CUIDAR NUESTRA BIODIVERSIDAD
El desafío de pensar la conservación más allá del monte
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El Sistema de Áreas Naturales Protegidas inició un relevamiento sistemático en el acceso a la Reserva “Las Piedras” para prevenir los frecuentes accidentes con animales autóctonos. En simultáneo, comenzaron a trazar los planes de manejo para cada reserva municipal y profundizan las acciones ya puestas en marcha para la conservación de la fauna local.
El atropello de fauna silvestre en las rutas constituye una problemática siempre latente. Se trata de situaciones en las que además de lamentar -casi con certeza- la muerte de un animal también se pone en riesgo la vida de las personas que transitan los caminos con sus vehículos. Es así que, en el marco de las acciones de conservación realizadas desde el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de Gualeguaychú, comenzó a llevarse a cabo desde hace alrededor de dos meses un monitoreo de fauna autóctona y de evaluación del impacto del tránsito y de las actividades humanas en el camino de acceso a la Reserva Natural Municipal “Las Piedras” y en su entorno inmediato.
Para conocer sobre la iniciativa e indagar en los objetivos y proyectos de dicho sistema, Ahora ElDía conversó con Guillermo Treboux, su actual encargado y coordinador de Conservación y Planes de Manejo del municipio. “Utilizando la tecnología disponible, generamos proyectos en aplicaciones de código abierto para poder tomar datos de atropellamiento de fauna con información georreferenciada. De esa manera, vamos creando una base de datos, que luego procesamos para obtener información. Implementamos un registro sistemático: cada vez que recorremos la ruta -por ejemplo, la Ruta 20, que va desde la Reserva Las Piedras a la ciudad- y nos encontramos con un episodio de un animal muerto, frenamos, lo registramos y retiramos el animal del camino, para evitar que se acerquen los carroñeros y estos también sean atropellados”, explicó.
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Y detalló: “Se trata de generar información que nos permita tomar algunas decisiones informadas, por ejemplo, respecto a los mejores lugares para instalar la cartelería con la cual recomendar bajar la velocidad. A medida que aumenta la velocidad, aumenta la posibilidad del atropellamiento y con eso la posibilidad de un accidente, y muchas veces de siniestros graves”.
Treboux apuntó que además de medir y evaluar el impacto del tránsito y la acción humana sobre la fauna local se busca hacer un aporte a la seguridad vial. En ese sentido, remarcó la importancia de solicitar a las personas “que sean conscientes a la hora de manejar y que los horarios crepusculares, tanto al amanecer como al atardecer y durante la noche, se debe manejar con un poco más de precaución, ya que es el momento en que más se mueve la fauna”.
En ese período, se registraron 14 casos de fauna atropellada, siendo el gualacate (Euphractus sexcinctus) -también conocido como tatú poyú, tatú peludo o armadillo amarillo- la especie más afectada. En el 69% de los casos se trató de mamíferos, mientras que en el 23% de reptiles y en el 8% restante de aves atropelladas.
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Ubicada a unos 15 kilómetros de la ciudad, “Las Piedras”, protege además valiosos montes xerófilos del Parque Chaqueño, con bosques de chañares y quebrachos que albergan una notable diversidad biológica. En su territorio se han registrado más de 200 especies nativas, y sus senderos habilitados permiten recorrer el área y apreciar su riqueza natural.
Un abordaje integral para la conservación local
El Sistema de Áreas Naturales Protegidas de Gualeguaychú fue creado formalmente en 2024 a través de la Ordenanza Nº 12939. Se trata de una normativa que establece un marco legal unificado para la conservación de espacios naturales de alto valor ecológico, paisajístico, cultural y educativo, con el objetivo de preservar la biodiversidad y garantizar su uso responsable por parte de la comunidad.
El sistema integra distintas categorías de protección que permiten resguardar ambientes claves como humedales, montes nativos, cursos de agua y áreas ribereñas. La ordenanza define criterios de manejo y conservación, al tiempo que promueve la restauración de ecosistemas degradados y reconoce la importancia de estos espacios como herramientas para la educación ambiental, la investigación científica y el turismo sostenible.
