El compromiso invariable
El día del periodista, a celebrarse mañana, nos invita a reflexionar acerca de virtudes y defectos de este oficio. Y lo hacemos públicamente porque el periodismo por su propia índole escapa del mundo íntimo. Gira dentro del universo cotidiano.Por Mario Alarcón Muñiz EspecialEs parte de él, como la educación, la política, la ciencia, el arte, el comercio, el deporte, en fin, varias actividades humanas. No debe sorprendernos entonces su decadencia ética, porque integra un todo social cuya pérdida de valores es notoria en las más variadas manifestaciones. Hay excepciones, claro está, así como se presentan distintas graduaciones del deterioro, pero señalarlas o medirlas no alcanza cuando se intenta amortiguar los efectos corrosivos del abandono de principios y conductas. Otros tiemposLos tiempos han cambiado. Decirlo carece de originalidad. Pero es cierto. El periodismo también es otro. El deslumbrante progreso tecnológico de las últimas décadas lo ha modificado. La televisión, los enlaces satelitales, internet y la torrentosa aparición de frecuencias moduladas y páginas web, entre otros portentos contemporáneos, marcan notorias diferencias con el periodismo que conocí en mis comienzos. He tenido la suerte de ser testigo, cuando no partícipe y a veces protagonista, de esa evolución. Puedo contarla. Y desde adentro destriparla, pues creo tener argumentos suficientes para demostrar que el avance tecnológico ha sido acompañado por un retroceso ético y cualitativo que desvaloriza la profesión.El proceso de concentración económica general, acelerado y acentuado en nuestro país en los últimos treinta y cuatro años, envolvió al periodismo. Se entiende que el progreso instrumental alcanzado por los medios de comunicación deriva de inversiones importantes destinadas a producir buenas rentas. Dicho de otra manera, sin tales inversiones no se habría logrado el avance tecnológico actual. Al capital le asiste el derecho de procurar beneficios que a su vez pueden originar nuevos progresos en la materia. Pero de ahí a encadenar los principios del periodismo a los intereses de los consorcios económicos o del poder político (a veces coinciden, otras no) en detrimento del interés colectivo, hay un gran abismo que se abre amenazando inicialmente la libertad de pensamiento. Y luego otras libertades. DesvalorizacionesDentro de ese contexto general también habitado -¡y en qué medida!- por los intereses políticos, no es extraña la aparición del mercenario como nueva especie dentro del periodismo. Su proliferación se ha registrado en todos los niveles y se lo advierte tanto en los grandes medios como en la más modesta frecuencia modulada. Los precios difieren, por supuesto, pero la intención es la misma: lucrar a la sombra del poder político que a su vez paga, sin tener en cuenta que todo lo que se compra se vende y mañana la taba puede caer cambiada. Ya ha ocurrido.El deterioro es también cualitativo. Se advierte en numerosos periodistas, así como en gente de la comunicación social, un generalizado menosprecio del idioma, base de nuestra cultura, además del tratamiento liviano y superficial, cuando no parcial, de temas importantes. La bienvenida multiplicación de medios se convierte de este modo en un elemento desculturizador y desinformador en gran escala, al que contribuye asimismo la frivolización de publicaciones y programaciones.No pretendo escribir Cambalache 2. Primero, porque no soy Discépolo. Segundo, porque no me resigno. Aliento en cambio la esperanza. Aguardo mejores tiempos. Quienes todavía creemos en el periodismo independiente e intentamos ejercerlo, solemos tropezar con múltiples dificultades y observar que el horizonte se nos está achicando. Sin embargo no ha desaparecido. Los medios independientes, desvinculados de los consorcios y los factores de poder, aunque parezcan cada vez menos y además cercados, existen. O subsisten. Así se presente condicionada y presionada por los intereses en juego, la misión del periodista sigue siendo la misma: buscar la verdad, defenderla, divulgarla, no mentir, sostener la libertad de pensamiento del periodista y de la gente. El compromiso no ha variado desde el origen de este oficio.
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