
Está demás decir que hay otra variable no menos sensible: el clima.
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