El desafío no es llegar al invierno, sino que hay que pasar el verano
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El verano es más tórrido que nunca y la temperatura de la economía no cede. Tampoco ayuda la política ni la ausencia de la Presidenta que pasó de la exposición total al silencio absoluto. Con Kicillof no alcanza para manejar la economía. Hace falta mucho más que eso. El mensaje no está claro. Jorge Barroetaveña Algo hay que hacer debe haber pensado la Presidenta el viernes cuando vio que la cotización del dólar ilegal seguía tan alta como las nubes. Es que mientras el Banco Central sigue quemando reservas y el ANSES bonos en forma masiva, nada parece suficiente para detener la fiebre alcista. El temor no es por el precio del dólar libre sino por el impacto que podría tener en la economía si sigue su escalada. Axel Kicillof es un buen economista en la teoría pero está viendo que la práctica requiere de algo más que conocimientos teóricos. Su desprecio por lo que llama 'factores de poder' suena hoy más que como una bravuconada, una peligrosa falta de sentido común.El jueves, en una visita relámpago que hizo a la Clínica Otamendi, donde está internada la madre de la Presidenta, se esforzó por demostrarle a la jefa que todo está encaminado. Molesta, la mandataria le pidió que evitara el teléfono y fuera a verla personalmente. A esa hora la cotización de la divisa norteamericana volaba y los medios no paraban de escupir la noticia. Los dos saben que el Banco Central no puede seguir perdiendo reservas. No es una cuestión sentimental sino de política económica que el mercado no le puede fijar la agenda al Palacio de Hacienda, haciéndolo correr como un bombero que sólo se dedica a las emergencias.Voceros de Hacienda sostienen que Kicillof fijó con la Presidenta su viaje a Europa. La intención es abrochar de una vez por todas, el acuerdo con el Club de París, aquel que tanto resistió el paladar negro del kirchnerismo. Acordar con el Club de París es pactar con los bancos y, por extensión, con el Fondo Monetario Internacional. La necesidad tiene cara de hereje y todos los saben: la Argentina necesita dólares para seguir bancando sus importaciones, pagar la deuda y las reservas del Banco Central no son de chicle. De algún lado la plata tiene que salir y eso se traducirá en endeudamiento. Cómo y cuánto será el gran interrogante que aún falta develar pero el Ministro de Economía viajará a Francia con otras urgencias. Hay que finiquitar el acuerdo y destrabar definitivamente el acceso a los mercados internacionales para conseguir préstamos a tasas ventajosas, como los consiguen muchos otros países del mundo.Claro que la estrategia de mirar para afuera y al mismo tiempo, dar la batalla adentro puede tener sus costos. O ya los tiene con una inflación difícil de controlar que tampoco encuentra su techo y coincide con un momento político delicado para el gobierno. Un viejo axioma en política dice que lo que no se hace los dos primeros años de gobierno difícilmente se puede hacer en los últimos dos. No siempre es así, aunque en el caso que nos convoca hay un detalle: estamos ante un segundo mandato de Cristina o el tercero si incluimos el de Néstor Kirchner.Pero el desafío que debía enfrentar el kirchnerismo se supo la noche de las PASO: los problemas que no había querido resolver con pérdida de capital político, algo natural para un gobierno que sabe está jugando el tiempo de descuento. La mano del cirujano pues no podría darse el lujo de temblar porque el precipicio siempre estaría cerca. Y es lo que está pasando. Nadie podrá decir que la Presidenta no intentó dar un golpe de timón, aunque no es menos cierto que sus problemas de salud terminaron impactando en la gestión. Sin ella a la hora de resolver, el gobierno quedó pedaleando en el aire y nadie mostró uñas para asumir el compromiso. Cuando Capitanich asomó enseguida le cortaron las alas y le recordaron sus orígenes. Hoy, el Jefe de Gabinete languidece en sus conferencias de prensa quedando expuesto al cachetazo. Lo peor, es que más de uno de los integrantes del gobierno lo festeja.Las urgencias deberían ser otras porque la economía no espera. Los acuerdos de precios, sólo 'emprolijados' por la ida de Moreno, no alcanzan para parar la fiebre de los precios. Tampoco las embestidas de los sindicatos que tienen que aguantar la presión de las bases que reclaman una recomposición real del salario, algo difícil de conseguir en el escenario actual.En el medio se dirime el liderazgo de la sucesión pero el peronismo no garantiza ya que no habrá turbulencias. Si bien hasta ahora nadie hace olas y para el 2015 falta mucho, es poco lo que queda para el armado de las estructuras y la política de alianzas que deberán tejer los candidatos. Ese tiempo llegará con cimbronazos, chicanas y fuegos artificiales, algo que a la política económica no le sienta bien.Si alguna vez Alsogaray inmortalizó la frase aquella de 'hay que pasar el invierno', en la Rosada deben estar pensando lo mismo pero sobre el verano. Esta semana igual, hubo rapidez de reflejos: bastó un llamado del gobernador De la Sota para enviar 1.000 gendarmes a Córdoba. El irresuelto conflicto con las policías del interior amaga con tener en vilo a la opinión pública. Las provincias no tienen plata para pagar, rascan el fondo de la lata y no se animan a pedirle plata a la Nación. Pero la Nación tiene sus propios problemas, tan o más graves que los de las provincias. El tema es que no tiene a quién echarle la culpa. Ni siquiera al FMI o al Club de París, antes enemigos hoy aliados. ¿Cómo cambia todo no?
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