Opinion | coronavirus

El coronavirus mata y la economía en colapso, también

La falsa opción de salud vs economía cobra cada vez más cuerpo en lo alto del poder. A medida que avanza la cuarentena el aparato económico va dejando los pocos jirones que le quedan de antes de la crisis. Es una disyuntiva de hierro para el Presidente: cuidar la salud de los argentinos del coronavirus...y de la economía.

Jorge Barroetaveña

La alarma cundió el lunes en Casa Rosada. La preocupación está focalizada en los cordones más pobres del Gran Buenos Aires y algunas de las provincias más postergadas del norte. El parate económico que ha provocado la cuarentena ha dejado sin ingresos a millones de argentinos que viven del día a día. Que si no trabajan no llevan plata a la casa y por ende no tienen ni para comer. Es cierto que la red de la AUH, la asignación por embarazo y todos los demás plantes sirven de contención, pero no alcanza para compensar la pérdida. El estado enfrenta además un desfinanciamiento en puerta, provocado por la catarata de incumplimientos (léase pago de impuestos) de grandes sectores de clase media que, al no poder trabajar, tampoco tienen ingresos para afrontar las cargas impositivas, a esta altura, obscenas, de los estados municipales, provinciales y la Nación. Provoca una mueca escuchar los reclamos por el aumento de precios, si el dólar y los combustibles están planchados. Es cierto parcialmente. El detalle es que el socio que la economía tiene, el Estado, le metió un impuestazo del 50 % a todos los niveles, dejando con la boca abierta a la clase media, la misma que se quejaba, por lo mismo, con Macri.

El Presidente tiene pues dos frentes, consecuencia directa del coronavirus: los sectores más bajos de la sociedad y la ancha clase media. Los dos imposibilitados de trabajar y por ende de generar recursos genuinos. Si los segundos no pagan, tampoco habrá recursos para más planes o subsidios para destinar a los más necesitados.

Por eso, desde Olivos, que es donde está trabajando por precaución el Presidente, sopesan cada paso que se va a dar. Tener cerrados los bancos pone en aprietos a pequeñas, medianas y grandes empresas que no pueden acceder a sus fondos para pagar los sueldos de marzo la semana que viene. Una porción grande de la economía sigue manejando efectivo y paga sus sueldos en mano. ¿Qué va a pasar con esas empresas que no puedan acceder a sus fondos y con la gente que no cobre? Es una pregunta que todavía no tiene respuesta en Olivos aunque golpea los amplios portones del Ministerio de Economía.

Debajo de una pila de planillas e informes, el Ministro Ginés González García, corrida de escena por un par de furcios extraños en él, argumenta que sólo el aislamiento social podrá detener o al menos, ‘amesetar’ el avance del virus en la Argentina. Repite hasta el cansancio que el sistema de salud no está preparado para soportar una crisis como la italiana o la española y que hay que evitarla. Las imágenes que llegan del Viejo Mundo son tan potentes que nadie se atreve a rebatir sus argumentos.

Menuda decisión le aguarda al Presidente sobre la posibilidad o no de extender la cuarentena. Una cuarentena que, en muchos lugares del país es bastante laxa y ha provocado una ‘libanización’ de provincias y municipios. ¿Alguien se hubiera imaginado un toque de queda en ciudades de la Provincia de Buenos Aires? ¿O barricadas a la entrada para evitar la llegada de paseantes molestos?

En una medida desesperada el gobierno nacional anunció el cierre total de las fronteras y que tampoco repatriará a los argentinos que quedaron varados en distintos lugares del mundo. En rigor la situación del país parece relativamente controlada, en relación a nuestros vecinos, sobre todo Brasil, que parecieron subestimar el fenómeno.

La crisis de la pandemia de coronavirus es probable que también nos deje más cerca del default, con un mundo más complicado y revuelto todavía que el que había cuando asumió el peronismo. Una aldea global más cerrada desde lo económico y recelosa en lo político será la herencia de la pandemia. Cómo haremos para insertarnos ahí y defender nuestros intereses sólo Dios lo sabe. Unos pocos en el gobierno piensan en eso, en la vida de la Argentina cuando la crisis se haya disipado y los argentinos intenten volver a su cotidianeidad.

Pero cada razonamiento que pone los números arriba de la mesa es arrasado por esas imágenes dantescas y aterradoras que llegan desde cualquier lugar del mundo. La gente en Italia, como en cualquiera de los otros países, muere sola. Sin que ningún familiar pueda acompañarla. Sus cuerpos son cremados o enterrados por el ejército porque pueden seguir contagiando. Luce incomprensible que un bichito haya puesto de rodillas al mundo y le ha demostrado cuan equivocado estaba. Ese fantasma paraliza y nos demuestra la importancia de las políticas que verdaderamente cuentan en la vida de la gente. Ojalá aprendamos del error y no nos cueste tan caro.

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