El conflicto y el arte de desactivarlo
Así como el conflicto es connatural al ser humano y a los grupos que integra, lo mismo la mediación, como gestión orientada a desactivarlo.Ya decía el filósofo griego Heráclito Éfeso, conocido como "el oscuro", que el devenir está animado por el conflicto. "La guerra de todos es padre, de todos es rey", decía.En su opinión la ley que rige al universo es la lucha de contrarios, una contienda que es un ajuste de fuerzas contrapuestas, como las que mantienen tensada la cuerda de un arco.Desde el punto de vista histórico, la génesis del conflicto es la de la vida en comunidad. Para que exista se necesitan dos seres, ya que se caracteriza por la dualidad entre adversarios.El hombre ha echado mano de la mediación como una alternativa válida para evitar una escalada de los conflictos, que en el caso de los grupos antagónicos acaban en guerras exterminadoras.El diccionario define la mediación como la "acción de quien interviene entre dos o más personas para ponerlas de acuerdo". Supone, por tanto, la constitución de un "tercero" que, a través de buenos oficios, busca acercar a las partes en desavenencia, las cuales no logran siquiera dialogar.Por tanto se está frente a un método que tiene raíces históricas y culturales antiquísimas. Y de hecho está muy vinculado a la diplomacia, entendida como arreglo pacífico de los conflictos.Rafael Calduch, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, define al conflicto "como una relación social por la que dos o más personas o colectividades aspiran a satisfacer intereses o demandas incompatibles (al menos en apariencias)... manteniendo actuaciones antagónicas o contrapuestas y recurriendo en último extremo a la violencia".En el mundo de la diplomacia, en tanto, se suele solicitar la intervención de "terceras partes" en el proceso de solución de los conflictos. Al respecto, se recuerda la gestión del Papa Juan Pablo II, que evitó un enfrentamiento entre Chile y Argentina por las islas del Canal de Beagle.La mediación, aquí, es un proceso específico en el cual un tercero, en este caso una personalidad neutral, intenta facilitar la discusión entre dos partes para ayudar a llegar a un acuerdo mutuo.Se percibe aquí la importancia de esta herramienta clave para dirimir las disensiones y enfrentamientos entre los individuos, grupos o sociedades que perciben sus diferencias como irreconciliables.En este sentido, como dice el filósofo español Javier Echeverría, "es preferible la forma de organización social que es capaz de conjugar e integrar las relaciones contradictorias sin recurrir al exterminio ni a la aniquilación física o moral de los individuos o grupos atípicos".En el mundo jurídico, en tanto, se está viviendo un auténtico auge de la mediación. En general, tiende a pensarse que constituye una de las principales soluciones a los "males estructurales" que afectan a este ámbito.Se puede afirmar que se está en presencia de una nueva profesión, ya que la mediación día a día se afianza más y su inserción como forma de resolver conflictos excede ampliamente los ámbitos de la comunidad jurídica, hasta abarcar contextos escolares y comunitarios.Por otro lado, si se revisa la cotidianeidad, se pueden encontrar un sin fin de ejemplos banales en los que los conflictos se resuelven a través de procedimientos mediadores.¿Qué cualidades debe tener un mediador? Se trata de alguien que necesita ser imparcial -no juzgar nunca a la gente- ser asertivo, empático, respetuoso, discreto, y sobre todo debe saber escuchar y tener habilidades de comunicación.
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