El desafío de crear puestos de trabajo
La economía del siglo XXI deberá encontrar la mejor fórmula para crear buenos empleos. Ese sería el camino sustentable para enfrentar la ola de malhumor global, que amenaza al propio sistema. El sociólogo Anthony Giddens, padre de la "Tercera Vía", ha dicho hace poco que el problema social de este tiempo es la falta de trabajo. La durísima coyuntura se ha instalado ya en el corazón del mundo desarrollado.Allí la desigualdad ha ido en aumento y los niveles de vida están cayendo, de forma que cada vez más trabajadores viven con un empleo precario, inseguro y lejos de los niveles de salario anteriores.Los jóvenes son los más afectados en Europa. En algunos países, el desempleo juvenil es superior al 50%. Están quienes piensan que si no hay un cambio radical en las condiciones de empleo, la juventud europea va camino a convertirse en una generación perdida.Más allá de las implicancias económicas de la creación de nuevos puestos de trabajo (aumenta la demanda, genera ingresos fiscales, y demás) lo más importante es el impacto social.En efecto, cada trabajo significa una oportunidad, una vida real, un lugar en la sociedad para alguien que hoy puede estar sin esperanza. Los politólogos europeos están advirtiendo que las nuevas generaciones, ante la falta de horizontes laborales, están perdiendo la fe en la política y en la democracia.Y en este contexto, advierten, el sistema político enfrenta el acecho de movimientos extremistas, que en el pasado llegaron a encumbrar regímenes totalitarios.La situación en América Latina no es mejor. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la generación de más y mejores puestos de trabajo para los jóvenes es un gran desafío para la región.En América Latina y el Caribe, refiere la entidad, el ingreso a la vida laboral está marcado por altas tasas de desocupación, informalidad y desaliento. La tasa de desempleo urbano triplica la de los adultos."Por otra parte, 6 de cada 10 jóvenes que si consiguen ocupación se ven obligados a aceptar empleos en la economía informal, lo que en general implica malas condiciones de trabajo, sin protección ni derechos, y con bajos salarios y baja productividad", se lee en el portal de la OIT.Además, "se estima que unos 20 millones de jóvenes en la región no estudian ni trabajan, debido en gran parte a la frustración y el desaliento por la falta de oportunidades en el mercado laboral".Hay consenso entre los especialistas respecto de que la introducción de la tecnología avanzada en la actividad productiva (automatización) está sustituyendo aceleradamente la mano de obra humana.Quien predijo esta tendencia en 1995 fue el sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin, autor de "El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: nacimiento de una nueva era", un libro que se constituyó en un best seller.Allí se plantea que el fin del trabajo es algo inevitable, en razón de la globalización y de las nuevas tecnologías. Esto trae aparejado un alto desempleo estructural que desafía la gobernabilidad de las sociedades.Rifkin cree que tarde o temprano habrá que tomar medidas más allá de la tradicional flexibilidad laboral, como la inexorable reducción de la jornada laboral como mecanismo para el reparto del trabajo.Además sugiere la potenciación de la economía social o tercer sector (distinto del Estado y del mercado que genere nuevos empleos y una nueva economía) además de poner en marcha la renta básica.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

