El desafío de lidiar con el exceso informativo
Desde que comenzó a escribirse la historia de la humanidad nunca ha habido tanta información. En la era digital, la cuestión pasa por saber en qué medida este cúmulo de datos es digerible.Los expertos coinciden en que la actual sociedad, tan orgullosa de las TICs (tecnologías de la información y de la comunicación), sufre una patología por exceso: la intoxicación informativa.Asociada a la cual aparece la ansiedad informativa, o infomanía, que se caracteriza por la búsqueda constante de estímulos informativos, que no se satisface sino con más datos.La explosión de las redes sociales, la fotografía y el video digital, el auge de la telefonía móvil, el e-mail y la navegación web, revelan la existencia de un entorno humano hiperexcitado.Paralelamente, crece la conciencia de los riesgos asociados a la superabundancia y disponibilidad de información. "Disfución narcotizante", le llamó Paul Lazarsfeld, uno de los pioneros de los estudios mediológicos, a uno de esos riesgos.Los medios, efectivamente, buscan llamar la atención y conmover al receptor, pero terminan logrando lo contrario: su aturdimiento y confusión, reflexionó Lazarsfeld.Se podría decir, sin temor a equivocación, que el mar de datos que genera la era digital podría estar provocando una nueva alienación cultural, consistente en una pérdida de la noción de la realidad por exceso de datos.La información disponible satura e inmoviliza. No hay tiempo para analizarla, cotejarla, digerirla. En un punto, los datos son tan numerosos y se suceden con un ritmo tan rápido, que acaban por anularse unos a otros.De hecho, algunos estudios dicen que lo que está escaseando es la "atención". A medida que se multiplican los contenidos en Internet, la capacidad de leerlos decae."El promedio de lectura de un texto en la Web no sobrepasa las 200 palabras", destaca un informe de la consultora Jacob Nielsen. La paradoja es que cuanto más hay para leer, menos se lee.Es el contrasentido, en realidad, de la sociedad de la información: de tan abundante, se logra el efecto contrario, la desinformación. La noción de la realidad baja en la misma medida en que abundan los medios para gestarla.Curiosa paradoja: el exceso de medios compromete el fin. En efecto, se ha dicho que en el pasado el hombre vivió en una cultura restringida. Los griegos durante siglos, vivieron de la Ilíada. Los árabes, del Corán. Y el hombre medieval, de la Biblia.Se ha razonado que la escasez de medios cognoscitivos conduce al estancamiento y la asfixia cultural. La aparición de la imprenta y la explosión posterior de los medios de comunicación, ensanchó el horizonte intelectual de las sociedades.La revolución comunicacional ha hecho que el hombre contemporáneo reciba una masa extraordinaria de informaciones y de datos, que no tienen parangón en la historia.Ahora bien, si antes el problema era el ayuno ligado a la restricción cognoscitiva, hoy nuestra patología tendría que ver con el exceso contrario: la sobrealimentación.Alguien ha dicho por ahí, con gran ingenio, que la cabeza repleta se parece mucho a la cabeza vacía. Consumir información en cantidades industriales, por tanto, no garantizaría mayor discernimiento de la vida y del mundo.Nietzsche decía que toda profunda cultura es obra de un rumiante. Para ejemplificar que sin una paciente meditación no hay asimilación. Y las leyes de la nutrición se rigen bajo la misma ley.Aquí la regla de oro consiste en subordinar la cantidad de los alimentos a la calidad de la digestión. La intoxicación informativa, siguiendo esta analogía, tendría mucho que ver con la glotonería digital.
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