Uno de los ejes centrales de la normativa es la gestión activa de las áreas protegidas, para lo cual se institucionalizó el rol del guardaparque municipal y se prevén acciones de monitoreo ambiental, control del impactos del ser humano y planificación del uso público. Asimismo, la ordenanza contempla la protección del patrimonio arqueológico y cultural presente en estos territorios, lo que refuerza una mirada integral del ambiente.
“La Ordenanza nos obliga a tener una gestión integrada”, explicó Treboux, e indicó que hoy por hoy nuestra ciudad tiene tres áreas protegidas municipales: la Reserva Natural Las Piedras, la Reserva Natural del Parque Florístico y el Paisaje Protegido del Parque Unzué. De esta manera, las áreas protegidas no son abordadas como “parches aislados”, sino de manera integral, un elemento fundamental para lograr la conectividad, pieza fundamental de la conservación.
“A través de la conectividad se genera una circulación biofísica, circula la materia y los seres vivos. Al tener esa circulación genética entre los distintos parches de conservación aportamos a la preservación, al intercambio de individuos y a su dispersión entre distintas poblaciones. Ese es el primer y principal objetivo de las áreas protegidas, más allá de conservar y preservar el patrimonio natural que se encuentre en tal o cual lugar, también es trabajar para la articulación de la conectividad, el intercambio biofísico entre los distintos espacios de la naturaleza”, explicó Treboux.
Y añadió que, por este mismo motivo, no sólo se piensa en las actuales áreas protegidas, sino también en las futuras: “Si seguimos sumando parches, lo que estamos generando es que existan cada vez más posibilidades de que los organismos, plantas o animales, se muevan o sean dispersados desde distintas áreas protegidas hacia otras. Eso es fundamental para la conservación de la naturaleza. Tenemos que empezar a mirar el territorio como un todo, en el que existe un mosaico de áreas protegidas y donde nuestro desafío es generar esa conectividad. El objetivo está puesto principalmente en eso: en no tener una visión parcializada, de mirar un área protegida hacia su límite formal, sino en ver cómo interactúa esa reserva con el entorno productivo o el entorno urbano”, señaló.
Para esto, afirmó que prevén ampliar en un futuro el listado de áreas protegidas del departamento Gualeguaychú, incorporando nuevos territorios. “Necesitamos imperiosamente seguir interesando en la conservación al Estado y a los privados. Una parte de las funciones que tenemos es la interacción con el sector privado y nuestro compromiso de brindar acompañamiento y asistencia -técnica, por ejemplo- para la creación de nuevas áreas protegidas”, precisó.
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Los ejes de trabajo para el 2026
Treboux indicó que en estos momentos se encuentran abocados en la elaboración de un plan de manejo para la Reserva “Las Piedras’, del cual esperan tener lista la etapa propositiva para finales del mes entrante o bien para marzo. “Un plan de manejo es un documento de gestión en el que se planifica a cinco años, indicando qué se va a hacer respecto a la conservación y qué actividades pueden o no llevarse adelante”, recordó, y explicó que el plan en el que trabajan “incluye distintos tipos de proyectos, como el manejo de la población de vizcachas o el manejo y ampliación de la población de ñandúes”. “También tenemos proyectos de control de especies exóticas leñosas a través de programas de restauración ecológica; y el proyecto de articulación y conectividad de “Las Piedras” con el entorno”, sumó.
Por último, Treboux adelantó que además de la elaboración de los planes de manejo otros objetivos principales para este año apuntan a continuar y profundizar la labor de las mesas de trabajo del tordo amarillo y de la acacia negra. De ambas participan distintos organismos, ONG’s y fundaciones que trabajan en forma articulada con el municipio. Estas contribuyen al conocimiento y al desarrollo de los distintos programas y proyectos de conservación.
La acacia negra, o tamarindo, es una especie exótica invasora que genera serias consecuencias ambientales y también impactos en la producción, afectando campos ganaderos y áreas agrícolas. El tordo amarillo, en cambio, es la especie emblemática de los pastizales que se encuentra en estado crítico de conservación, por lo que en dicha mesa se desarrolla un trabajo conjunto con organizaciones locales y nacionales, orientado al estudio y sostenimiento de sus poblaciones. Durante el año pasado, además, se avanzó en un proyecto que no sólo apunta a la protección del ave, sino también a generar información clave sobre sus movimientos y áreas de ocupación a lo largo del año.

