El cuerpo adolescente y las ilusiones estéticas
La demanda adolescente por tratamientos estéticos va en aumento, según los especialistas. Las niñas sobre todo no están conformes con sus cuerpos y compran la ilusión que promete la cirugía.La edad en la que ellas se someten al bisturí o una jeringa con botox ha bajado estrepitosamente durante los dos últimos años. Hoy, las chicas de entre 15 y 19 años representan el 15% de las pacientes que los cirujanos plásticos reciben en sus consultorios.Todo indica que detrás subyace un malestar con el propio físico. "Y no sólo están disconformes con su nariz o quieren un implante mamario (dos de las operaciones más clásicas) sino que ya recurren a técnicas como el botox y los rellenos con ácido hialurónico", según se lee en la nota del diario La Nación, que firma Soledad Vallejos.El cirujano plástico Marcelo Bernstein sostuvo a nivel facial "el embellecimiento de los labios para volverlos más sensuales es lo que más le importa a las chicas de esta edad".¿Sólo un capricho adolescente? No, lo que más llama la atención de los médicos es la exigencia de los propios padres para que sus hijas se acerquen al consultorio.A propósito, esto dice la doctora Mónica Milito: "ahora las chicas ya no sólo vienen acompañadas por las madres, que en el 99 por ciento de los casos son mujeres que ya se han hecho varios tratamiento o cirugías estéticas, sino que desde hace un año a esta parte creció la cantidad de padres que traen a sus hijas al consultorio e, incluso, las comparan con otras chicas de su edad del mismo entorno".Para el dermatólogo Sergio Escobar, "la gente tiene comprada una fantasía con los procedimientos estéticos y, en las chicas jóvenes, esa ilusión es mucho más fuerte".Según el especialista, que las chicas comiencen tan temprano con este tipo de tratamientos es a la larga contraproducente. "A los treinta y pico ya son mujeres sobretratadas, 'overtreated' como se le dice en la jerga, y cada vez hay más resentidas", advirtió.El pedido de una cirugía estética puede ser el canto de sirena que ayude a algunos adolescentes a creer que van a sentirse más seguros y alcanzar todos sus deseos.El problema es que muchas veces se olvida que estos chicos y chicas están atravesando un momento de delicado tránsito físico y emocional, propios de la edad.Es un proceso en el cual se está abandonando el cuerpo infantil y donde es lógico que el adolescente no esté conforme nunca con lo que ve ante el espejo.Las preocupaciones abarcan, por ejemplo, conflictos con respecto a la estatura. Los adolescentes de baja estatura, especialmente varones, tienden a sentirse desvalorizados e incompetentes a raíz de esta característica.A la inversa, los que son muy altos, especialmente las mujeres, se sienten desgarbadas y poco atractivas. La impresión de deformidad y la falta de congruencia con una imagen ideal pueden perdurar más allá de la adolescencia.En las niñas, la primera manifestación de la pubertad y de expresión de su feminidad es el crecimiento de los senos. Al igual que la estatura, su desarrollo puede estar fuera del promedio.En general, cualquier deficiencia o aspecto del cuerpo que se considera sin atractivo o que desafía el sentido de la identidad sexual provoca en el o la joven reacciones de ansiedad.En estas situaciones la cirugía estética aparece como un sucedáneo a la mano, en un contexto de presión social que alcanza a padres e hijos por un cuerpo esbelto y atractivo.Sin embargo, los resultados obtenidos por esta vía pueden no estar a la altura de lo que buscado. Y a la postre, agravar la insatisfacción.
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