El derroche en los servicios esenciales
El consumo de agua, luz y gas en casa debe ser moderado. Primero por una cuestión de responsabilidad cívica (nos cuesta vincular el tema con el medio ambiente), y otra por una razón elemental de bolsillo.¿Cómo es nuestra conducta con los servicios esenciales? Habría dos factores en juego: uno cultural y otro económico. En el primer caso, depende de cuán concientes somos respecto de que detrás hay recursos naturales (en su mayoría no renovables).En el segundo la clave es la tarifa: seres hedonistas, el límite a la gratificación del consumo está atado a la carestía del servicio. Es decir, el bolsillo regula el uso que se haga del mismo.En términos culturales, a los argentinos en general les interesa muy poco el cuidado del medio ambiente. Y esto se echa de ver en el derroche en el que incurren a la hora de consumir servicios esenciales.Eso quedó reflejado en una reciente investigación realizada por la Universidad Siglo 21, que abarcó Capital Federal y otras seis grandes ciudades del interior.Lo que más se derrocha es el agua. Según el estudio, el 47% siempre o casi siempre se toma más de 10 minutos para bañarse. Un 35% mantiene también mantiene abierta la canilla mientras cepilla sus dientes, en tanto que un 41% lo hace al lavar los platos.En cuanto a la energía eléctrica, los resultados muestran que entre dejar encendida las luces de la habitación, el televisor, la radio y la computadora, ésta última resulta ser la más frecuente (23%).Por otro lado, sólo el 25% de los consumidores de productos electrónicos se fija si los equipos comprados se ajustan a un patrón de consumo racional.Respecto al gas, el 60% de los encuestados tiene calefactor a gas y 2 de cada 10 admitieron que lo dejan encendido si se van de su casa por más de un día.El consumo de agua en Gualeguaychú es excesivo, según acaba de alertar la Obras y Servicios Públicos. Según sus cálculos, aquí se consumen alrededor de trescientos cincuenta litros de agua por habitante por día, cuando Obras Sanitarias de la Nación recomienda que no superen los doscientos cincuenta litros.¿Cuál sería, por caso, la mejor estrategia orientada a un efectivo plan de ahorro del líquido, que penalice por ejemplo su derroche?.Los hábitos despreocupados de uso de agua, electricidad y gas, acaso pudieran modificarse si su costo en el bolsillo reflejase el precio real que supone producirlos y en vistas de que se trata de recursos escasos, según creen algunos especialistas.La necesidad, como dice el refrán, tiene cara de hereje. Lo que la concientización no logra, respecto de moderar el consumo de bienes comunes y esenciales, lo haría la restricción asociada al aumento tarifario.La figura del consumidor-ciudadano (más consumidor que otra cosa) funciona como el perro de Pavlov: por estímulos externos. Si se le encarecen los servicios, regulará a la baja forzosamente su consumo.Mientras siga gastando menos dinero en energía eléctrica que en el celular, o en cualquier otro bien escasamente relevante, le importará poco dejar las luces encendidas (acaso porque crea que es como la luz solar que entra por la ventana).Los malos hábitos en el uso de servicios esenciales no sólo significan una pérdida económica importante -toda vez que todos tienen un costo considerable de producción- sino una dilapidación insensata de los recursos naturales de un país.Hay una responsabilidad del Estado y de los ciudadanos a la hora de cuidar esos recursos.
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