El costo de no cuidar el medio ambiente
Detrás de las trágicas inundaciones en el centro del país, con su secuela de pérdida de vidas humanas y daños materiales, está presente la incontrolable destrucción de la vegetación nativa y la falta de protección de las cuencas hídricas.Muertos, evacuados, graves daños materiales, destrucción de casas y de infraestructura. Éstas son, sumariamente, las consecuencias de los temporales y lluvias que afectaron en el último tiempo a las provincias de Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero, San Luis y Catamarca.Las inusitadas lluvias son la principal causa de los desastres, un evento que se inscribe en el llamado cambio climático, fenómeno atribuible a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera.En las Sierras Chicas de Córdoba, un corredor turístico de unos 60 kilómetros de largo, las precipitaciones superaron en pocas horas los 300 milímetros, cuando en un año alcanzan habitualmente los 700 milímetros.Las tormentas también se abatieron en dos zonas del este de Córdoba, donde llovieron 400 milímetros en apenas 12 horas, casi la mitad de lo que suele llover en un año.Pero no todo es atribuible al cambio climático, un argumento global que suelen emplear los responsables del Estado para no hacerse cargo de los desastres naturales. En efecto, al aumento de las precipitaciones se suma la destrucción de los entornos.En Córdoba, Santa Fe y Santiago del Estero, donde las inundaciones han sido tremendas, se perdieron gran parte de los bosques nativos, que actúan como paraguas y esponjas naturales ante las intensas lluvias.Los académicos y organizaciones ambientalistas hace tiempo que vienen advirtiendo a los gobiernos acerca de la necesidad de minimizar el impacto del cambio climático en el territorio argentino.Ello supone una mayor planificación del territorio, en términos de preservación de humedales nativos y la conservación y el manejo de los bosques autóctonos, que cumplen una función clave para la protección de las cuencas.Las inundaciones en Argentina no sólo se explican por el cambio en el régimen de lluvias, sino que están fuertemente vinculadas a la deforestación y la extinción de especies autóctonas, que agravan el fenómeno natural.El deterioro de la vegetación, por el avance descontrolado de la frontera agropecuaria, al destruir los aspectos orográficos, asociados a la absorción natural del agua, agrava la bomba climática con la que se debe lidiar.Como ha explicado el biólogo Federico Kopta, titular del Foro Ambiental de Córdoba: "La vegetación cumple tres funciones básicas para la retención del agua. Por un lado, actúa como una especie de paraguas evitando que las gotas disgreguen el suelo; por otro lado actúa como una especie de red, sosteniendo el suelo y evitando su arrastre pendiente abajo; finalmente, también actúa como esponja, junto con el suelo, reteniendo el agua en la parte alta".Según datos de Greenpeace, Córdoba es una de las provincias donde la deforestación ha hecho estragos. Dice que allí apenas quedan en pie 500.000 hectáreas de bosques nativos (el 4% de las originales) y entre 1998 y fines de 2013 se desmontaron 292.790 hectáreas.A todo esto, la geóloga cordobesa Graciela Argüello, al explicar los factores que incidieron en la inundación en Córdoba, mencionó las pendientes topográficas, que favorecieron el escurrimiento del agua por sobre los otros destinos posibles, y las construcciones en zonas de alto riesgo, que "deberían dejarse libradas a la dinámica natural de la cuenca".
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