El complicado cuadro tras la fuerte devaluación
La salida de capitales golondrina (de corto plazo) ha provocado un salto devaluatorio significativo del peso argentino, lo que está generando una escalada inflacionaria interna preocupante.El mix de malas noticias en la primera parte del año, como la sequía inédita que afectó al campo y la suba de tasas de interés en Estados Unidos, y su guerra comercial con China que afectó a los países emergentes, derivaron en una fuerte salida de capitales, que dejo como consecuencia que el dólar se apreciara 125% en doce meses.La administración Macri trata de solucionar el escenario de escasez de dólares a través de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que en teoría le dé cobertura para cambiar la ecuación: de fuga de capitales a ingreso de dólares.Con este acuerdo el gobierno aspira a ingresar a un escenario de revaluación del peso donde el dólar deje de fluctuar para arriba. Aunque ahora el problema es la inflación que se ha disparado.Desde el punto de vista macroeconómico muchos economistas reconocen que la devaluación argentina era inevitable, ante la situación heredada de atraso cambiario, producto de que la inflación acumulada no se venía reflejando en la paridad con el dólar.Es bueno recordar, al respecto, que la devaluación es consecuencia de la inflación, un reacomodamiento del tipo de cambio a la suba de precios internos.El atraso cambiario de los últimos años había restado competitividad a la economía argentina (era cara en dólares), al tiempo que había ampliado peligrosamente la brecha de la balanza comercial a favor de las importaciones.Para evitar la fuga de capitales o la pérdida de sus reservas, el Banco Central (BCRA) decidió dejar flotar el tipo de cambio en los últimos meses, haciendo que el nuevo precio del dólar se acerque a un valor de "equilibrio" (que algunos sitúan en torno a 39 pesos).Está claro que una devaluación hace disminuir la confianza en la moneda nacional y en la economía en general. Por lo pronto una moneda de menor valor hace más costosas las importaciones.Eso significa que hace falta una mayor cantidad de divisa nacional para comprar divisa extranjera y por lo tanto importar bienes y servicios.Pero el impacto social se refleja en el hecho de que toda devaluación provoca un aumento de los precios de los bienes y servicios, afectando el poder de compra de la población.El problema a dilucidar a partir de ahora es si la inflación se desbocará, incluso pudiendo llevar a una situación de hiperinflación. En cambio si la corrección de los precios internos es moderada, la devaluación podría ser "exitosa".En este último caso, una moneda de menor valor beneficia a las exportaciones, ya que con la misma cantidad de moneda extranjera pueden comprarse más divisas nacionales (por lo tanto más bienes y servicios) y así las exportaciones aumentan, algo muy bueno para cualquier economía. Todo esto, claro, siempre y cuando la devaluación no genere una inflación importante en el país.En el plano fiscal, el gobierno tiene un beneficio neto al devaluar. Viene del lado de los ingresos del comercio exterior, sobre todo a partir de que se reinstalaron las retenciones a todas las ventas externas.Por otra parte, un tipo de cambio alto (dólar caro) permite licuar el gasto público en un país que padece de un déficit fiscal crónico. Como ha ocurrido tantas veces en el pasado, el Estado "transfiere" vía devaluación una parte de los ingresos de la población hacia sus arcas.
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