El consuelo de “lo que tenemos”
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Al evidente deterioro que en diversos aspectos afecta a nuestra democracia, se suma la incapacidad de muchos dirigentes de ponerse a tono con la época y actuar de manera inteligente exponiendo sus ideas y propuestas. Mario Alarcón Muñiz A veces pedimos demasiado. Las elecciones del domingo 25 se realizan en la Argentina. No en Suiza ni en Dinamarca. Por lo tanto, lo aconsejable para transitar el proceso electoral con el mejor ánimo, es pisar el terreno de la realidad, tratando de interpretar a los protagonistas a partir de su formación, sus antecedentes y sus opiniones, cuando las tienen. No es fácil. Y no significa aceptar calladamente personas y situaciones, sino plantear la cuestión dentro de un marco real. "Es lo que tenemos", sintetiza una frase común de estos días. Con esas piezas habrá que jugar.No obstante, cuesta entender dichos, acciones y giros que ponen en duda la seriedad, las convicciones y los propósitos de unos cuantos ocupantes del escenario político.Obsérvese lo que ocurrirá hoy. La organización independiente Argentina Debate ha programado para las 21 en la Facultad de Derecho de Buenos Aires, el primer debate presidencial de nuestra historia. El país lo necesita y con mayor razón cada ciudadano para emitir el voto consciente y lúcido que la validez de la democracia demanda. Pero el candidato oficialista no irá. El fascismo sepultadoDaniel Scioli no necesita debatir con nadie, según él mismo lo ha manifestado, en un acto de soberbia, cuando no de menosprecio por la gente o de ambas cosas a la vez. Quizá tema que lo embreten sin respuesta o verse obligado a responder con el riesgo de excederse, admitiendo la realidad y exponiéndose a la reprimenda de Olivos. Quien se ponga en el cuero de Scioli, reconocerá que su situación es la más complicada dentro de la grilla de candidatos presidenciales. Pero es esto: aspirante a presidir la Nación, no el club del barrio.De tal modo, la circunstancia lo obliga a hablar, jugarse, debatir y explicar por qué está convencido de que su propuesta es la mejor.Eso harán los demás. Del Caño, Macri, Massa, Rodríguez Saá y Stolbizer expondrán sus ideas y las debatirán con sus colegas. Cómo ven el país, qué pretenden hacer y de qué manera. El día del comicio cada ciudadano decidirá libremente, con el mayor conocimiento posible. Parece una idealización. Quizá lo sea. Pero las democracias modernas funcionan de ese modo inteligente. El intercambio de ideas es primordial. El fascismo suma 70 años de sepulcro y pese a ciertos intentos de resurrección los pueblos lo mantienen sepultado. Todavía nos faltaEs probable que hoy la Argentina inaugure la saludable y necesaria costumbre del debatede ideas de los candidatos. El primer intento a nivel presidencial se produjo en 1989, cuando el candidato Carlos Menem se negó a debatir con su adversario, Eduardo Angeloz.Más adelante hubo debates trascendentes, aunque de niveles menores. En 1984 el canciller Dante Caputo y el senador Vicente Saadi discutieron públicamente por el conflicto limítrofe con Chile a raíz del canal de Beagle. Los candidatos a gobernador de Buenos Aires, Antonio Cafiero y Juan Manuel Casella, lo hicieron antes de las elecciones de 1987. También se recuerda la confrontación entre Aníbal Ibarra y Domingo Cavallo en 2001, cuando disputaban el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Y no hay más.Parece mentira. Hasta produce vergüenza. Aquí cerca, en Brasil, Chile y Uruguay, los debates de candidatos presidenciales ya constituyen un hábito democrático. Desde que su partido lo elige, el candidato sabe que su primera obligación es debatir, exponer ideas, plantear propuestas cara a cara con sus contrincantes.En el resto del mundo ya es costumbre el debate, desde que en 1960 John Kennedy y Richard Nixon lo hicieron por primera vez aspirando a la conducción de los Estados Unidos.Nuestra política confía más en el puntero, la dádiva, el bolsón, el favor, el apriete, el boleteo, el acarreo. Así solemos entender la democracia. Todavía nos falta."Es lo que tenemos", se consuela el paisano apoyado en el mostrador. Y así nos va.
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