El comprador chino, ¿es acaso imperialista?
El gobierno chino escuchó con paciencia oriental las quejas de Cristina Kirchner por la soja, pero se mantuvo en la tesis de que China compra si la dejan vender.La presidenta de Argentina fue al país asiático a solucionar el diferendo comercial desatado entre los dos países. Esto luego de que el gobierno de Beijing decidiera limitar la compra de aceite de soja, en respuesta a las restricciones que puso Argentina a importaciones chinas.Aunque se creó una "comisión" para seguir tratando el problema, todo indica que el gobierno de Hu Jintao no se movió de su postura, consistente en aplicar represalia contra Argentina, a la que acusa de poner freno a los productos chinos.Lo que pasó era algo previsible. En el mercado internacional, en términos generales, no rigen las adhesiones ideológicas, sino los intereses. Y China, la emergente potencia mundial, compra si le compran.Como sea, resultaron llamativas las quejas de la mandataria argentina. En diálogo con la prensa, habló de romper con el esquema actual en que el "98% de lo que ellos (los chinos) nos venden tiene un alto valor agregado (maquinas, herramientas, electrónicos) y el 82% de lo que nosotros le vendemos no lo tiene".Como parece bastante claro que la industria en Argentina no está en condiciones de abastecer con manufacturas al mercado asiático, Cristina Kirchner exhortó a los propios chinos a que inviertan en nuestro país, y monten aquí la industria que no existe.Alentó la llegada de inversiones asiáticas a estas pampas, para que "ayuden a crear puestos de trabajo en el país" y "mayor valor agregado para las exportaciones argentinas"."La inversión en nuestro país la podrían usar como plataforma al mundo", le aconsejó la presidenta argentina a su par chino. A decir verdad, estas declaraciones y el diferendo con China nos retrotraen a la década de los '70.Por entonces en América Latina se puso en boga la "teoría de la dependencia", una explicación de cuño marxista según la cual unos países, los industrializados, explotan a otros, los productores de materia prima.Es la dialéctica amo-esclavo aplicada al comercio mundial. El esquema teórico venía a explicar este dilema: ¿por qué en el Tercer Mundo se perpetúan la pobreza, el subdesarrollo y la injusticia social?La respuesta, según esta perspectiva, empalma con la evolución histórica del capitalismo, que dio lugar a una determinada división entre los países: los desarrollados (centrales) y los subdesarrollados (periféricos).Dentro de esa dinámica, la periferia se ve obligada a especializarse en la producción de materias primas que se venden a los países centrales a precios fijados por estos últimos; los cuales se deterioran a la par que aumentan en forma constante los de los productos industriales fabricados en el centro.El subdesarrollo, por tanto, es una consecuencia necesaria de esta división internacional que imponen los países industriales, dentro de un marco político de "imperialismo" capitalista.La pregunta es: ¿acaso la queja de Cristina Kirchner ante las autoridades chinas no desempolva la "teoría de la dependencia"? ¿No emana de alguien que se siente en condición de explotado?Lo que es paradójico es que en otro tiempo, cuando era pobre, cuando formaba parte del pelotón de los países del Tercer Mundo, China hacía estos planteos al odiado capitalismo central.Y de hecho se hizo "comunista", con Mao Tse-Tung, por esta razón. Curiosa ironía de la historia: resulta que ahora el país asiático, aunque se declame "comunista", estaría militando del lado del imperialismo.
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